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Ocho tintos con personalidad e historia propia

Legaris apuesta por diversificar y elabora vinos de distintos pueblos y parajes

Viñedo en San Martín de Rubiales (Burgos), de la Bodega Legaris. /Agapito Ojosnegros Lázaro
Viñedo en San Martín de Rubiales (Burgos), de la Bodega Legaris. / Agapito Ojosnegros Lázaro
Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZARO

En el centro de la brújula en la que hacia el norte apunta el renacido castillo de Curiel de Duero y al sur el castillo de Peñafiel, el equilibrio de las modernas líneas de la arquitectura de la Bodega Legaris se integran en un paisaje de ribera y de Ribera. De ribera porque el Duero fluye junto al viñedo que rodea la bodega, y de Ribera porque la elaboradora forma parte de esta Denominación de Origen desde hace 20 años, cuando nació este proyecto del Grupo Raventós Codorníu en el término municipal de Curiel de Duero, localidad vallisoletana de la comarca de Peñafiel.

En la actualidad son ocho las referencias que Legaris elabora en Ribera del Duero, ocho tintos con personalidad propia muy marcada, y que concentran la tipicidad y diversidad de un territorio como es el ribereño que se extiende por cuatro provincias: Soria, Burgos, Segovia y Valladolid. Cuatro territorios con condiciones climáticas diferenciadas y en los que también los suelos, las altitudes –que oscilan de los 750 a los 911 metros– y las edades del viñedo son distintas, pero una sola uva reina: la tempranillo. En esa pluralidad de la zona vitivinícola, con cinceles como son la geografía, el clima, la altura, los suelos y la uva tempranillo, centra sus esfuerzos Legaris por encorchar ese patrimonio que posee la DO ribereña.

Empezó haciéndolo con sus dos clásicos, un tinto crianza y un reserva, a los que suma un joven roble. Su último proyecto son los Vinos de Pueblo de pequeñas producciones, que se contraetiquetan como vinos de cosecha, ya que, como explica el responsable de Enología y Producción, Jorge Bombín, «queremos hablar de su origen, hacer hincapié en ello, porque es de lo que habla y de lo que quiere saber el consumidor, más que de los detalles técnicos». Se trata también «de poner distintos pueblos de Ribera en el mapa». Por ello, estos perfiles de vinos se dirigen a hostelería y a tiendas especializadas.

Legaris realiza microvinificaciones en distintos depósitos ovoides y cuadrados de cemento.
Legaris realiza microvinificaciones en distintos depósitos ovoides y cuadrados de cemento. / Agapito Ojosnegros Lázaro

Microvinificaciones

Vinos de Pueblo consta de tres microvinificaciones cien por cien tempranillo que han fructificado en las marcas Legaris Olmedillo de Roa, Moradillo de Roa y Alcubilla de Avellaneda, por provenir las uvas de esas tres localidades. En octubre saldrá la segunda cosecha de estos vinos, la de 2016, después de que en 2018 se comercializara la añada de 2015. Bombín explica que «pretendemos mostrar que una zona tan amplia y heterogénea como es Ribera del Duero es rica y amplia, y cómo con una variedad como es la tinto fino podemos tener perfiles de vino tan diferentes».

«En un principio hemos seleccionado tres pueblos: Alcubilla de Avellaneda, en Soria, y dos en Burgos, que son Olmedillo de Roa –en la zona de Roa de Duero y la Horra– y Moradillo de Roa, pegado a la provincia de Segovia», señala Bombín, quien añade que de momento «Vinos de Pueblo los llamamos así internamente, porque a nivel de DO se está desarrollando el reglamento» para poder contraetiquetar los vinos de estas características, vinos de pequeñas parcelas, de ubicaciones muy específicas o de autor.

Este proyecto es dinámico, vivo, de tal forma que, manteniendo el número de pueblos por añada –tres–, la idea es que uno de ellos pueda variar puntualmente, como podría suceder este año en el que La Aguilera –municipio burgalés– podría sustituir a Olmedillo. Y así en sucesivas ocasiones con otros municipios, pero siempre con esa idea de embotellar la riqueza y la diversidad de la Ribera a través de su uva icónica.

Se hila tan fino que apenas son tres las hectáreas de viñedo de las que surgen las 1.800 botellas de Olmedillo, y las 2.200 de Moradillo y también de Alcubilla. Ediciones limitadas y numeradas. Pequeñas vinificaciones que se realizan en un espacio específico de la bodega y que forman parte del I+D de Legaris, ya que los resultados de estas elaboraciones son tenidos en cuenta para aplicarlos al resto de la gama de tintos.

Uno a uno, descorchando Olmedillo de Roa en primer lugar, las peculiaridades de esta localidad es su viñedo viejo de 60 años, suelos arenosos, altitud de 820 metros, vendimias tempranas y producciones pequeñas. El vino es el reflejo del corazón de la Ribera, con fruta madura, estructura, potencia, capacidad de guarda, tanino presente.

Haciendo lo propio con Moradillo de Roa, retiramos el tapón de una localidad situada a 973 metros de altitud, viñedos de 20 años con suelos de canto rodado que acumulan el calor durante el día para transmitírselo a la planta durante la noche. El vino conserva «un punto mineral del suelo, fruta intensa y frescura en boca; también es un vino tánico», resultado de «una vendimia un poco al límite, un vino indómito por la altitud», destaca Bombín.

«Soria es la gran desconocida, con solo el 5% de viñedo de Ribera, por lo que no es el vino que estamos acostumbrados a catar de la DO, con una maduración tardía que lo hace más sutil, fino, delicado, floral… Alcubilla de Avellaneda no es un Ribera al uso, es muy diferente, y el hecho de que su vendimia sea tardía le otorga también frescura». Frescura que una vez en bodega se viste con elegancia, fruta golosa, con un paso en boca delicado y elegante. Las veinteañeras cepas de tinta fina de las que surge se asientan sobre suelos de arcilla roja a 926 metros de altitud.

En las fermentaciones se emplea levadura autóctona y en el envejecimiento se ha ido restando protagonismo a la barrica, reduciendo el tiempo en ella de los 20 a los 14 o 16 meses, incluso, empleando menos madera nueva y recipientes del doble de capacidad, de 500 litros. «Hemos buscado mantener la singularidad del viñedo reduciendo en tres formas el uso de barrica. Con lo que el compañero de viaje de la madera se va a notar menos en futuras ediciones», anota Jorge Bombín.

Diversificación

«Hemos crecido no solo en volumen, sino también en diversificación y complejidad», explica Bombín. «Tenemos ocho tintos porque tenemos ocho historias distintas que contar», añade. El proyecto incluye al joven roble, con solo tres meses de barrica «para conseguir la redondez en boca». El reserva y el crianza siguen las pautas del Consejo Regulador, mientras que Páramos y Calmo se contraetiquetan como cosecha pues su envejecimiento responde a otras especificidades. Las uvas de Páramos provienen de tres de ellos, ubicados en Peñafiel, Moradillo de Roa y Pesquera de Duero, sometiéndose a un envejecimiento de nueve meses en roble francés y americano. Respecto a Legaris Calmo, destacar que sus producciones son muy limitadas, de 1.700 botellas, y no se embotellan todas las añadas. Sus uvas proceden de cepas centenarias, de la zona burgalesa de Tubilla del Lago.

Legaris cuenta ocho historias en Ribera del Duero y una más en Rueda, donde elabora un verdejo, expresión líquida de esta zona vitivinícola de vinos blancos de referencia.