Dos precursoras de la igualdad

Estatua de Beatriz Galindo ‘La Latina’, en la Puerta del Ángel de Madrid./JUAN LÁZARO-ICAL
Estatua de Beatriz Galindo ‘La Latina’, en la Puerta del Ángel de Madrid. / JUAN LÁZARO-ICAL

Beatriz Galindo fue la primera universitaria del mundo y consejera de Isabel La Católica; Lucía de Medrano, la primera catedrática de Europa

C. TABERNERO / ICALSALAMANCA

En el año del ‘MeToo’, la sororidad y la reivindicación por la igualdad salarial y en todos los ámbitos de la vida profesional y personal entre mujeres y hombres, la Universidad cumple 800 años.

Y entre los múltiples méritos del templo del saber salmantino también se encuentra el de contar con la primera mujer estudiante y la primera docente de una universidad en el mundo. Se trata de dos coetáneas, Beatriz Galindo ‘La Latina’ y Luisa de Medrano (tradicional y erróneamente conocida como Lucía) que entre finales del siglo XV y principios del XVI echaron abajo el cerrojo que impedía a las mujeres estudiar en la universidad y consiguieron abrir un camino por el que ahora, en la USAL, más de un 50% del alumnado y casi la mitad del profesorado son mujeres.

El caso más conocido de entre estas dos mujeres es el de Beatriz Galindo. Nacida en Salamanca el 17 de marzo de 1465 «fue, probablemente, la primera mujer universitaria del mundo». Y es que, tal y como especifica la autora Almudena de Arteaga en la obra ‘Beatriz Galindo, La Latina: maestra de reinas’, Galindo procedía «de una familia de humildes hidalgos que vivía a pasos contados de las bulliciosas aulas del alma máter salmanticense», la Universidad de Salamanca, en cuyas aulas pasó «su primera juventud, impregnándose del espíritu universitario que había convertido su Estudio General en referencia del saber humanista de finales del siglo XV».

Desafiando las convenciones de la época, Galindo consiguió, gracias a sus estudios de Latín, «el reconocimiento de sus insignes contemporáneos por su excelsa instrucción». De hecho, de su conocimiento le sobrevino el nombre de ‘La Latina’. Todo ello provocó que, cuando apenas contaba con 16 años, pasase a formar parte de la corte de los Reyes Católicos, primero como preceptora y consejera de la reina Isabel y, posteriormente, como instructora de sus cuatro hijas. Beatriz Galindo falleció en 1534.

Por su legado, Salamanca le dedica un Colegio de Educación Infantil y Primaria. No obstante, su más famoso ‘reconocimiento’ se encuentra en la capital de España. Y es que el céntrico y afamado barrio La Latina de Madrid le debe su nombre a la preceptora y consejera de la reina Isabel ‘La Católica’, tras fundar allí el antiguo hospital de la calle Toledo. En aquel lugar se encontraban los sepulcros de Galindo y su marido, el general Francisco Ramírez, que fueron trasladados a la Casa Museo de San Isidro a principios del siglo XX.

De Luisa a Lucía

Pero si el caso de Beatriz Galindo no es tan conocido como el de otros grandes estudiosos de la época, aún menos lo es el de la segunda mujer que cruzó las puertas del Estudio salmantino para colmarse de conocimiento e, incluso, impartirlo a sus coetáneos masculinos. Luisa de Medrano, a quien se conoce erróneamente como Lucía, fue la «primera mujer profesora universitaria del mundo» de la que existe constancia, ya que tal y como figura en el cronograma histórico realizado por la Oficina del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca para conmemorar la efeméride, «dictó clases de Gramática en el curso 1508-1509», en sustitución de Nebrija.

Beatriz Galindo ‘La Latina’ fue consejera de la reina Isabel e instructora de sus hijas

Los pocos datos que se conocen del paso de Luisa de Medrano por el Estudio salmantino se deben, como explica el escritor Tomás Gismera, autor de ‘Luisa de Medrano: La primera mujer catedrático en Europa’, a las palabras que dejó el humanista siciliano Lucio Marineo Sículo, quien destacó la «elocuencia y sabiduría» de Medrano, así como su «profundo conocimiento» del Latín. De sus textos, además, viene la confusión con su nombre, al trasladar el nombre de Luisa al latín, por lo que comenzó a nombrarse en el siglo XIX, «cuando empieza a conocerse y darse a conocer el legado de Luisa de Medrano», como Lucía. Así lo explica Gismera, nacido en la localidad guadalajareña de Atienza como la primera profesora de la historia de la USAL, quien lamenta que «en la provincia de Guadalajara y en Atienza, donde nació, nadie haya sacado el nombre de Luisa de Medrano a relucir, al contrario que ocurre en Salamanca», donde cuenta con el Salón de Claustros del Edificio Histórico de la Usal y un Instituto de Educación Secundaria. Y es que Luisa de Medran «se enfrentó a un mundo de hombres y triunfó en una época en la que el hombre relegaba a la mujer a servirle».

El legado de Beatriz Galindo y Luisa de Medrano, que hoy se intenta recuperar desde la USAL, es el de «unas pioneras valientes que persiguieron la idea del conocimiento como finalidad». Así las define la profesora titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la USAL, Soledad Murillo de la Vega. Especializada en Derechos Humanas y Políticas Públicas e Igualdad, Murillo reclama al Estudio salmantino «que las reconozca», puesto que aún se tiene «una asignatura pendiente con la igualdad».

«Tenemos solo tres mujeres doctoras honoris causa en 800 años: Santa Teresa de Jesús, la científica Kristen Kyelberg Olsen y la abogada salmantina María Telo, que eliminó la licencia marital obligatoria para viajar, trabajar y estudiar», explica Murillo, quien critica así el «peso rancio de la tradición» que se expande por las universidades europeas.

Murillo pide «dejar de silenciar» el legado de mujeres como Galindo, Medrano o Feliciana Enríquez de Guzmán, quien dos siglos y medio antes que Concepción Arenal entró en las aulas de la USAL vestida de hombre para poder estudiar Teología y Astrología. «Ellas son las precursoras, las primeras en romper las reglas, y las que hicieron que muchas otras, aunque fuera siglos más tarde, dejaran de estar condenadas a una vida sin conocimiento».

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