Federer, el señor de las raquetas

El suizo ha deleitado con su presencia y su tenis a los aficionados de la Caja Mágica

Roger Federer se despide del público de la Caja Mágica en Madrid tras perder ante Thiem. /Gabriel Bouys - AFP
Roger Federer se despide del público de la Caja Mágica en Madrid tras perder ante Thiem. / Gabriel Bouys - AFP
ANTONIO VEGAMadrid

Como si hubiera tocado el gordo. Es exactamente lo que les ha ocurrido a las instituciones que conforman el magma de un acontecimiento social como ser sede de un torneo de tenis profesional de la categoría de un Master 1000. No sólo se trata de señalar a Madrid como beneficiaria de tal acontecimiento gozoso, sino que es justo mencionar a los aficionados residentes y enamorados de este deporte, a los que migran a dicha ciudad para presenciarlo, a los que los disfrutan viéndolo a través de los medios de comunicación –principalmente la televisión–, a los patrocinadores que atisban la oportunidad de hacer su negocio financiando partes del evento, a los organizadores, directores, agencias de viaje, hoteles...

Pues bien, ocurrido lo anterior, hay que constatar que todo ello se multiplica «ad infinitum» si en estos tiempos, un señor, tenista de profesión, aplicando sus algoritmos personales, sumas y restas, multiplicaciones y divisiones, decide participar en dicho evento. Ese caballero señor de las raquetas se llama Roger Federer, suizo de nacimiento y número uno histórico y universal –por aclamación se podría decir–, de ese deporte tan difícil y tan mágico, como es el tenis. Efectivamente, este año a la tenística ciudad de Madrid y demás instituciones participantes, les tocó el gordo: Participa Roger Federer.

No las teníamos todas consigo porque ya llevábamos cuatro años que no nos tocaba la lotería y casi llegamos a pensar que ya no nos iba a tocar más el premio máximo, porque el caballero en cuestión, es humano, y en edad estaba cumpliendo la mitad de su cuarta década de vida, estando en esta temporada de gracia para nosotros, cumpliendo los treinta y siete añitos, que no es poco para un deportista de su nivel, aunque esté en el Olimpo. Sabíamos además, a pesar de que estas cosas se llevan con la máxima reserva, que había por ahí algunos problemas físicos, de espalda. También hacía tiempo que el caballero había decidido casarse, con lo que ello implica de dividir todavía más el objeto de sus atenciones y fervores. Si encima se observa que en este intervalo ha tenido cuatro vástagos, aunque eso sí, necesitando sólo dos tandas dobles, con perfecta combinación de sexos, nos había hecho llegar a la conclusión de que ya no nos volvería a tocar jamás el premio gordo.

Al final, hubo noticia feliz y el señor Federer pisó la tierra de Madrid, jugando y dejando ese regusto y admiración que produce ver a alguien hacer las cosas bien, con elegancia y con el éxtasis que nos da observar cuando un genio está trabajando en lo suyo. Podría ocurrir que no ganara el torneo y ayer Dominique Thiem –¡maldita juventud!– cometió el sacrilegio deportivo de despedirlo. Pero es igual, le hemos visto en Madrid, conservaremos la entrada y la memoria para poder decirle a nuestros hijos que nosotros vimos jugar a Roger Federer en la Caja Mágica.

¿Porqué razón habrá decidido venir a Madrid, si aquí las pistas son de tierra? Quizás la altura juega a su favor. ¿Quiere recuperar el número uno? A estas alturas entendemos que Federer está de vuelta de todo eso. Quizás la respuesta sea más simple. Quizás ha decidido dar ese premio máximo de su presencia a Madrid. Y todos nosotros le estaremos muy agradecidos. Amén.