¿Quién fue Benigno de la Vega Inclán: visionario del turismo o gestor incompetente?

A los 160 años del nacimiento del vallisoletano Benigno de la Vega Inclán, primer comisario de Turismo y creador de Paradores, su labor suscita juicios enfrentados

Benigno le Valle-Inclán. /
Benigno le Valle-Inclán.
ENRIQUE BERZAL

Creador de la Red de Paradores nacionales, cuando la realidad es que la iniciativa partió de un vallisoletano nacido hace 160 años cuya estrecha relación con Alfonso XIII le aupó a la Comisaría Regia de Turismo, primer organismo creado desde el Gobierno central para impulsar la actividad turística en nuestro país.

Se llamaba Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer y a él se debieron, además, otras elogiadas empresas patrimoniales como la creación del Museo de Sorolla o la recuperación de las moradas que habitaron el Greco y Cervantes para convertirlas en casas-museos. Nacido en la ciudad del Pisuerga el 29 de junio de 1858, era hijo del militar Miguel de la Vega-Inclán, ennoblecido por Alfonso XIII, que llegó a ser capitán general de Baleares, Castilla la Nueva y Puerto Rico. Siendo un niño, Benigno se trasladó con su familia a Barcelona y Madrid, ciudad esta donde asistió a algunas clases de la Escuela de Artes. Siguió los pasos de su padre, a quien acompañó en diversos destinos, se formó en la Academia de Caballería de Valladolid y obtuvo el grado de coronel en 1920. Desde principios de siglo se significó como aficionado y coleccionista de arte, permaneció varios temporadas en París, Londres y Berlín empapándose de sus maravillas patrimoniales y hasta se forjó fama como especialista en la pintura española del Siglo de Oro.

De pie, junto al pintor Sorolla.
De pie, junto al pintor Sorolla. / Ministerio de Cultura

Su carácter un tanto heterodoxo y bohemio, su ideario liberal, sus afinidades con exponentes destacados del regeneracionismo y, sobre todo, su buena relación con la Casa Real, en especial con el monarca Alfonso XIII, le pusieron en el punto de mira del Gobierno de Canalejas cuando hubo que buscar un responsable para la Comisaría Regia de Turismo. Esta, creada por decreto en junio de 1911, tenía como objetivo «procurar el desarrollo del turismo y la divulgación de la cultura artística…; la vulgarización de los conocimientos elementales del arte y el aumento de la cultura artística colectiva; vigilar la conservación eficaz y procurar la exhibición adecuada de la España artística, monumental y pintoresca; promover y sostener las relaciones internacionales que la época actual exigen en materia artística; facilitar el conocimiento y el estudio de España procurando la comodidad de los alojamientos, la seguridad y rapidez de las comunicaciones y el acceso a las bellezas naturales y artísticas de nuestra Patria».

No conviene olvidar que, cuatro años antes, el vallisoletano había provocado encendidos elogios por la creación y cesión al Estado de la flamante Casa del Greco, en Toledo, inaugurada en 1910. Durante los 17 años que duró su mandato, hasta 1928, Benigno de la Vega-Inclán emprendió labores de restauración, recuperación y creación artística tan destacadas como, por ejemplo, la citada adquisición y rehabilitación de la Casa del Greco, el Museo Románico de Madrid, inaugurado en 1924, la recuperación del barrio de Santa Cruz y de los jardines del Alcázar de Sevilla, o la compra y rehabilitación, en 1916, de la Casa de Cervantes en su Valladolid natal.

magen del Parador de Gredos, inaugurado en 1928 y primero construido por iniciativa del marqués.
magen del Parador de Gredos, inaugurado en 1928 y primero construido por iniciativa del marqués.

También impulsó la publicación de singulares guías turísticas y, sobre todo, los veinte tomos de 'El arte en España', además de promocionar el lema turístico 'Sunny Spain' con motivo de la participación de nuestro país en la Exposición Mundial de Londres de 1914. En su última etapa como comisario regio de Turismo, alentó la atracción de capital extranjero para la apertura de hoteles y promovió la Red Estatal de Paradores, para lo que se fijó en los moteles californianos. El primer Parador fue el de la Sierra de Gredos, abierto en 1928, mismo año en que comenzó a construirse el de Mérida.

Juicios enfrentados

Vocal del Museo del Prado, miembro de la Real Academia de la Historia e impulsor del Museo de So­rolla, contribuyó además a la redacción del famoso decreto de agosto de 1926 sobre protección y conservación de la riqueza artística de España, antecedente de la Ley de Patrimonio de 1933. Todo lo dicho no es óbice, sin embargo, para que su labor haya generado juicios históricos enfrentados; así, mientras autores como Traver, Menéndez, Fernández Fuster o Rivera no dudan en calificarlo como auténtico visionario y hombre adelantado a su tiempo, gracias al cual el Estado comenzó a gestionar el sector turístico con visos de modernidad, otros como Ana Moreno o Jorge Villaverde han reparado también en sus sombras como gestor. Si Moreno, por ejemplo, incide en la inactividad de su segunda etapa en la Comisaría, de 1920 a 1928, y en la limitación que supuso el haberse centrado solo en asuntos de índole cultural, descuidando el resto de aspectos turísticos, Villaverde se muestra mucho más duro.

Salón del Museo del Romanticismo, creado por Vega Inclán en 1924.
Salón del Museo del Romanticismo, creado por Vega Inclán en 1924.

No solo porque, a su juicio, la Casa del Greco fuera la única iniciativa de ese tipo que logró cierto éxito, sino también por la escasa adecuación de sus publicaciones y folletos a la propaganda turística del momento, su descuido de la cartelería en pleno despegue de la misma en Europa, su incapacidad para aprovechar la demanda turística europea durante la Primera Guerra Mundial y su obsesión por obstaculizar otras iniciativas turísticas organizadas al margen de su Comisaría. A juicio de este autor, en definitiva, el «marqués de la Vega-Incapaz» fue un gestor incompetente que demoró la modernización del turismo en España.

Desprovisto, en 1928, de la confianza del dictador Miguel Primo de Rivera y del propio monarca, el final de la Comisaría Regia y su sustitución, ese mismo año, por el Patronato Nacional de Turismo supusieron también el fin de la actividad pública del vallisoletano, que poco después adquiría el famoso balneario de La Isabela en Sacedón (Guadalajara). Durante la Guerra Civil estuvo un tiempo en París, donde colaboró con el bando sublevado a supervisar el destino de las obras del patrimonio que la República envió a Ginebra para salvarlas de los bombardeos. Antes de su muerte, ocurrida en Madrid el 6 de enero de 1942, había tratado infructuosamente de que lo recibiese el propio Jefe del Estado, general Franco.

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