Las bodegas de Ribera del Duero podrán elaborar vinos blancos de albillo mayor

Un viticultor de Peñafiel se dispone a recolectar las uvas albillo, en la pasada vendimia./A. O.
Un viticultor de Peñafiel se dispone a recolectar las uvas albillo, en la pasada vendimia. / A. O.

El Consejo Regulador está pendiente de que se apruebe una nueva normativa europea

Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZAROPEÑAFIEL

Las bodegas de la Denominación de Origen Ribera del Duero podrán elaborar blancos monovarietales de albillo, eso sí, una vez que se apruebe el nuevo reglamento que, a todas luces, va a tener que esperar. «Tenemos que aplicar una nueva normativa que viene de Europa, por lo que de momento no podemos hacer nada», explica el presidente del Consejo Regulador de la Ribera del Duero, Enrique Pascual, respecto a la actualización del reglamento de la DO sobre la que están trabajando en el último año para realizar algunos cambios después de 28 años. Adelanta que «no va a haber grandes novedades, alguna sí, como lo de los vinos blancos (albillo) que habrá que incluir».

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No obstante, habrá que esperar a aplicar la nueva norma europea del sector y entonces «será cuando podamos incorporar todo lo que consideremos oportuno. Estamos trabajando intensamente, pero no queremos mandar el pliego aprobado» antes de revisar y aplicar la nueva normativa porque quizá luego tendrían que rehacerlo. «Sería ridículo mandar un borrador que luego habría que cambiar». Así que de momento «no puedo adelantar nada. Cuando se termine podremos hablar con más datos».

Lo último que se conoció de la reforma del reglamento, explicado por Pascual hace ya casi un año, es que, a pesar «de alguna discrepancia en algo», el acuerdo era mayoritario para su aprobación. En octubre los cambios de los que habló el presidente hacían referencia a la posible ampliación de variedades de uva, pero solo a aquellas que históricamente estuviesen vinculadas a este territorio, lo que requeriría un estudio profundo para conocer esas castas, algunas desaparecidas y otras con exigua presencia. «Al final es poner en valor nuestro patrimonio para que no se pierda», señaló.

405 hectáreas

La variedad albillo parece que va a tener un protagonismo especial, porque, incorporada como está entre las uvas de la DO, se contempla contraetiquetar como Ribera del Duero el primer vino blanco de la denominación elaborado con esta casta. Ahora esta uva, de la que se contabilizan 405 hectáreas en la DO, se emplea mayoritariamente para añadirla en un porcentaje del 5% a los tintos, o para elaborar rosados. En la actualidad se están elaborando blancos albillo pero sin el marchamo Ribera. Estos vinos salen al mercado en la mayoría de los casos con la contraetiqueta de la Indicación Geográfica Protegida Vino de la Tierra de Castilla y León.

Otra de las novedades sería etiquetar vinos de pago, de autor, etcétera, que en el actual reglamento no tienen cabida al no ajustarse a los estándares de vino joven, roble, crianza, reserva y gran reserva, una calificación a la que muchas bodegas ya no quieren ajustarse. Sin duda una de las cuestiones de peso es la zonificación de la Ribera, puesto que la Denominación de Origen es muy amplia con claras diferencias dentro de la misma comarca por la incidencia de distintos factores. En octubre de 2017 la postura era no zonificar, y, diez meses después lo mismo, «la zonificación no está a la vista que se pueda hacer», reafirma ahora Enrique Pascual.

«La nuestra es la albillo mayor», especifica Agustín Alonso, director técnico de la DO ribereña, quien explica que la Ribera del Duero es la «única zona del mundo que, prácticamente, fermenta esta variedad con lo cual le da un carácter diferencial». En cuanto a los vinos, estos «son frescos, fáciles de beber, afrutados y agradables. No muy potentes, con elaboraciones diferentes: desde fermentados en barrica o con cierto paso por ella, a albillos puros o criados sobre lías». Desde su punto de vista, su paso por barrica les aporta complejidad tanto en boca como en nariz. De esta forma «nos estamos encontrando diferentes expresiones de la misma variedad».

«Su exclusividad es innegable y además hay muy poca cantidad, por lo que es un producto único. El mercado los está demandando a buen precio, contribuyendo a su buena prensa el hecho de que reconocidos prescriptores los están otorgando unas puntuaciones muy altas».

Las vides de albillo en Ribera se distribuyen principalmente entre el viñedo tinto, herencia de un cultivo antiguo cuando se mezclaban variedades. Esto no ha hecho fácil su cuantificación, pero esta se ha ido afinando en el histórico estadístico de la DO. Según este, en 1997 las hectáreas contabilizadas ascendían a 76, y en 2017 se contabilizan 405. La producción también baila en cifras, con 3,1 millones de kilos en 1997 descendiendo hasta 1,6 millones de kilos en 2016, cosecha récord en Ribera del Duero.

Si se consolida la varietal, al existir todavía de cepas viejas, la diversidad genética que se puede obtener a través de una buena selección de un clon «puede resultar interesante». «Ahí puede haber un buen filón para empezar a tirar del albillo mayor», sentencia Alonso.

Algunos vinos de albillo

El albillo que elabora Bodegas Valduero (Gumiel del Mercado, Burgos) lleva los apellidos familiares, García Viadero, y se trata de un blanco criado sobre lías, muy frutal, con aromas muy florales, de flores de hueso y con una acidez muy larga y muy marcada. «La untuosidad que tiene la boca la logramos gracias a esa crianza sobre lías. Es el albillo de referencia en España, de hecho, fue el primero que se hizo en la zona», explica Yolanda García Viadero, propietaria y directora de la bodega.

La producción media de sus 12 hectáreas plantadas en la finca Valdesantos y La Yunquera ronda los 50.000 kilos por vendimia sacando al mercado entre 40.000 y 50.000 botellas al año. Contemplan la posibilidad de plantar alguna cepa más de esta variedad. «En Valduero nos gusta asumir retos y en la Ribera del Duero lo difícil no es hacer un tinto sino hacer un blanco», señala.

Familia Matarredonda es el albillo que elabora, en Peñaranda de Duero, la Cooperativa Santa Ana, que preside Manuel Andrés Delgado, un blanco de nariz elegante, delicado y muy limpio con una intensidad aromática muy potente, con cítricos y notas de fruta verde; en boca es carnoso y amplio, equilibrado y con larga persistencia. «¡Divertido!», sintetizan. Su elaboración, de la que se sienten «muy orgullosos», responde a la centenaria cultura vitivinícola del municipio burgalés donde «no se concebía una familia sin viñedos. Era una forma de vida y cada uno elaboraba su vino en su propia bodega, que solía estar debajo de su casa, siendo el vino el aliciente para sobrellevar el duro trabajo en el campo. Antes se elaboraba el famoso clarete con la mezcla de blancas y tintas, más refrescante y menos alcohólico. Debido a esto, en Peñaranda existen muchas cepas de uva albillo, recolectamos alrededor de 300.000 kilos de una uva de calidad exquisita», unas 200.000 botellas.

El blanco de la bodega familiar Dehesa de los Canónigos surge del «deseo personal de Iván Sanz y su hermana Belén como un proyecto de futuro», dedicando una pequeña parte de su viñedo albillo, de 80 años. Esas uvas evocan no solo la infancia de ambos, sino «tanta tradición en la Ribera para elaborar una albillo que represente en estado puro esta variedad», su autenticidad y singularidad. Con levaduras autóctonas, su albillo fermenta al 50% en barrica francesa de un año y en depósito a una temperatura máxima de 14 grados, tras una maceración a diez grados. De ese proceso, que culmina con seis meses de crianza en madera francesa, surge un vino «con gran cuerpo en boca y con una nariz muy intensa, auténtica y fresca, que simboliza el estado puro de nuestra variedad albillo», con una producción limitada de 959 botellas. Para mantener y mejorar este proyecto «estamos haciendo una selección genética de nuestro albillo, que se injertará sobre patrón americano para aumentar nuestra producción en 3.000 plantas», explican desde la bodega de Pesquera de Duero (Valladolid).

Félix Callejo tiene su propio blanco 100% albillo, El Lebrero, fermentado en barrica de roble francés y envejecido 11 meses con sus lías, con una producción de 8.000 botellas. La elaboración del albillo de esta familia de larga tradición vitivinícola, es una alternativa a su oferta de vinos «y enriquece el conjunto en sí». «Es un vino blanco gastronómico», señalan desde la elaboradora de Sotillo de la Ribera (Burgos).

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