Y el Cristo crucificado de Olmedo abrió los ojos

Una restauración descubre que a la talla, del siglo XVI, se le cerraron los ojos en una intervención anterior, posiblemente en el siglo XVIII, lo que variaba su significado

El rostro del Cristo, antes y después de la restauración. /Cruz Catalina
El rostro del Cristo, antes y después de la restauración. / Cruz Catalina
CRUZ CATALINAOlmedo

La Semana Santa llega a Olmedo con la buena noticia de la restauración meses atrás de la imagen del Cristo crucificado que preside el baptisterio de la iglesia de Santa María del Castillo y que desfila tanto el Jueves Santo, en la Procesión del Silencio, como el Viernes Santo, en la Procesión General.

El pasado otoño esta pieza tan significativa de la Semana Santa olmedana fue restaurada por la Diputación Provincial de Valladolid dentro de su convenio con la Fundación Las Edades del Hombre. Un trabajo que se suma a los promovidos anteriormente por la parroquia de Santa María, que ya ha ido recuperando otras imágenes como el Ecce Homo o Cristo de la Caña y el Cristo Resucitado, imagen esta última que precisamente este año protagoniza el cartel anunciador de las procesiones.

Una intervención que deparó una gran sorpresa tanto a los técnicos restauradores, al principio, como también después a los vecinos de Olmedo. Y es que en el transcurso de los trabajos descubrieron que esta escultura anónima de madera policromada del siglo XVI se había sometido ya a una restauración con anterioridad, probablemente en el siglo XVIII.

Restauracion en la que, además de mejorar su aspecto, se le habían añadido unos párpados de resina con una cuidada policromía encima, ocultando con ellos las órbitas con las pupilas mirando al cielo que le había diseñado el escultor original. Es decir, que al restaurarlo le habían cerrado los ojos, y de ser un Cristo en la dramática tensión de su agonía, había pasado a representar un Cristo ya muerto y sereno.

La talla, con su aspecto actual.
La talla, con su aspecto actual. / Cruz Catalina

Tras la restauración del pasado año 2018, y según los criterios profesionales en los que al 'restaurar', como su propio nombre indica, se restablece la pieza a su estado original, el Cristo Crucificado ha vuelto a Olmedo con los ojos abiertos: como no se le veía desde hace más de doscientos años. Una auténtica sorpresa para los olmedanos y visitantes que se han detenido a fijarse en ese detalle.

Este cambio en los ojos no es accesorio pues, como se indica desde la parroquia, «de tener los ojos abiertos a tenerlos cerrados la imagen pasa a representar distintos momento de la Pasión». Así, mientras en los últimos tiempos se venía contemplando un Cristo Crucificado ya muerto, sereno, que al orar ante él transmitía paz, ahora se ha vuelto a la idea del escultor originario, que representó a Cristo exhalando los últimos alientos de su agonía.«Una imagen que al orar ante ella nos pone delante de los sufrimientos de la humanidad y que sintoniza con nuestras propias angustias».

De esta forma se puede decir que la mirada al cielo que ahora se puede contemplar sitúa la imagen en las Siete Palabras de Cristo en la cruz cuando grita «Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado» (San Marcos 15,34), mientras que la serenidad del Cristo con sus ojos cerrados decía «Todo está cumplido» (San Juan 19,39) y «en tus manos encomiendo mi espíritu» (San Lucas 23,46).Un auténtico cambio interpretativo que ahora, tras esta nueva restauración, vuelve al sentido original de la obra.