El secretario de Falla cumple 108 años

El ingeniero granadino, Juan Manuel Rubio, vecino de Valladolid, recuerda el siglo XX, el del compositor y García Lorca

Juan Manuel Rubio en una comida estas pasadas navidades. /J. L. R.
Juan Manuel Rubio en una comida estas pasadas navidades. / J. L. R.
Jorge Moreno
JORGE MORENO

Hasta enero del pasado año, Juan Manuel Rubio Moscoso (Granada, 1911) era 7 años más joven que el hombre más longevo del mundo, el extremeño Francisco Núñez Olivera, que falleció a los 113 años en Bienvenida (Badajoz) en 2018. Pero este ingeniero industrial, que reside en la calle Muro de la capital vallisoletana desde hace décadas, no aspira a subir otro peldaño de la pirámide poblacional española (en 2017, últimos datos con que se cuentan, el INE tenía registrados 205 hombres y mujeres con cien y más años).

«Me recuerdan ahora que voy a cumplir 108, pero estos años son para mi fuera de serie, con muchos dolores por todos los lados, y ya no veo bien. Apenas puedo caminar con el andador y levantarme me cuesta un montón», dice sentado en el sillón de la biblioteca, justo delante del retrato de su abuelo, Juan Manuel Moscoso y López (1823-1898), un abogado y político sevillano que fue jefe de Comunión Tradicionalista en Granada, Almería, Málaga y Jaén.

De profundas convicciones religiosas, hasta hace dos años Juan acudía a misa diariamente y a las tertulias en el casino del Círculo de Recreo, en Duque de la Victoria, donde «los más jóvenes, de 70 y 80 años», escuchaban sus periplos profesionales y políticos.

Estudiante en Bélgica, al no poder seguir los cursos por la expulsión de la Compañía de Jesús durante la II República, en su juventud conoció la polarización de la sociedad granadina previa a la Guerra Civil. Sobre 1922, el compositor gaditano, Manuel de Falla, se instala en la Granada al calor del ambiente cultural que promovían escritores como Federico García Lorca o Luis Rosales, historiadores como Melchor Fernández Almagro, o políticos como Manuel Fernández-Montesinos, que fue luego alcalde de la ciudad.

Con 46 años, Falla vivía con su hermana en el barrio de la Antequeruela Alta, y fue allí donde comenzó a componer la Atlántida, sobre 1929, una obra que no concluyó.

«La situación económica de Falla no era buena, y el Centro Artístico de Granada, integrado por intelectuales de la ciudad, le buscó una persona, no remunerada, para que le asistiese como secretario. El compositor puso como condición que el candidato fuera una persona muy religiosa y creyente, y designaron a mi padre, que tendría unos 25 años», explica su hijo José Luis, hoy sacerdote. Y el ahora longevo Juan Rubio comenzó a trabajar con el músico de 'El sombrero de tres picos', 'El amor Brujo' y 'El retablo de Maese Pedro'. Las presiones del bando franquista provocan que Manuel de Falla, «un hombre muy recto», dice Juan, decida exiliarse en septiembre de 1939 a la Argentina, donde finalmente murió en 1946, con 69 años.

Ganas de vivir

Pese a que un agudo catarro le quebró el ánimo vitalista, Juan Rubio todavía sigue viviendo solo, aunque sus hijos y nuera, que residen en el mismo edificio, le siguen atendiendo.

«Yo ya estoy para morirme, y como creyente espero que sea pronto porque es lo más grande que hay. No tengo muchas ganas de vivir, y pienso en la muerte desde que me quede sin poder andar plenamente. De este mundo actual, ya nada me ilusiona. Es un desastre muy gordo. Es un castigo de Dios», dice quien conoció la intelectualidad del siglo XX, llena de debates con ideas.

«Los amigos ya no están. ¿Quién va a vivir con 108 años?», exclama quien se rebela, pero admite que tiene «una capacidad de pensamiento extraordinaria y me entero de todo lo que pasa».

Es por ello, que su hijo José Luis insiste que todavía le quedan fuerzas y coraje para espetar al asistente que le deje solo para moverse con el andador, «que él puede asearse y bañarse. Menudo genio tiene».

«Nací el 18 de enero de 1911, pero no constó en ninguna parroquia porque me bautizó un cura castrense de la familia», rememora. Sus antecedentes paternos proceden de Astorga (León), y de allí viene una de las ramas de los Rubio que hay en España, que se asentó familiarmente en Granada.

No queda duda de su involucración política en esos años de juventud. «España es un desastre. Yo se lo digo a mis hijos. Os lo creéis todo», explica este antiguo Requeté en la guerra de 1936, y que tuvo un hermano que llegó a ser general y gobernador militar en Cáceres.

Azucarera de Peñafiel

Con cuatro hijos vivos, el mayor de 72 años, Juan enviudó en 1967. Su formación universitaria con los jesuitas de Lieja le embarcaron en proyectos empresariales y editoriales.

La militancia en las ideas tradicionalistas de los años 30 le encaminaron a ser uno de los fundadores del diario Ideal de Granada, junto al pintor Marino Antequera (1897-1994). El diario católico fue incendiado en 1932.

Sobre Federico García Lorca dice: «Le conocí como nadie esos años. Federico iba a las tertulias semanales en El Carmen, a las que acudía con ese melena a lo Colón. Él estudió gracias a que su padre era prestamista en la vega de Santa Fe», dice.

Terminada la Guerra, la empresa en la trabajó, Azucareras Castellanas, le envió a Peñafiel a montar en 1954 la nueva fábrica. Hasta el último tornillo se trasladó desde Granada hasta la ribera. Y aquí se quedó...

 

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