José Luis Gil ('Aquí no hay quien viva'): «Me motiva mucho ponerme la melena de Cyrano»

José Luis Gil, en el personaje de Cyrano de Bergerac. /El Norte
José Luis Gil, en el personaje de Cyrano de Bergerac. / El Norte

«El texto es tan potente y la obra está tan bien construida que es muy difícil hacerlo mal», dice el actor, que actúa esta tarde en el Juan Bravo

LUIS J. GONZÁLEZSegovia

José Luis Gil charla en un pequeño parón de su rodaje de la duodécima temporada de 'La que se avecina'. Asegura que la paciencia de ese presidente de comunidad diplomático desaparece cuando se apagan las cámaras. El actor zaragozano, de 61 años, lleva más de cuatro décadas haciendo teatro, doblaje, publicidad, televisión o cine.

–¿Es 'La que se avecina' la nueva carta de ajuste?

–Como chiste está bien. No nos damos cuenta de que nos tienen en casa todos los días y de la repercusión que conlleva. Y te saludan como un familiar. Eso quiere decir que son fieles a la serie incluso cuando no hay capítulos nuevos. Pero en la programación de las cadenas no nos metemos [ríe].

–¿Qué escena recuerda con más cariño? Ha estado en secuestros, ataúdes, duchas surrealistas…

–Son muchas escenas en 260 capítulos y sería imposible elegir. De las últimas, la más impactante fue compartir ducha con Antonio Recio. Viendo las fotos… es para echarse un rato a reír, sí.

–¿Hasta qué punto puede comerse el personaje al actor?

–Nunca, jamás. Es una apreciación muy desde fuera. José Luis Gil no tiene nada que ver con el personaje. Otra cosa es que el personaje tenga algo mío por la manera de verlo, de haberle dado forma. No nos parecemos demasiado, por desgracia, porque me parece un tío muy majo. Yo no lo soy tanto, no sería tan paciente en muchas circunstancias.

–¿Es su infancia [perdió a su padre con 14 años] es una prueba de que se crece a base de palos?

–No. No todos los refranes han salido de gente sabia, hay alguna tontería por ahí metida. Es una manera mala de aprender, porque lo que aprendes así es porque no lo has querido, sino que te lo han impuesto.

–Decía de Cyrano que es el mejor personaje jamás escrito. ¿Por qué?

–A mí es el que más me gustó desde que estudiaba arte dramático con 13 años y estaba en los infantiles del Teatro Español. Descubrí a Cyrano como ejercicio actoral, era una de las obras que manejábamos para picar verso. Encarnaba una parte de todos nosotros que, de una forma u otra, hemos vivido. La frustración de no acertar con la persona a la que has dedicado tu amor. Te puede pasar con 13 años, 14, 17, 25, 50 o 90. No lo puedes evitar y sigues viviendo ese amor a solas. Y eso sí que te hace crecer por dentro. No quiere decir que estés malgastando el tiempo, sino que lo vives de una manera muy intensa y sin poder decirlo. ¿Quién no tiene un Cyrano dentro? Luego es un hombre brillante, escritor, autor o un valiente mosquetero. Antepone la amistad o el honor; vive y muere por esos valores. Y los giros que tiene que dar la historia para vivir ese amor a través de un tercero. Es un personaje con una riqueza interna brutal. Si no es el mejor, estará en el top-3.

–¿Qué es lo más difícil para el actor?

–Es un personaje muy exigente a la hora de salir a escena. También físicamente. En las dos horas y pico que dura hay mucha presencia, mucho texto, duelo con espadas… Es un hombre con mucha energía y vigor. Luego cada Cyrano tiene una parte del actor. El texto es tan potente y la obra está tan bien construida que es muy difícil hacerlo mal.

–¿Motiva ponerse esa melena?

–Mucho, es el pelo que llevaba con 17 o 20 años. Cyranos se han hecho muchos, se modernizan y algunos salen completamente calvos. Pero es verdad que la melena o la nariz postiza, que en mi caso no era necesario [ríe] y le hemos aumentado un poco más para que fuera evidente el defecto físico, ayudan a preparar el personaje antes de salir a escena. Ya te vas sintiendo Cyrano, cuando sales estás muy imbuido.

–¿Se lleva el trabajo demasiado tiempo en su vida?

–Sí, pero es afortunadamente. Quejarse de eso hoy en día es una barbaridad. Tengo la suerte de dedicarme a un trabajo que me gusta y que es vocacional. Hacer Cyrano lo sufres y lo disfrutas al mismo tiempo. Siempre se ha llevado una parte importante del tiempo, por eso es importante dedicarte a algo que te guste. Siempre se lo he dicho a mis hijos.

–Sostiene que todos tenemos nuestro lado oscuro. ¿Estamos perdiendo privacidad?

–Es un hecho. La nueva generación tiene que aprender a vivir con eso, con estar más expuesto. Lo vivirán con cierta naturalidad y precaución, por saber lo que eso encierra. Hay mucho loco suelto.

–¿Qué se le avecina a España?

–Si lo supiera sería la leche. Sabría si una obra va a gustar o no antes de hacerla. Harían teatro los banqueros porque ganarían dinero seguro. El Santander haría series de televisión que duren 12 años. ¿Por qué no las hacen o se meten en el teatro? Porque es muy arriesgado. Lo más que hacen es darte un crédito y que con suerte seas capaz de devolverlo. Eso sí que es un negocio seguro.

–¿Cuándo ha sido la última vez que le han dicho: «Váyase, señor Cuesta»?

–Hoy llevo grabando desde las siete de la mañana, pero seguramente antes de llegar a casa me lo habrán dicho. La mayoría te lo dice como una gracia a distancia, cuando te has separado diez metros de su lado. Lo que más me sorprende es la sensación que él tiene de que es la primera vez que me lo dicen. Que ha sido el único al que se le ha ocurrido. Me lo tomo con resignación cristiana, como otras muchas cosas. Pero no me molesta, para nada. De hecho, cuando surgió era bonito porque me recordaba a Emma Penella, que hizo un personaje adorable.