Andenes sin sueños ni mercancías: 50 años del último viaje del 'Tren Burra' en León

50 años del último viaje del 'Tren Burra' en León/
50 años del último viaje del 'Tren Burra' en León

Era un 11 de julio de 1969 cuando este famoso ferrocarril dejaba rodar, atrás dejaba miles de historias y anécdotas entre aquel trayecto que unía Medina de Rioseco con Palanquinos

S. fernández
S. FERNÁNDEZLeón

Era un 11 de julio de hace 50 años cuando el famoso 'tren Burra' dejaba rodar. Miles de historias que se desvanecían, en el recuerdo de los más longevos todavía queda el trayecto que unía Medina de Rioseco con Palanquinos. «Este tren dio vida, servía para el transporte de mercancías y de viajeros», comenta Julián Gonález, escritor del libro 'El tren burra y buenseñor' e hijo de uno de los maquinistas que conducía este emblemático medio de transporte.

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Este tren partía por primera vez de la estación de Medina de Rioseco un 30 de abril de 1915. Un día que quedará para la historia, por primera vez los vecinos de las comarcas de la Vega del Esla y Tierra de Campos veían una locomotora por estos parajes. El ambiente de júbilo se palpaba en el ambiente, de hecho Valencia de Don Juan declaró día festivo, recibiendo tal 'modernidad' con calles engalanadas y bacalao con arroz para los pobres. Valderas todavía recuerda ese día conservando una calle que hace honor al '30 de abril'.

El 'tren Burra' y Julian González

Julián González, conocido en la época del tren burra como 'Julianín, el hijo del maquinista' conoce de primera mano la historia y entrañas de este ferrocarril. De esa experiencia y sabiduría nace el libro 'El tren Burra y Buenseñor',

Eneste relato el lector se sumerge en la década de los cuarenta, «años de penurias y hambruna» gracias a este pequeño tren renqueante, envuelto en humo y cargado de vida e ilusiones, que transitaba por estas tierras. Por las crueles secuelas de la guerra, son años de extrema pobreza para muchos. Portador de ella, sin memoria, es el noble vagabundo Buenseñor». 'Julianín' va relatando sus «inolvidables viajes en aquel trenín». El tío Nimo, el calé Muco, los chalanes, cada uno con su especial habla, van desfilando por el libro.

Viajes inolvidables, felices encuentros y tristes despedidas que tuvieron lugar en sus andenes, relatados por el cronista oficial del tren Burra.

Lo de 'Burra' era un apodo debido a la escasa velocidad con la que circulaba, este tren no pasaba de los 40 kilómetros por hora, contando que el tramo fuese bueno, «cuando cogía esa velocidad parecía que se iba desguazar», comenta entre risas González, quien añade como anécdota que «algunos viajeros se bajaban en marcha para coger un racimo de uvas o incluso para hacer sus necesidades mayores». Otras teorías de menos peso señalan que mató algunas burras que se entrometieron en su paso.

Su nombre real era 'Ferrocarril Secundarios de Castilla', cuya construcción se hizo con fines militares para facilitar el traslado de tropas y armamento. Esta misión nunca llego a utilizarse, siendo utilizado para el transporte de mercancías y personas.

Eran los años del estraperlo, por lo que la picaresca y el ingenio se subían a este tren para transportar desde legumbres hasta carne. «Había todo tipo de contrabando, los sueldos eran muy escasos y sobrevivíamos gracias al estraperlo», recuerda 'Julianín' como era conocido este escritor por aquel entonces.

El cese de este servicio significaba una realidad que se ha visto agravaba en estos 50 años, la despoblación de las zonas rurales. Los años 70 eran tiempo de huida de los pueblos hacia grandes núcleos industriales, a las ciudades a servir a los señoritos o incluso partir más allá de los Pirineos en busca de trabajo.

La llegada del automóvil a las clases populares fue otra de las causas del declive de este servicio. «Los transportes por carreta es la principal causa de la decacencia de este tren, unido al declive del transporte de mercancías propició que el último trabajo de este tren fuese el de extra en varias películas del oeste»

La vida después del cierre

Quedó entonces la vía sin uso ni función . Ya en los años 90 el ayuntamiento de Valencia de Don Juan compró los terrenos para crear la Vía Verde que lleva a Castrofuerte, la siguiente estación, y fue entonces cuando se creó la Vía Verde Valencia-Castro de 11 kilómetros de longitud, muy utilizada por caminantes y ciclistas.

Las estaciones también han cobrado una nueva vida, un ejemplo es la situada en Fresno de la Vega que se le ha dado un nuevo uso como sede del consejo regulador de la IGP Pimiento Fresno-Benavente, lo cual garantiza su futuro. Otras han corrido menos suerte, alguna de ellas abandonadas y otras en venta como la estación de Gigosos de los Oteros con un terreno de 8.690 metros cuadrados y un precio de licitación de 54.100 euros puesto por Adif.

Medio siglo ha pasado ya desde que el tren burra dejase de funcionar dejando viajes inolvidables, felices encuentros y tristes despedidas entre sus andenes

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