La línea convencional de tren a Madrid cumple 130 años con un futuro incierto

Los vecinos creen que está «condenada al abandono» tras reducirse un 50% la cifra de servicios

Vecinos del núcleo de La Estación del Espinar posan frente a un tren. /Pedro L. Merino
Vecinos del núcleo de La Estación del Espinar posan frente a un tren. / Pedro L. Merino
CLAUSIA CARRASCALSegovia

Un trazado ferroviario de 108 kilómetros de longitud comunica Segovia con los municipios de la sierra de Guadarrama hasta llegar a Madrid. Se trata de la histórica línea de ferrocarril Madrid–Segovia, que este año celebra su 130 aniversario marcada por la incertidumbre y la nostalgia de sus usuarios. Inaugurada en junio de 1888, esta línea de media distancia forma parte de la vida de decenas de municipios que se encuentran a su paso. Es el caso de La Estación de El Espinar, un núcleo perteneciente al municipio segoviano de El Espinar, que creció y se desarrolló en torno al ferrocarril.

La estación se construyó en el barrio del Cogorrillo, a siete kilómetros de El Espinar, debido al incremento de coste que suponía desviar el trazo para que la vía llegase hasta la localidad. En las inmediaciones se levantaron edificios comerciales e industriales. En torno a 1900 se construyó una fábrica de madera y poco después ascendían a más de una veintena las edificaciones y fábricas. Además, el núcleo ya contaba con una población que rondaba el centenar de vecinos.

Esta mejora de las comunicaciones implicó un importante desembarco de turistas y deportistas en la zona. No eran los únicos viajeros. En sus orígenes y durante décadas, está línea tuvo una gran importancia y transportaba desde ovejas que hacían la trashumancia a productos comerciales y militares. También está vinculada al poeta Antonio Machado, que hacía su escala en San Rafael cuando viajaba por esta línea hasta Madrid para ver a su amada Guiomar. Paradójicamente, su legado ya no está en estos trenes convencionales, sino que se ha trasladado a la alta velocidad. Ahora es un Avant, que solo tarda 25 minutos en recorrer el trayecto, el que rinde homenaje al poeta con una puesta en escena de la que pueden disfrutar sus viajeros.

Muchos de los vecinos todavía recuerdan las historias que les contaban sus padres y abuelos acerca de los inicios del ferrocarril en la zona y cómo la construcción del túnel de Tablada cambió sus vidas. Fue una de las principales obras de ingeniería de la época, ya que por primera vez se perforaba el Sistema Central. Situado bajo el Alto del León, este túnel, que se construyó entre 1884 y 1888, alcanza los 2.380 metros de longitud y se sitúa a una cota cercana a los 1.300 metros sobre el nivel del mar. Además, tal y como indica uno de los impulsores de la Plataforma de Transporte Segovia–Madrid, Óscar de Diego, este túnel facilitó a los habitantes de la zona el paso a pie o en burro hasta el otro lado de la sierra. Hasta entonces se veían obligados a subir el Alto del León, pero este acceso les permitía cruzar de forma más directa, aunque no sin riesgos. Por ello se ayudaban de maderos para guiarse en el recorrido por la falta de luz. En caso de sentir la proximidad de un tren, se refugiaban en uno de los apartaderos que se sitúan cada 50 metros.

Recortes

Desde entonces y hasta 2013 esta línea se había consolidado como la alternativa más cómoda y económica de desplazarse desde municipios segovianos como La Estación de El Espinar, San Rafael, Los Ángeles de San Rafael, Otero de Herreros, Ortigosa del Monte, La Losa o Navas de Riofrío hasta diferentes puntos de la sierra, Madrid o Segovia.

No obstante, en mayo de 2013 Renfe, encargada de la explotación de la línea, firmó lo que los vecinos califican de «condena al abandono» de un servicio básico al reducir al 50 % los servicios de esta línea convencional. Entonces se pasó de seis trenes por sentido y día a tan solo tres de lunes a jueves. Los viernes son cuatro servicios y los fines de seman, cinco. Además, suprimió el tren directo y desde entonces los viajeros que se dirijan hacia Madrid tienen que hacer un transbordo obligado en Cercedilla, que habitualmente ronda entre los siete y los doce minutos de espera. Tan solo el fin de semana cuentan con un servicio directo. «Este cambio dejó a los habitantes del medio rural desprotegidos e hizo inviable el uso del tren», lamenta De Diego, quien considera que la Alta Velocidad, en la que Renfe invierte cerca del 90 % del presupuesto, ha dejado relegada al olvido la Media Distancia. Según dice, el objetivo de Renfe «era borrar esta línea del mapa por falta de rentabilidad» y para ello «recurrió a un juego de cifras que no reflejaba la realidad». Alegaban que tan solo había un 5 % de ocupación medio en estos trenes. Eran ferrocarriles de dos plantas con un número muy elevado de plazas, más de mil en muchas ocasiones, por lo que 90 ó 100 pasajeros parecía una cifra irrisoria. «No es que fueran pocos pasajeros, sino que eran trenes demasiado grandes para esta línea», advierte este vecino.

Frecuentes desplazamientos

Estudios, trabajo, compras, consultas médicas o trámites administrativos. Son muchos los motivos por los que los cerca de 650 habitantes de La Estación de El Espinar tienen que desplazarse a diario a Madrid, Segovia o los pueblos de la sierra. También los más de 1.200 que viven en Los Ángeles de San Rafael y que tienen apeadero, o los cerca de 2.400 de San Rafael. Sin embargo, las complicaciones son cada vez mayores.

La mayoría de los habitantes necesitan desplazarse con regularidad y sus opciones cada vez son mas limitadas, señala Alejandro de la Zarza, residente de la Asociación de Jubilados. «Mucha gente se trasladó a estos pueblos por las posibilidades de comunicaciones que ofrecía el ferrocarril. Ahora el descontento es generalizado y muchos han tenido que cambiar su lugar de residencia porque es imposible compatibilizar las actividades diarias con los horarios del tren».

En los últimos cinco años han sido numerosas las reivindicaciones tanto de ciudadanos como de instituciones para revitalizar una línea que tenía hasta 200 viajeros por tren, pero todas han caído en saco roto. Una de las soluciones «más viables» que plantearon a la operadora ferroviaria fue la equiparación a los sistemas existentes en Toledo y Guadalajara, ciudades integradas en la red de Cercanías de Madrid. Así como la inclusión de toda la línea en la zona tarifaria C2 del Consorcio Regional de Transportes de Madrid. Acciones que, según Óscar de Diego, dependen tan solo de Renfe y no implicarían mayores costes. Sin embargo, la operadora no ha mostrado ningún interés en ellas.

La última propuesta pasa por implantar servicios semidirectos tipo CIVIS, que tal solo paren en los municipios centrales y eviten el transbordo en Cercedilla, es decir, trenes que realicen el trayecto entre Segovia y Madrid en una hora menos, apunta de Diego. También argumenta que si la línea hasta Segovia tiene menos pasajeros que en la Comunidad de Madrid, «la solución lógica no consiste en suprimir servicios y frecuencias, sino en amoldar la situación a la demanda, utilizando pequeños trenes de solo dos o tres vagones». Los vecinos recalcan que el tren regional tiene la virtud la de conectar diferentes localidades segovianas y madrileñas por las que la línea de autobús no presta servicio, es decir, todas las que se encuentran en la Sierra de Guadarrama. Además, evita los atascos y problemas que se originan en la carretera. Una opinión que también comparte por la alcaldesa de El Espinar, Alicia Palomo, quien defiende la necesidad de hacer un estudio de posibilidades de la línea para evitar su pérdida. «Para corregir las sangrantes cifras de despoblación, son imprescindibles las comunicaciones», afirma.

Los vecinos aprovechan el 130 cumpleaños de esta línea para pedir una vez más que este servicio, ya centenario no caiga en el olvido y acabe como una de las muchas vías «carcomidas por el tiempo» que existen en la red española. También recuerdan que la tradicional línea Segovia Madrid es el corazón de muchos pueblos que luchan contra el abandono.

La falta de flexibilidad en los horarios y la existencia de trayectos cada vez más largos con Madrid, que oscilan entre una hora y cuarto y más de dos horas de duración para recorrer poco más de 60 kilómetros, están fomentado que los vecinos dejen de usar el tren. «La mayoría hemos optado por el vehículo privado. A veces, los residentes en La Estación y otros núcleos cercanos nos desplazamos hasta El Espinar para coger el autobús y en ocasiones no queda otra alternativa que recurrir al taxi porque no todo el mundo dispone de coche, en especial la gente mayor», afirma De la Zarza. Mientras que un billete de tren entre El Espinar y Segovia cuesta 2,80 euros, el taxi puede alcanzar los 40 euros. Desde este núcleo a Madrid el precio es de 7,15 euros, sin embargo viajar en taxi multiplica esta cifra por diez. Coger este tren significa perder horas en esperas hasta poder regresar a casa, ya que solo hay tres opciones tanto de ida como de vuelta, a primera hora de la mañana a medio día y por la tarde, comenta otra de las vecinas, María Ángeles Gutiérrez.

Su hija era una de las usuarias habituales de este servicio, ya cogía el tren hasta Segovia para acudir a sus clases en la universidad. Sin embargo, la supresión de horarios le impidió seguir viviendo en el pueblo y tuvo que alquilar un piso en la ciudad para evitar pasar varias horas muertas al día esperando un tren.

Lo mismo ha ocurrido con personas que trabajaban en Villalba, otros pueblos de la sierra, o en el propio Madrid. Ahora les resulta imposible llegar en tren hasta su lugar de trabajo, por lo que han tenido que marcharse. La incertidumbre es generalizada y la mayoría de los vecinos temen que algún día se produzca el cierre definitivo de esta línea que, según reconocen, cada vez tiene menos viajeros. No obstante, atribuyen la reducción de hasta un 50 % de los pasajeros, según calculan, «a la mala gestión burocrática, la incompatibilidad de horarios y a la reducción de servicios». Los usuarios «se multiplicarían si lográsemos un consenso», asevera Gutiérrez. Para paliar esta situación, reclaman al menos dos trenes más de ida y dos de vuelta, a media mañana y media tarde.