Valladolid recuerda el «voraz» incendio de San Pablo en 1968

El fuego destrozó parte de la cubierta de la iglesia, que provocó el hundimiento parcial de la bóveda en enero del año siguiente

Imagen publicada en portada por El Norte de Castilla el 10 de septiembre de 1968, con el incendio en San Pablo ocurrido el día anterior. /EL NORTE
Imagen publicada en portada por El Norte de Castilla el 10 de septiembre de 1968, con el incendio en San Pablo ocurrido el día anterior. / EL NORTE
Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

«Ha podido ser una catástrofe irreparable», decía la primera línea de la crónica con la que El Norte de Castilla informaba a sus lectores, el 10 de septiembre de 1968, del «voraz» incendio declarado en la iglesia de San Pablo, una de las joyas del patrimonio vallisoletano. Hoy, sobre el recuerdo de Notre Dame en París, Valladolid recuerda aquel suceso.

El fuego se declaró sobre las 13:10 horas del lunes 9 de septiembre de 1968 en la cubierta del templo y el periódico ya alertaba de que se hacía «urgente reparar las viejas techumbres». «En este caso se había realizado una obra parcial y ello ha evitado mayores daños», explicaba El Norte, que apuntaba que el suceso se «podría haber evitado si la reparación del tejado no se hubiese hecho en etapas». La enorme columna de humo pudo verse desde casi toda la ciudad: hay fotografías de Cacho tomadas desde la Feria de Muestras.

Bomberos y vecinos, a las puertas de San Pablo el 9 de septiembre de 1968, con el entorno acordonado.
Bomberos y vecinos, a las puertas de San Pablo el 9 de septiembre de 1968, con el entorno acordonado. / ARCHIVO MUNICIPAL

Era tanta la gente que se apelotonó en las inmediaciones del templo para ver lo que ocurría que la Policía Municipal y la Guardia Civil de Tráfico tuvieron que intervenir para facilitar la circulación y la llegada de los cuerpos de Bomberos, que acudieron a sofocar el incendio en colaboración con las fuerzas de la Policía Armada, la Policía Municipal y soldados de la Compañía de Destinos de Capitanía General y de la Sección delGobierno Militar, junto con bomberos de Palencia y de la base aérea de Villanubla. También colaboraron de forma voluntaria vecinos de la ciudad, que ayudaron a vaciar el templo de bancos y otros enseres, para evitar que fueran devorados por el fuego. Además, la preocupación era máxima, no solo por lo que pudiera ocurrirle a San Pablo, sino por el temor de que el incendio pudiera propagarse y afectar al vecino Museo de Escultura.

A las 15:30 horas, más de dos horas después de dar la voz de alarma, los bomberos consiguieron detener el avance de las llamas y sobre las 16:00 horas ya estaba totalmente controlado. No obstante, se mantuvo alerta un retén por si hubiera brasas que pudieran «reanimar el fuego». Fue además una jornada calurosa de septiembre, con 32 grados de máxima.

Varias imágenes sobre el estado en el que quedó San Pablo. / ARCHIVO MUNICIPAL

Ese primer día, los expertos todavía eran cautos para avanzar los daños ocasionados durante el incendio. Ya apuntaba que no eran muy graves, aunque «se temía que las bóvedas situadas sobre el altar» se hubieran visto «afectadas seriamente».

«Probablemente el calor del fuego y principalmente el agua derramada en la extinción del incendio afecte en mayor o menor grado a dichas bóvedas», decía la crónica del periódico al día siguiente, que añadía: «Solamente quedó destruida la parte de cubierta antigua que se hallaba sin restaurar», ya que se había iniciado un proyecto para reconstruir la cubierta. Ya estaba lista la mitad. Yfaltaba de intervenir en el tramo afectado por el incendio (y que se desplomaría meses después). Las primeras investigaciones apuntaban a un cortocircuito como causa del origen del fuego. Y se puso en valor la nueva escala de los bomberos, que permitió llegar hasta lo más alto del templo. «La escala –tan discutida en su día– ha demostrado que el servicio contra incendios debe estar preparado para cualquier contingencia, a base de material moderno y eficiente», escribía Martínez Duque, en su columna 'La voz de la calle', el 12 de septiembre.

Publio, en su sección 'De ayer a hoy', aseguraba al día siguiente que «parecía toda la iglesia una enorme pira» y ya se felicitaba por el hecho de que los daños hubieran sido «los mínimos». Fue un día además cargado de noticias en la ciudad. No solo se quemó la cubierta de San Pablo, sino que se inauguró el mercado central de abastos.

Como consecuencia del suceso, la iglesia permaneció varios días cerrada, hasta que se recuperaron los cultos el sábado día 14. Sin embargo, el templo todavía seguía en precario y los efectos del fuego se sentirían aún meses después. El 30 de enero de 1969, sobre las 11:00 horas, y después de varias jornadas de importantes lluvias, se hundía parte de la bóveda central. Esa parte del interior del templo estaba acotada, en previsión de un accidente, por lo que no hubo heridos, ya que, desde el incendio no se habían iniciado tareas de restauración de la parte afectada por el fuego.

Al día siguiente, se informaba de que, en un plazo no superior a 15 días, comenzarían los trabajos de restauración. Bellas Artes, como medida casi de urgencia, «restauró las bóvedas con cemento y reconstruyó la cubierta con materiales incombustibles, prometiendo posteriores intervenciones».

El sábado 21 de diciembre de 1974, cinco años después, El Norte informaba del fin de los trabajos de restauración en el ábside de San Pablo. «Cinco grandes ventanales han quedado abiertos y expuestos tal y como fueron concebidos en la fase inicial del templo, a falta únicamente de la colocación de vidrieras. Tras las obras, puede decirse que la iglesia se presenta en su concepción origina», concluía El Norte del sábado 21 de diciembre de 1974.

San Pablo es uno de los grandes tesoros del patrimonio vallisoletano. La 'Guía de la Arquitectura de Valladolid' recuerda que en el año 1276 «se erigió el convento de dominicos de San Pablo», un modesto complejo conventual que se fue ampliando y transformando con los siglos.«La cabecera de la actual iglesia corresponde a la construcción, iniciada en 1445, por el cardenal Torquemada, quien financió las obras con bulas papales y su propio pecunio», explica el libro. «El mecenazgo de las obras fue continuado por Fray Alonso de Burgos, confesor de Isabel la Católica, quien concluyó las obras de la iglesia». En 1601, el duque de Lerma (con Valladolid como capital del reino) costeó la reforma de la fachada principal. Aquí fueron bautizados los reyes Felipe II y FelipeIV.