El futuro del reino se decidió en Renedo

La obra teatral de 'La encrucijada de Castilla', de Juan Manuel Olcese, recopila las claves de la última reunión entre Fernando el Católico y Felipe el Hermoso

El historiador y profesor Juan Manuel Olcese posa en el Palacio de Santa Cruz con un ejemplar de su libro 'La encrucijada de Castilla'. /Ramón Alonso
El historiador y profesor Juan Manuel Olcese posa en el Palacio de Santa Cruz con un ejemplar de su libro 'La encrucijada de Castilla'. / Ramón Alonso
Clara Rodríguez Miguélez
CLARA RODRÍGUEZ MIGUÉLEZ Valladolid

5 de julio de 1506. Fernando el Católico y Felipe el Hermoso se ven por última vez antes de que el segundo de ellos muera. ¿El lugar? Renedo de Esgueva. Un par de años más tarde, una doliente reina Juana de Castilla recala en el pueblo camino de Tordesillas. Ambos acontecimientos históricos configuran toda una recreación teatral que se interpreta por las calles de Renedo, pero la historia nunca se reconstruye sola. En este caso, el texto se concreta en un libro que rápidamente agotó su primera edición: ‘La encrucijada de Castilla’, de Juan Manuel Olcese (Valladolid, 1978), doctor en Historia, profesor y escritor.

Tras la muerte de Isabel la Católica, el reino de Castilla queda huérfano en una situación compleja: el supuesto desequilibrio mental de Juana, apodada La Loca y sucesora al trono, supone el comienzo de una lucha de poder entre el padre de ésta, Fernando de Aragón, y su marido, conde de Flandes. El escritor, que sostiene que «la historia es maestra de la vida», destaca el carácter desconocido de esta entrevista que se produce en Renedo pocos días después de la Concordia de Villafáfila. El pasado 26 de agosto, en el pueblo se desplegó la tercera edición del espectáculo que se basa en el texto de ‘La encrucijada de Castilla’, ya que la obra fue encargada y editada por el Ayuntamiento de Renedo de Esgueva y la Diputación Provincial de Valladolid con el objetivo de representar ese momento.

El beneficio recaudado con la primera edición, de 500 ejemplares, se destinó íntegramente a una asociación de costura que confecciona los trajes para los actores. El montaje incluye no sólo a Escenas, la compañía encargada, sino también a músicos, danzarines y una coral. «Yo soy historiador y me gusta el rigor histórico, así que las escenas documentadas son fieles», expone el autor, «luego hay otras escenas que recreo de manera más literaria».

Aunque siempre se contempló que reinara junto a su esposa, la mayoría de la nobleza apoyaba a Felipe. Así, a pesar de que el cardenal Cisneros ejercía de intermediario, Fernando el Católico se vio obligado a renunciar a gobernar en Castilla. Olcese define a la Concordia de Villafáfila como una exclusión deshonrosa del monarca. «Fernando, un hombre muy inteligente y maquiavélico, prepara esa entrevista con la intención de disfrazar la situación y hacerla pasar por una simple despedida padre-hijo». Así, en el documento que acompañó a la vista, el ‘viejo aragonés’ se deshace en halagos para su ‘querido hijo’, cuando en realidad la tensión entre ambos fue enorme. «Estuvo muy cerca de producirse una guerra civil, pero Fernando midió bien las fuerzas», apostilla Olcese. El rey se percató de que tenía todas las de perder: el historiador refiere que acompañaban al noble flamenco 40 barcos y más de 2.000 mercenarios.

Apenas un verano después, Felipe murió y la situación volvió a resultar propicia para Fernando. Sin embargo, durante aquellos meses pudo haberse truncado la ambición que proyectaban Isabel y Fernando respecto a la unión de sus reinos.

Guiños a Lope y a Lorca

La recreación incluye año tras año más escenas de la obra, con la aspiración de que se represente por completo. En el texto se cruzan una diversidad de influencias que incluye a dramaturgos como Lope de Vega, según realza el mismo autor. «La escena del anuncio de la muerte de Felipe tiene un enfoque lorquiano, con influencia de ‘Bodas de sangre’». Juan Manuel Olcese confiesa que su momento preferido para escribir es por las noches y que admira el neorrealismo de José Ángel Mañas e Irvine Welsh. «Me gusta mucho la literatura con músculo, con diálogo y menor descripción», declara. Autor de libros de investigación histórica y de novelas como ‘El relevo’ (2005) y ‘La mirada del café’ (2008), no sólo es reconocido por su brillante currículum, sino también por la labor que ejerce como profesor.

Cuando nació su primer hijo, Diego, al que dedica la obra teatral, el vallisoletano aprovechó los meses de excedencia para encarar el proyecto de ‘La encrucijada de Castilla’. «Ahora quiero dedicarle algo a Miguel», revela, refiriéndose a su hijo pequeño. La ausencia de las aulas que motivó su segundo vástago bastó para que sus alumnos del IES Las Salinas le dedicasen una recogida de firmas en Change.org en la que pedían que volviera a impartirles clase. Su promotor expresaba el sentir general de una manera sencilla y castiza: «Porque le echamos de menos, joder».