Destierro de etarras en la provincia vallisoletana

Como consecuencia del estado de excepción decretado en agosto de 1968 por el asesinato de Melitón Manzanas, dos miembros de ETA fueron confinados en Íscar y Peñafiel

Castillo de Íscar en los años 70./
Castillo de Íscar en los años 70.
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

El próximo 2 de agosto se cumplirán 50 años del segundo atentado reivindicado por ETA en tiempos de Franco: el asesinato de Melitón Manzanas, jefe de la Brigada de Investigación de San Sebastián con fama de terrible torturador. Era la respuesta de la banda terrorista a la muerte, de manos de un guardia civil, del etarra Javier Echevarrieta 'Txabi', autor a su vez del atentado que el 7 de junio había acabado con la vida del también guardia civil José Pardines Azcay. Al día siguiente del asesinato de Melitón Manzanas, concretamente el 3 de agosto de 1968, el Decreto–ley 8/1968 declaraba durante tres meses el estado de excepción en Guipúzcoa. Publicado en el Boletín Oficial del Estado el día 5, entró en vigor la noche anterior. Las redadas policiales dieron como resultado la detención de más de un centenar de personas, presuntamente vinculadas a la banda terrorista; y durante todo el mes, cerca de 600 pasaron por las comisarías.

A 40 detenidos les impusieron pena de destierro; entre ellos se encontraban el profesor Jesús J. Apaolaza, a quien confinaron en Peñafiel, y María Amaya Aseguinolaza, maestra nacional que estaba estudiando Químicas y que fue destinada a la también vallisoletana localidad de Íscar. El Archivo Histórico Provincial de Valladolid custodia la documentación de aquel corto pero intenso destierro (para Apaolaza duró hasta el 30 de noviembre, y para su compañera, hasta el 18 de diciembre), y da cuenta del seguimiento exhaustivo por parte de las fuerzas de orden público, incluidas visitas, llamadas telefónicas y ayudas recibidas.

Los dos habían sido conducidos a la prisión de Martutene antes de que el gobernador civil de Guipúzcoa decretara su confinamiento en la provincia vallisoletana. Llegaron en la tercera semana de agosto. En ambos casos, sin embargo, pasaron bastante desapercibidos: tanto Jesús Herrero García, regidor en ese momento de Íscar, como Francisco Sanz Olmedo, que era alcalde de Peñafiel, pensaban que se trataba de militantes «de izquierdas, seguramente del Partido Comunista», pero no estaban al tanto de su pertenencia a la banda terrorista.

Documentos de 1968. / Archivo Municipal de Valladolid

Esta reacción es bastante comprensible: nacida en julio de 1959 como Euskadi ta Askatasuna (ETA) –en castellano «Euskadi y Libertad»–, en 1968 ETA aún era percibida entre la oposición democrática como una reacción comprensible a la acción represora del Franquismo contra el nacionalismo vasco. Es más, si un año antes del asesinato de Pardines y Manzanas ETA se definía públicamente como «movimiento socialista vasco de liberación nacional», en 1970, el llamado 'Proceso de Burgos' contra 16 militantes redobló su prestigio entre la oposición, pues hasta el propio Vaticano presionó a Franco hasta conseguir que conmutara las nueve penas de muerte por reclusión mayor.

Documentación policial

Apaolaza, «profesor de letras» según la documentación policial, permaneció sin realizar actividad laboral alguna hasta el 20 de noviembre de 1968, fecha en que entró a trabajar como administrativo en la Azucarera 'Ebro'. Mejor suerte corrió Aseguinolaza, que a los 15 días de llegar a Íscar comenzó a empaquetar pipas en la Fábrica 'La Pilarica'.

Según su propia declaración, había sido delatada por Ignacio Sarasketa, acompañante de Etxebarría en el asesinato de Pardines y preso en Ocaña al serle conmutada la pena de muerte. Tras unos días en el Hotel 'Los Pinos' encontró habitación en una pensión de la localidad por 50 pesetas al mes. Curiosamente, la dueña le cobraba 15 pesetas más de lo habitual por el gasto de luz que generaba al quedarse durante la noche escribiendo cartas.

La aureola de luchadores contra el Franquismo que aún rodeaba a aquellos etarras explica que, aparte de familiares y amigos procedentes del País Vasco, recibieran visitas de destacados militantes del Partido Comunista vallisoletano, como Armando del Tío, Fernández Costilla o García Tajadura, siempre según informes recabados en aquellos días por la Guardia Civil. Lo mismo ocurrió con otros etarras desterrados en Cuéllar y en las localidades abulenses de Cebreros y Altas Torres.

«Los partes de la Guardia Civil resaltan la buena relación de ambos desterrados con el vecindario»

Tampoco nos debe extrañar, habida cuenta de los orígenes y el apoyo social con que entonces contaba ETA en el País Vasco, que fueran visitados por miembros de la Orden religiosa de los Dominicos, como el prior Carmelo García, muy bien considerado en esos momentos entre los colectivos antifranquistas de la ciudad, por misioneros del Sagrado Corazón de María, de Salvatierra, y de los 'Hijos de la Inmaculada Concepción' de Tolosa (Guipúzcoa). Incluso un estudiante de Medicina de la Universidad vallisoletana se hizo cargo de las inyecciones que necesitaba Aseguinolaza una vez por semana.

Los partes de la Guardia Civil resaltan la buena relación de ambos desterrados, sobre todo de Aseguinolaza, con el vecindario, pues mientras el personal religioso de Íscar la llevaba casi a diario la correspondencia, otros vecinos depositaban sus cartas en buzones situados en las afueras de la localidad.

 

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