Victoria Soto, pegamento de grupo

«Dicen que voy a muchas cosas, pero si te invitan es porque quieren contarte algo»

Victoria Soto, concejala de Educación e Igualdad. /Ramón Gómez
Victoria Soto, concejala de Educación e Igualdad. / Ramón Gómez
Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Victoria Soto ya llegó curtida a esto de la política municipal. No solo por su participación en el sindicato UGT, sino por su pasado como docente, que la lleva a ver su área, Educación e Igualdad, con los ojos de quien ha vivido lo que se cuece por dentro. «Estuve en Barrio España, en el Conde Ansúrez. Tenía compensatoria, diez alumnos, dos de ellos del Zambrana. El primer día me quemaron la papelera», empieza. «Yo en clase decía tacos porque tenía que ponerme a su altura y luego logré pactos con ellos. En vez de leer, trabajábamos con el permiso de conducir, porque si no, no leían. Y en vez de matemáticas, teníamos como un mercadillo, y les ponía precios múltiplos de 3 ó de 7, porque si no, solo trabajan con el 0 y el 5».

Así que cuando quiso aterrizar en la Concejalía, aún con la euforia del triunfo, tuvo que recordar cómo se las ingeniaba entonces para encontrar el modo de acomodar las prisas de las medidas urgentes con la falta de recursos. «Mis inicios fueron duros, porque yo me encontré con una Concejalía que no existía. Hasta tal punto que estuve más de un mes sin tener despacho, en una silla en una mesa en el despacho de una compañera. Y en ese mes tuve que poner en marcha los comedores escolares, hacer el contrato de la educación de mayores y preparar algo para el Día del Orgullo, que no había nada. No dormía por la noche, no tenía ordenador, ni móvil, ni despacho, me traía y llevaba todo, todos los días».

Una de esas medidas que había que tomar rápidamente era la reflotar el programa de educación de adultos. Y fue una de las que propició uno de los momentos emotivos que muy a menudo ocurren cuando se trabaja con ciertos colectivos, como niños o mayores. «Metimos en el programa que los mayores aprendieran a manejar las tabletas y los móviles. Y un señor de 82 años me emocionó, porque me dijo que por primera vez le había mandado un mensaje a su hijo».

Victoria Soto, en un acto de concienciación con niños contra la violencia hacia las mujeres.
Victoria Soto, en un acto de concienciación con niños contra la violencia hacia las mujeres. / Henar Sastre

Ha habido más veces de esas de emocionarse y asomar la lágrima. Y eso tiene un efecto contagio, además. «La primera vez que fuimos a visitar a los ancianos el día de Nochebuena me emocioné», cuenta, «y el alcalde me ‘riñó’ y me dijo ‘si lloras tú, a mí se me saltan las lágrimas’. A veces puedo parecer un poco seca, pero soy muy emotiva. Y les vi cómo nos agarraban las manos y nos cantaban villancicos, que se levantaban de las mesas para darnos la mano y darnos las gracias, y fue un vuelco que me dio el corazón».

Tiene fama de ser el pegamento del grupo municipal. La que anima el cotarro para tomar algo todos juntos cuando ve que el ánimo está bajo. Aunque ella también tiene su propio báculo, el de la edil con la que comunica, por una puerta, su despacho. «Rafi Romero y yo tenemos los despachos comunicados y no tenemos cerrojo. Y veo por las rendijas que está sola y entro y le digo ‘estoy harta de esto’, o ella viene y me dice ‘niña, mira a ver si me das alguna solución para esto’. Y es verdad que cuando tenemos algún problema, llamamos a los compañeros. Y ahí a lo mejor nos desahogamos».

Es habitual encontrarse con Victoria Soto en muchos eventos, incluso en algunos que no tienen que ver directamente con su Concejalía. «Todo el mundo se merece que le escuches, que le oigas. Me dicen que voy a muchas cosas, pero es que tengo ese sentimiento de que como concejala, si te invitan es porque quieren recibir ese apoyo, contarte algo. No vale decir ‘no tengo tiempo’ o ‘no me apetece’. Voy a todo», asevera.

«He descubierto la cantidad de talento y gente con ideas que hay en Valladolid. La pena es que ahora tenemos poco dinero»

Por el mismo motivo, trata de tener la puerta abierta para todos los que tienen algo que decir. «Había colectivos a los que nunca se les invitaba a los actos y que ahora están contentos porque pueden ir. La primera vez que recibí a la Fundación Triángulo me decían que no habían pisado el Ayuntamiento. O la Fapava, que ahora les hemos dado locales porque la Junta les había cedido unos locales impresentables. Recibo a todo el mundo. He descubierto una cosa muy importante, que es la cantidad de talento y gente con ideas que hay en Valladolid, la pena es que ahora tenemos poco dinero».

Hay veces, sin embargo, que la buena voluntad choca con la realidad burocrática, algo que les ha sucedido a todos los concejales del equipo de Gobierno alguna vez. A Victoria Soto le ocurrió eso, precisamente, tras una visita al CEIP Cristóbal Colón, un colegio que está realizando una tarea impresionante en integración, innovación educativa… «Mi primer acto nada más llegar fue ir al Cristóbal Colón, que cumplía cincuenta años. Fui, me trataron fenomenal, me dijeron lo que estaba mal, y cuando volví me preguntó el alcalde qué tal. Y le dije ‘está como en la época en la que trabajaba yo, no se ha hecho nada, estoy deprimida’. Luego fuimos y estaban pintando las paredes del patio y nos metimos y un trozo estaba sin pintar porque el dueño de la casa no quería. Fue ver al alcalde y dijo ‘bueno, que la pinten’. Y entonces Óscar [Puente] vio el columpio y me dijo ‘cámbiaselo’. Pero mi Concejalía no podía comprarlo, hasta que encontramos uno que estaba en la Hípica y lo movimos. Y ahora le digo ‘no prometas cosas, que me vuelves loca’, porque hay cosas que parecen fáciles pero nosotros, por ejemplo, no podíamos comprar uno. Luego hemos pintado el cole por dentro y por fuera, hemos cambiado las calderas…».

Victoria Soto visita las obras de reforma del CEIP Cristóbal Colón.
Victoria Soto visita las obras de reforma del CEIP Cristóbal Colón. / Ricardo Otazo

El tener un ‘jefe’ que se pasa el día pegado a lo que pían las redes sociales hace que, a veces, se viva con cierta presión. «Como al alcalde le pregunte alguien por algo... Tiene que ser inmediato», dice Soto. Y lo cuenta con un ejemplo real. «Me acuerdo una vez que me iba de viaje del puente de la Inmaculada y tuvimos un problema con el Ponce de León. Estaban poniendo contadores nuevos, pero en el Ponce, que es un edificio muy antiguo, no aguantaban y saltaba la luz. Y como la Junta ha puesto unos hornos para calentar la comida que tiran muchísimo, cada vez que se encendían, saltaba. Y saltaba la informática, todo... Todo el camino, desde Valladolid hasta la frontera, estuvimos con el tema. Hasta que no lo dejé resuelto, el alcalde no paró. Ahora nos hemos adelantado y en los coles en los que se va poniendo, se va mirando antes. Pero es un problema porque además hay que contratar más luz».

La tarea, por tanto, parece no acabar nunca. Aunque, según confiesa la concejala, «es un área que da muchas alegrías, porque te das cuenta de que no todo está perdido».

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