Vuelve a crecer el número de personas que recurren al Banco de Alimentos de Valladolid

Voluntarios del Banco de Alimentos, en la nave del polígono de Argales. /GABRIEL VILLAMIL
Voluntarios del Banco de Alimentos, en la nave del polígono de Argales. / GABRIEL VILLAMIL

La entidad benéfica atribuye el incremento a la «precariedad laboral»

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

El objetivo ya no es tan solo surtir de macarrones y arroz a las familias desfavorecidas (las personas atendidas han subido a 16.652, según el último registro), sino ofrecer comida con la suficiente variedad como para que no existan problemas derivados de una mala alimentación. Pensemos en el sobrepeso, en el exceso de azúcar, en la falta de fruta, en las muchas grasas y los demasiados hidratos.

El Banco de Alimentos se halla inmerso en el diseño de un plan que le permita gestionar mejor los víveres que recibe y reparte (al ritmo de 2018, ya ronda los tres millones de kilos al año)y conocer más a fondo las necesidades de sus beneficiarios. Ya no todo se soluciona con un paquete de lentejas, una caja de galletas, la tableta de chocolate, como ocurría durante los primeros años de vida de la fundación.

La entidad benéfica (premio Príncipe de Asturias de la Concordia en el año 2012) se ha propuesto garantizar la correcta alimentación de aquellos que no pueden hacer frente a los gastos cotidianos de llenar nevera, despensa... y estómago. Y, al mismo tiempo, evitar el despilfarro. Es un proyecto «pionero en España, en el que se han fijado otras ciudades», consigna el presidente del Banco de Alimentos, Jesús Mediavilla.

Todo ello, para llegar a los 16.652 beneficiarios que, a través de 137 entidades, reciben comida del Banco de Alimentos. La cifra de personas atendidas ha crecido ligeramente durante los últimos meses (eran 16.152 a principios de año). Desde la ONG lo atribuyen a que la crisis se ha convertido en «crónica» para muchas familias. «Pueden encontrar un trabajo, pero la precariedad laboral hace que sean sueldos bajos o jornadas reducidas que no les permiten cubrir todas sus necesidades, como la hipoteca, la luz, la calefacción y también la comida», indica Mediavilla, quien recuerda que «todavía hay mucha familia de clase media que tiene que recibir alimentos».

Cáritas alertó la semana pasada de una recuperación económica «a dos velocidades» y  señaló que el 18,4% de la población (8,6 millones de personas en toda España) siguen viviendo en «exclusión social, con dificultades graves en su día a día». El último dato del paro registrado habla de 31.386 vallisoletanos en desempleo. El salario medio en la región (1.375 euros en Valladolid, según el INE) ha caído el 10%desde 2009.

Para empezar, cuentan con el asesoramiento de Margarita Alonso Franch, quien ha sido directora del grado de Nutrición Humana y Dietética en la Facultad de Medicina y jefa de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica en el Hospital Clínico. Ella se ha encargado de diseñar menús equilibrados para las diferentes familias (en función del número de miembros, de si hay niños o bebés), con las cantidades de comida que debe repartir la entidad en cada caso. Por ejemplo, la recomendación de legumbres tres veces a la semana. De leche para desayunar (mejor si es entera, para suplir otro tipo de carencias alimentarias). De conservas de carne o pescado para garantizar también un segundo plato (con conservas de carne y pescado), algo que hasta hace solo un año «estaba un poco abandonado».

Por eso, el Banco de Alimentos ha diversificado las vías por las que llena sus almacenes, para llevar un mayor control de los productos que tiene y que necesita. Ya no se limita a las aportaciones solidarias de empresas agroalimentarias y a la aceptación de los excedentes de supermercados y cadenas de distribución (es la principal vía de entrada de comida, con 781.000 kilos en 2017). Tampoco basta con lo que llega de los fondos europeos de atención a desfavorecidos (574.000 kilos)y de los españoles de garantía agraria (700.000 kilos en frutas y hortalizas). Ni con las donaciones ciudadanas de las operaciones kilo.

Ahora,  para evitar excedentes o alimentos que caducan o no se llegan a repartir, el Banco de Alimentos dispone de un mecanismo de gestión sobre qué tipos de productos necesita. Una acción básica es, por ejemplo, el intercambio de partidas entre bancos de alimentos de diferentes ciudades. El año pasado, Valladolid recibió 150.000 kilos procedentes de los almacenes de otras provincias (huevos de Salamanca, productos lácteos de Burgos, cereales de Tarragona).

Y al mismo tiempo, desde Valladolid salieron camiones cargados con productos que por aquí abundan, gracias a las aportaciones de empresas locales. Es el caso de la mermelada, de las conservas y patatas. No es eficaz repartir kilos y kilos de mermelada a las familias beneficiarias solo porque hay un excedente de este producto en los estantes de las naves del Banco de Alimentos.

Por eso, es más lógico coordinar estos intercambios para diversificar el reparto, con flujos de 23 productos básicos (pasta, arroz, lentejas, garbanzos, alubias, sopas y caldos, azúcar, aceite, galletas, conservas de fruta, mermeladas, conservas vegetales, de tomate, de pescado y cárnicas, alimentos infantiles, leche de hasta seis meses, huevos, cereales, zumos, patatas, chocolate y cacao con derivados y leche fresca).

«Si alguno flojea, se recurre a los fondos de otros bancos de alimentos. Y si no, la propia entidad los compra gracias a las aportaciones económicas obtenidas con acciones solidarias o a partir de las aportaciones económicas de cuarenta empresas locales, como bodegas, restaurantes, ortopedias o farmacias».

El año pasado, Valladolid incorporó 135.000 kilos de víveres por esta vía de compra directa a productores, «que suelen ofrecer precios especiales y añadir donaciones». Se compraron por ejemplo 5.000 euros en aceite, 7.000 en leche fresca, 13.000 en huevos y 21.000 en yogures. Hubo también 8.000 euros destinados a adquirir cereales de desayuno, 9.600 a conservas y 5.000 a galletas. Además, ha implantado un sistema de control de las fechas de caducidad y consumo preferente para dar salida a los productos antes de que se venzan estos límites, para evitar el despilfarro.

Marcha contra el hambre

El Banco de Alimentos celebra este domingo su cuarta caminata solidaria, con el objetivo de recaudar fondos con los que financiar la actividad cotidiana de la entidad benéfica. Las inscripciones (cinco euros)están abiertas en las plantas de deportes de El Corte Inglés, en el centro Hipercor de Arroyo y, también hoy, en los polideportivos Ribera de Castilla yHuerta del Rey. Además, es posible apuntarse el mismo día de la marcha, que saldrá a las 10:30 horas desde el aparcamiento del auditorio Miguel Delibes.

El recorrido, de cuatro kilómetros, será por el cerro de las Contiendas. El reto es mantener la cifra de participantes del año pasado, 3.500 personas, lo que permitirá reunir fondos para adquirir unos diez mil kilos de alimentos. La jornada incluirá actividades complementarias para, además de caminar por una causa solidaria, ofrecer a los asistentes alternativas de ocio, con talleres infantiles y un 'photocall' para niños, un concierto de Across Band, una clase de zumba y un concurso de fotografía.  

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