Fuensaldaña, sede de las Cortes por una peseta

Un contrato simbólico selló hace 35 años la cesión provisional del castillo de la localidad como Parlamento regional, suscitando agrias protestas burgalesistas

El Castillo de Fuensaldaña a finales de los 70. /El Norte
El Castillo de Fuensaldaña a finales de los 70. / El Norte
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

La situación era un tanto hilarante, pero no por el regocijo que creaba, sino más bien por la vergüenza ajena que suscitaba: era mayo de 1983 cuando el primer gobierno de Castilla y León iniciaba su andadura sin contar aún con sedes de autogobierno funcionales y acordes a su relevancia. De mala gana habían ocupado Demetrio Madrid y sus consejeros el Palacio burgalés de la Isla, sede de la preautonomía, el mismo que dio aposento al general Franco y a su mujer en tiempos de guerra, y ni siquiera contaban con un hemiciclo regional estable (desde 1981, las Cortes se reunían de forma itinerante en edificios emblemáticos de la región).

El socialista Demetrio Madrid, primer presidente de la comunidad, tenía claro que habría de establecer la presidencia de la Junta en Valladolid, pero el bloqueo político de la oposición, maniatada por tendencias centrífugas leonesistas, segovianistas y burgalesistas, impidieron sacar adelante la preceptiva Ley de Sedes por mayoría de dos tercios. De hecho, hasta agosto de 1983 no pudo anunciar la ubicación de la Junta en el Colegio vallisoletano de la Asunción, su sede actual.

Un mes antes, el leonés Dionisio Llamazares, primer presidente de las Cortes, había logrado cerrar el acuerdo correspondiente al Parlamento, si bien de manera provisional. El Norte de Castilla dio la noticia el 7 de julio de 1983, hace ahora 35 años: «La Mesa de las Cortes de Castilla y León, presidida por Dionisio Llamazares, se reunió en el Palacio de la Isla de Burgos, en la tarde del miércoles, adoptando diversos acuerdos entre los que destaca el de ubicar, con carácter provisional, la presidencia y servicios administrativos de las Cortes Regionales en el castillo de Fuensaldaña».

El interés de Llamazares por este histórico inmueble se remontaba al pleno del Consejo General de Castilla y León de 17 de julio de 1981, celebrado en su torre del homenaje. Poco después supo que el Ayuntamiento de Fuensaldaña, presidido por Pío Gómez Sanz, había cedido la fortaleza a la Diputación Provincial, a finales de los 60, para salvarla de la ruina y transformarla en parador. Sin embargo, esta nunca terminó de cumplir tal función, sino que se había limitado a servir de sala de exposiciones y centro de animación cultural durante el mandato del centrista Federico Sáez Vera. De ahí que Llamazares entablara las pertinentes conversaciones con el recién elegido presidente de la institución provincial, el también socialista Francisco Delgado Marqués, para negociar el nuevo uso del castillo como parlamento autonómico.

El Ayuntamiento de Fuensaldaña había cedido la fortaleza a la Diputación para salvarla de la ruina y convertirla en Parador

Fue así como el 6 de julio de 1983, la Mesa de las Cortes acordaba la instalación provisional de las mismas en el Castillo de Fuensaldaña. Para justificar la cesión, el citado Delgado elaboró un contrato de cesión de la fortaleza por el precio simbólico de una peseta de alquiler. El primer pleno se celebró el 24 de julio.

Claro que no todo fue tan fácil. Las tendencias centrífugas del Grupo Parlamentario Popular no tardaron en manifestarse en contra de la decisión. Así, mientras el portavoz Vicente Bosque Hita anunciaba que su grupo «defenderá a ultranza que la sede del Ejecutivo no sea la misma que el Legislativo» para, en su opinión, evitar el centralismo vallisoletano, el vicepresidente segundo de las Cortes, el también militante de Alianza Popular Fernando Redondo Berdugo, procurador por Burgos, no solo votó en contra del acuerdo, sino que lo recurrió judicialmente. La intención de AP, tal y como demostró la Proposición de Ley presentada por su Grupo Parlamentario el 26 de octubre de 1984, consistía en ubicar en Burgos la sede del legislativo autonómico.

Los Reyes, en el castillo de Fuensaldaña.
Los Reyes, en el castillo de Fuensaldaña. / El Norte

Aunque el recurso fue desestimado por la Mesa el 22 de septiembre, Redondo Berdugo presentó ante la Audiencia Territorial de Burgos un contencioso-administrativo pidiendo la nulidad del acuerdo adoptado por la Mesa el 6 de julio de 1983. Por auto de 24 de mayo de 1985, la Sala de lo Contencioso declaró la inadmisibilidad del recurso al entender que se trataba de un acto interno de un órgano legislativo que no podía ser fiscalizado por la jurisdicción ordinaria, al no tener atribuida legalmente dicha competencia.

Cambio de sede

Pero Redondo Berdugo no se rindió: el 19 de febrero de 1987, la Sala Cuarta del Tribunal Supremo estimaba su recurso de apelación y ordenaba a la Audiencia Territorial burgalesa continuar el procedimiento. Esta, finalmente, terminaría desestimando la demanda. Lo cierto es que aquel edificio, tan entrañable para quienes ejercieron en él su actividad política durante los 24 años que sirvió como hemiciclo regional, no era ni mucho menos un dechado de comodidad. Testigos del momento recuerdan aquellas arduas sesiones apelotonados en el Salón Rojo, sin mesas ni armarios y con una bancada en primera fila para los miembros del gobierno. De hecho, hasta octubre de 1985 no se construyó el hemiciclo en el Patio de Armas.

Además, la tecnología inicial consistía en media docena de máquinas de escribir y, para otras tareas, era necesario emplear la fotocopiadora del Ayuntamiento; había incluso habitaciones con cama y dosel y no era infrecuente que se apagaran las luces y tuvieran que ser suplidas con velas. Aunque con el paso del tiempo la fortaleza se fue adaptando a la función de parlamento regional, aún persistieron numerosas limitaciones (escasa sonoridad, defectos de iluminación, problemas con el único y diminuto ascensor, falta de cobertura, desprendimientos…).

Finalmente, en junio de 2007 las Cortes pusieron fin a esos 24 años de provisionalidad reemplazando el Castillo de Fuensaldaña por la sede actual, ubicada en la zona conocida como Villa de Prado, en Valladolid capital.

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