La librería Bruño escribe su última página en Valladolid

Interior de la librería Bruño, abierta en 1940. /RAMÓN GÓMEZ
Interior de la librería Bruño, abierta en 1940. / RAMÓN GÓMEZ

El histórico comercio echa el cierre 78 después de que desembarcara en la ciudad con los hermanos de La Salle

N. LUENGOVALLADOLID

Decir adiós siempre es difícil. Más cuando se tiene una clientela fiel y agradecida. La librería Bruño, en la calle Fray Luis de León, echa el cierre después de 78 años de servicio y buenas lecturas. Su escaparate lo preside un cartel que anuncia la despedida con ofertas especiales. Una marcha que deja a Valladolid sin una de sus librerías con más solera. Este emblemático comercio, que también es papelería y está especializado en libros de texto, ha servido durante casi ocho decenios como lugar de encuentro, reunión, conversaciones y vertebración cultural y académica de la ciudad. Cuando en otro tiempo sus estantes estaban preñados de tomos, ahora

lucen cada día más vacíos. Como paso previo a su marcha, el establecimiento lleva varias semanas en liquidación, antes de bajar definitivamente la persiana. «Han sido 78 años de servicio, más que de negocio», dicen sus responsables, que no esconden su tristeza por el inminente cierre.

Para contar la historia de esta librería vallisoletana hay que aludir a la editorial que lleva su mismo nombre. La editorial Bruño debe su denominación a Gabriel Marie Brunhes, quien fuera Superior General de los Hermanos de La Salle desde 1897 a 1913. Su firma era la que aparecía en todos los libros de texto que los hermanos de La Salle redactaban y que no firmaban por modestia profesional. Ya entonces, estos libros escolares eran considerados soberbios tratados, redactados con claridad y editados con una calidad magnífica.

La editorial, fundada en 1895 en Francia, era propiedad del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle. Llegó a España (primero a Madrid) en 1882 y desde entonces ha servido de forma extraordinaria a la docencia, tanto en nuestro país como en Hispanoamérica. Los textos de Bruño se extendieron al mismo tiempo que se abrían nuevos colegios de la congregación. También surtía a los alumnos de material escolar, como plumas, cuadernos y libros de lectura. Los volúmenes de Bruño llegaron a Valladolid con el colegio Nuestra Señora de Lourdes (que fue fundado en 1884).

Fachada de la librería, en la calle Fray Luis de León.
Fachada de la librería, en la calle Fray Luis de León. / RAMÓN GÓMEZ

Después de la Guerra Civil, la editorial abrió librerías en ciudades como Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia y Bilbao. La de Valladolid comenzó su aventura en 1940, cuando los hermanos de La Salle compraron el colegio Hispano, que pasó a llamarse La Salle, en la calle Fray Luis de León. El establecimiento estaba integrado en el edificio del colegio, aunque su funcionamiento siempre ha sido independiente. «En aquella época, los libros costaban una o dos pesetas. Los textos estaban muy bien valorados. Eran buenos y contenían una guía con las respuestas de los problemas y los interrogantes para el profesor», explican desde la congregación religiosa, mientras muestran como ejemplo un libro, de los años 50, con las tablas de logaritmos, y otro de contabilidad y prácticas mercantiles de la misma época. «Los de Bruño fueron los mejores libros pedagógicos. Contribuyeron a crear el gusto por la cultura entre los más pequeños. También se editaban catecismos y libros de comunión», añaden.

Hasta 1970, todos los colegios de La Salle de España, que en la época contaban con cerca de 200.000 alumnos, utilizaban sus libros de texto. En Valladolid, la congregación llegó a tener diez centros educativos y todos eran abastecidos desde esta pequeña librería, abierta también al público general. Sin embargo, tras la Ley de Educación de aquel año y con la diversificación de los idiomas escolares, surgieron otras editoriales que hicieron que Bruño cediera el protagonismo. En el año 2000, después de una crisis financiera interna, la editorial Bruño de España pasó a ser propiedad de la francesa Hachette, que más tarde la traspasaría a un importante grupo de comunicación.

Poco a poco, las librerías Bruño fueron desapareciendo de todas las ciudades, salvo la de Valladolid, que lo hará próximamente, coincidiendo con el final del curso escolar, «por una reorganización interna de las obras educativas de los hermanos de las Escuelas Cristianas». «Siempre hemos tenido un trato muy familiar», explican sus responsables, quienes presumen de que varias generaciones de vallisoletanos han adquirido aquí sus libros para el colegio.

Buen ejemplo de la lealtad de estos clientes es Valeriano, 59 años y antiguo alumno del colegio Lourdes. «En mi época de estudiante, todos mis libros eran de Bruño. Más tarde, mis hijos fueron a La Salle y cada año en septiembre era costumbre venir a esta librería a por los libros del curso. Yo vivo en el barrio. La de Fray Luis de León es una calle librera por excelencia y ahora, con la marcha de Bruño, se quedará un poquito más huérfana», explica. Los más mayores recordarán además el regaliz que se ofrecía con los libros. Hasta 1966, además de librería, fue una pequeña sastrería a la que los hermanos de la Salle acudían para que se les tomara medidas. Allí se cortaban sobre la tela los hábitos y los característicos 'baberos' que vestían, una pieza almidonada y blanca que llevaban alrededor del cuello, sobre sotana negra.

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