Enseñar desde dentro de la pista

Enseñar desde dentro de la pista

Jorge Baeza llegó a arbitrar en Liga EBA y ahora disfruta enseñando baloncesto a los más pequeños

Ruth Rodero
RUTH RODEROValladolid

Jorge Baeza cogió el silbato hace 22 años por primera vez. Estaba terminando el instituto y decidió darle un cambio a la manera de vivir el baloncesto que había conocido hasta entonces. Fue entonces cuando abandonó definitivamente el balón para dedicarse al arbitraje.

«Jugaba en el equipo júnior del instituto y un amigo me contó que su hermano era árbitro de baloncesto y que iba a salir el curso de formación. Te daba también algo de independencia económica porque te aportaba una pequeña recompensa, seguía haciendo un deporte que me gustaba aunque de otra manera y, encima, me daban la oportunidad de pasármelo bien» explica Jorge. Así que no se lo pensó mucho más, y ahí que fue, directo al curso que le abrió la puerta de un mundo nuevo.

«En las categorías pequeñas se trata de que los chavales hagan deporte y se lo pasen bien»

«Así va pasando el tiempo, creas un grupo, subes de categoría y pitas partidos más serios e importantes», cuenta Jorge que llegó a pitar en «categoría EBA». «Después te vas haciendo mayor, te asientas en el trabajo, no tienes tanto tiempo para dedicarte al arbitraje y a viajar y poco a poco lo fui dejando para quedarme en categorías provinciales, partidos sénior y los partidos escolares de los sábados por la mañana para enseñar a los niños y disfrutar un poco con ellos que al final son los más inocentes y los que menos guerra dan», admite el colegiado.

«Es mucho más complicado pitar benjamines que un partido de Liga EBA»

No se arrepiente de haber 'descendido' de categoría para poder seguir pitando en lugar de priorizar las categorías más altas. De esta forma, además de poder mantener su trabajo sigue «disfrutando de un deporte que me gusta». Las diferencias entre los Juegos Escolares y una categoría como la Liga EBA son claras y manifiestas hasta para los más novatos en este deporte, Jorge Baeza lo tiene claro: «comparado es mucho más complicado pitar a un benjamín que un partido de liga EBA. En benjamín tienes a diez niños pequeños corriendo detrás de un balón, muchas veces no saben botar y la diferencia es grande, lo otro es baloncesto y solo tienes que pitar las cosas que hay y no hay más complicación. Pero en benjamín les tienes que explicar que deben botar antes, a veces dan primero un par de pasos y luego botan y tienes que ir enseñándoles».

«La vez que más me han aplaudido en un campo fue porque pasé una mopa a la pista»

En estos 22 años tiene para recordar muchas anécdotas, pero la que más recuerda es la que le pasó en un campeonato de España. «Había un niño limpiando el suelo con la mopa porque un jugador había dejado sudor, pero pasaba la mopa y solo lo extendía, así que le pedí que me dejase enseñarle y hacerlo yo. Me aplaudió todo el pabellón, la vez que más me han aplaudido en un campo fue porque pasé una mopa a la pista», ríe al recordar.

Los cambios en el reglamento hacen que su adaptación a los más pequeños a veces sea complicado, pero los árbitros viven en un continuo reciclaje: «este año ha sido muy complicado en algunas categorías con el cambio del reloj de 24 a 14 segundos, antes los escolares eran de cuatro periodos, ahora son de seis, si cuando se lesiona un jugador le cuenta como un periodo jugado, es complicado y tenemos que leer mucho el reglamento y reunirnos mucho», afirma Jorge.

Además, este año los árbitros de baloncesto se han encontrado con la desventaja de tener que ejercer de árbitro de y anotador en algunas ocasiones porque no hay suficientes anotadores en Valladolid. «Los cursos de captación de árbitros nuevos se ha hecho a nivel regional de manera online y en Valladolid no se ha llegado a conseguir el número necesario. Hacer de árbitro y de anotador es complicado, sobre todo con alevines y benjamines que en lo que anotas ya han cogido el balón y han salido corriendo al otro lado de la pista», explica. Por suerte, «la experiencia es un grado» y con ella se pueden sacar adelante los encuentros. Además, cuentan con el apoyo de los entrenadores: «la mayoría de ellos colaboran y ayudan bastante. A veces se ofrecen para anotar las canastas, también algún padre. En estas categorías se trata de que los chavales hagan deporte y se lo pasen bien», sentencia.

Tiene claro que igual que ellos aprenden cuando inician su labor arbitral, cuando se enfrentan a un partido de categorías 'pequeñas' su labor debe ser complementaria a la de los entrenadores: «ellos les enseñan y nosotros desde el campo también les intentamos explicar las reglas del baloncesto».

Cada partido en estas categorías es diferente y eso supone además tener que adaptar el reglamento a los diferentes niveles de estos equipos, para poder permitir que todos jueguen. «Cuando los ves calentar ya sabes qué nivel tiene cada equipo, los años de experiencia arbitrando te ayudan, a algunos los ves que no saben botar ni entrar a canasta, así que intentas equiparar y tratar de ser equitativo. Ni dejar que los de más nivel cometan pasos, dobles, etc., ni pitar todo a los que apenas están empezando y no saben jugar. Lo difícil es poner la igualdad de pitar lo mismo en los dos campos, a los dos equipos cuando tiene diferente nivel», señala Jorge con la experiencia como aliada.