La lusa ilusa

En su renacimiento mediático, María Edite Santos va relatando por los platós que ella no sabía que Julio Iglesias estuviera casado

María Edite, junto a su hijo Javier a las puertas de los juzgados de Valencia. /Reuters
María Edite, junto a su hijo Javier a las puertas de los juzgados de Valencia. / Reuters
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Iglesias Santos. La combinación de apellidos no podía resultar más pía ni más devota... Digna de un milagro, que nunca se produjo. No al menos en el caso de Javier, el hijo de María Edite Santos. Para cuando un tribunal le adjudicó como padre a Julio Iglesias, Javier ya se apellidaba Sánchez (por su padrastro). Y todo el mundo sabe que Sánchez e Iglesias son como el agua y el aceite, una combinación imposible. El cantante no está dispuesto a admitirla. En esto coincide con buena parte de sus compatriotas (aunque por otros motivos).

Julio parece decidido a pasar un agosto a la sombra. No reaparecerá hasta el 14 de septiembre, fecha en la que tiene previsto un concierto en el Agganis Arena de la Universidad de Boston. Los bolos estivales se los deja a María Edite, que ya ha comenzado la gira por los platós televisivos al grito de «Yo sí doy la cara, no como otros», estribillo de la nueva canción del verano.

María Edite es una piedra en el zapato de Julio Iglesias. Y Julio es un hombre de pies extremadamente sensibles. Solo puede usar un tipo de calzado especial fabricado con piel más fina que un guante de cabritilla... Así que la molestia a estas alturas debe de resultarle insufrible. Más aún cuando, además de tener que aceptar ser padre por imposición, le van a obligar también a volver a ser abuelo. Porque Javier (el noveno pasajero de la nutrida 'tripulación' del cantante) ya ha anunciado que espera descendencia. Por si ya era duro para Iglesias tener un hijo en común con la machacona María Edite, ahora deberán compartir también un nieto.

Bendita ignorancia

Nacida en Portugal, donde estudió ballet desde niña, tal como explica ella misma, María Edite es una mujer de la edad de Isabel Preysler, aunque su estado de conservación (y de conversación) no sea exactamente el mismo. Escudada en la reciente sentencia que declara a su hijo descendiente de Julio Iglesias, la exbailarina está viviendo un renacimiento mediático. Tiene un libro publicado, 'Un hijo con Julio Iglesias', que ahora el fallo de un jurado ha elevado a la categoría de autobiografía verídica.

Cuenta María Edite que en 1975, cuando mantuvo relaciones con Julio, no sabía que él estuviera casado, porque ella acababa de llegar de Portugal y allí a Iglesias no lo conocía nadie... Cierto es que entonces no existía Wikipedia, pero a poco que hubiera preguntado, Santos habría descubierto que además de ser padre de tres hijos (uno de ellos, Enrique, nacido ese mismo año), el cantante ya había ganado para entonces el festival de Benidorm y había quedado cuarto en Eurovisión con 'Gwendolyne', canción que lo catapultó a la fama. Sobre todo porque su primera estrofa decía «Tan dentro de mí conservo el calor...», y eso provocó que algunos lo apodaran irónicamente 'el termo'.

La venda se le cayó de los ojos a la ilusa lusa cuando en una sala de fiestas coincidió con la legítima, a la sazón Isabel Preysler. «Cabreadísima», María Edite decidió adoptar la forma de gota malaya. «Todavía queda guerra», avisa 44 años después. Y es que la sentencia va a ser recurrida por el cantante. Edite niega que su persistencia tenga que ver con los 30 millones de herencia que podrían caerle a 'su' Javier como hijo natural de Julio Iglesias. «Lo importante no es lo que va a tener sino lo que no ha tenido», puntualiza. Pero a estas alturas nadie se cree que Sánchez se vaya a dar por satisfecho con recibir únicamente ese abrazo paternal que tanto ha echado de menos.