Abuelo y nieto, 'instagramers' del Camino

Jaime González y su nieto Santi han recorrido más de 1.200 kilómetros desde 2017, cuando peregrinaron por primera vez con 76 y 7 años | A través de su cuenta de Instagram cuentan su historia y cómo esta aventura ha ayudado a Santi a combatir la hiperactividad

Santi y Jaime en el Camino de Santiago./@santi_y_su_abuelo
Santi y Jaime en el Camino de Santiago. / @santi_y_su_abuelo
ANA GONZÁLEZLeón

Con siete años Santi empezó a dar signos de hiperactividad, un trastorno que le convertía en un niño muy activo, con demasiada energía y difícil de distraer. Gracias al empeño y la constancia de su abuelo Jaime, en 2017 le convenció para hacer el Camino de Santiago como terapia, una idea que les ha convertido en dos fieles peregrinos y que han repetido en dos ocasiones más, acumulando más de 1.200 kilómetros en sus piernas.

A través su cuenta de Instagram, @santi_y_su_abuelo, Elena, la madre e hija de los vigueses, cuelga las fotos de la aventura, que ya ha conseguido fidelizar a más de 3.000 usuarios que observan los logros de Santi y Jaime con auténtica admiración. Además, la historia de superación de Santi ha inspirado a muchas personas con familiares que sufren TDAH a contar sus historias a Elena, que siente un «profundo agradecimiento» por los miles de mensajes de apoyo que reciben a diario.

Primera peregrinación

En 2017, cuando Santi tenía siete años, su abuelo, de 76, le propuso hacer en verano la ruta Sarria- Santiago, como «una forma de calmar su hiperactividad y distraerle en verano». La idea, que al principio su madre se tomó como «una broma», salió adelante.

Jaime, que había sido director de Telefónica, conocía muy bien la línea Asturias- Galicia, y tenía pendiente hacer el Camino. Junto con su nieto recorrió los 130 kilómetros que separan la localidad lucense de la casa del Apóstol, y le hizo especial ilusión visitar el puente de Furelos, en el que en 1993 había estado acompañado del por entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga, en la inauguración de una cabina telefónica. Quién le iba a decir que 24 años después peregrinaría junto con su nieto por ese mismo puente.

Esta primera ruta no fue nada fácil. Como recuerda el abuelo, no contaban con «ninguna preparación física» y en varias ocasiones estuvieron tentados de abandonar. Para distraer al inquieto niño, que por entonces «había que hablarle constantemente para que estuviera tranquilo», Jaime encontró la fórmula perfecta, contarle miles de anécdotas de su juventud e infancia. Gracias a esto, Santi se ha convertido «en una enciclopedia andante», apunta su madre, y, como destaca orgulloso su abuelo, «sacó un 10 en geografía por todo lo que estudiamos en la ruta».

El 'milagro' del vacaloura

En uno de esos momentos en los que seguir el camino se hacía un reto casi imposible de cumplir, sucedió «un milagro». En una de sus múltiples conversaciones, Jaime le propuso a su nieto visitar al animal que más le gustara cuando terminaran. Pero la respuesta del niño le sorprendió, «abuelo, quiero ver una escarabajo vacaloura».

A Jaime le pareció «imposible» que fueran a encontrar el escarabajo más grande de Europa, pero mantuvo la esperanza. A falta de dos kilómetros para terminar la etapa, ocurrió el milagro: una escarabajo vacaloura apareció en medio del camino 'patas arriba'. Santi «lo adoptó y lo trajo a casa», señala su madre, y, como apunta Jaime, «encontrarlo nos hizo convertirnos en peregrinos de verdad, porque físicamente no estábamos preparados y aquello nos dio la fuerza mental que necesitábamos».

Segunda peregrinación: el Camino Primitivo

Con más experiencia y preparación física, un año después y ante la mejoría que de Santi, decidieron repetir el camino, en esta ocasión por la ruta primitiva. 321 kilómetros llenos de cuestas, puertos y montañas que conectan Oviedo con Santiago y que una vez más consiguieron completar, en este caso, en 14 días.

Entre cuentos e historias de la infancia, Santi y Jaime superaron el frío, la lluvia y el cansancio y consiguieron su segunda 'Compostela'.

Tercera peregrinación: el Camino Francés

En 2018 abuelo y nieto viajaron hasta Roncesvalles para iniciar la ruta principal: El Camino Francés. Tras varios días de peregrinación Jaime «se fastidió la cadera y, una vez llegaron a Burgos, volvieron a casa porque no podían más», comenta Elena.

Pero no se rindieron: aprovechando las vacaciones escolares, abuelo y nieto se calzaban las botas de montaña y en tres etapas más lograron acabar el Camino, completando los casi 800 kilómetros de ruta.

Una etapa que les llevaría por primera vez a León, donde visitaron la casa Botines y la Catedral, aunque, como comenta el abuelo, lo que más disfrutaron fue la comida. «La cecina, la tortilla, los bocadillos… comimos muy bien en León y nos reconfortaba mucho en las etapas, que eran muy duras», comenta Jaime.

Y es que el calor que pasaron en esta tercera peregrinación fue un gran hándicap, ya que, como señala el abuelo «teníamos que levantarnos a las 5:30 de la mañana para evitar las horas de más calor». Lleno de orgullo, Jaime valora que su nieto «nunca se quejó ni protestó, algo que es de valorar en un niño tan pequeño».

Instagram y la superación de Santi

En 2018 la madre de Santi, animada por una amiga, decidió poner en marcha una cuenta de Instagram donde ir posteando las aventuras que abuelo y nieto vivían a lo largo del Camino. Lo que empezó como una forma de contar la historia de superación de la TDHA de su hijo, cuenta ya con más de 3.000 seguidores que observan con autentica devoción la relación de abuelo y nieto.

«Más allá de los seguidores, lo que más valoro son los mensajes de cariño que recibimos», comenta Elena, que destaca que «la gente se identifica con su relación y les emociona mucho».

Además, la historia de Santi se ha convertido en un referente en la forma de lidiar con la hiperactividad, y «mucha gente nos escribe por el tema de la TDHA buscando apoyo. Es un trastorno bastante duro para las familias porque es difícil lidiar con él, y en nuestra historia encuentran una fuente de inspiración».

Gracias al Camino, Santi, que ahora tiene 10 años, ha mejorado mucho su estado y «todo ha ido mejor en casa desde entonces». Vivir esta experiencia con su abuelo «le ha reforzado mucho el autoestima y le ha ayudado a controlarse y relajarse»

Con la vista puesta en una nueva aventura, Jaime comenta que le encantaría repetir el Camino Primitivo ya que «la parte negativa es que el esfuerzo es tan grande que no puedes disfrutar de lo que vas viendo, y me gustaría volver a recorrer esta ruta para saborear mejor todos los lugares maravillosos que ofrece».