«La Universidad tiene que cambiar el chip»

Marcos Sactristán, rector de la Unviersidad de Valladolid

VIDAL ARRANZVALLADOLID
«La Universidad tiene que cambiar el chip»

A Marcos Sacristán le ha tocado llevar la batuta de la Universidad pública durante los peores años de la crisis, con las dificultades derivadas de la merma de recursos públicos. Pero lo que más le duele es la sospecha de que la sociedad vallisoletana no tiene en suficiente estima a esta institución, de la que ignora hasta qué punto apoya el desarrollo económico general con sus alumnos, congresos, actos e intercambios académicos. «Valladolid debería volcarse más en el apoyo a su universidad porque beneficiaría a todos», opina. Y para estimularlo, aboga por «cambiar el chip» dentro de la institución, porque «hoy el paño en el arca no se vende y hay que trasladar una imagen más activa a la sociedad».

Olmedano de nacimiento y vallisoletano de ejercicio, con parada temporal en Burgos, de cuya universidad fue el primer rector, Sacristán lamenta que la Universidad vallisoletana no tenga el nivel de influencia en la sociedad que debería. «A la UVA se la ve con una cierta desconfianza, que no está justificada por todo lo que está aportando a la sociedad vallisoletana. Quizás es que no somos capaces de transmitir bien lo que estamos haciendo pero nuestros profesores tienen una participación social muy activa».

La comparación con la Universidad salmantina permite aflorar algunas claves de reflexión, aunque no puede ignorarse que las circunstancias son muy distintas. «En Valladolid la aportación de la Universidad al PIB provincial es menos importante que en Salamanca, donde es casi el principal motor. Aquí tenemos que competir con Renault, o la administración autonómica, por lo que nuestra importancia relativa es menor y se nos nota menos. Quizás eso explique por qué la ciudadanía está más despegada».

No obstante, hay también margen para la autocrítica. «Quizás no somos tan hábiles como Salamanca para dar a la Universidad la visibilidad que el común de los ciudadanos busca», admite Sacristán. Y pone como ejemplo todo lo que tiene que ver con la presencia social a través de actos académicos o institucionales de carácter solemne, y con presencia de autoridades. «Esto está mucho más desarrollado en otras universidades que aquí».

Objetivo habitual de las críticas, por los bajos rendimientos que la UVA obtiene en los rankings internacionales de excelencia e investigación, el rector defiende que los resultados hay que ponerlos en relación con los recursos económicos y la inversión, y que los estudios que toman en consideración esos factores revelan que la eficiencia de la universidad española en general, y de la de Valladolid en particular, es mucho más alta de lo que habitualmente se le atribuye. «Y mayor de la que le reconoce el Gobierno», cuyo juicio negativo le pareció «muy apresurado».

En este sentido, lamenta que los parámetros que guían las clasificaciones internacionales estén elaborados en sociedades anglosajonas, muy diferentes a la española, y en las que el peso de las aportaciones privadas es mucho más importante que aquí. «En aquellos países existe una cultura por la que los antiguos alumnos que han alcanzado el éxito en su carrera profesional devuelven una parte a la universidad en la que se formaron, en forma de donaciones». Eso es esencial, por ejemplo, para que allí puedan fichar como profesor a un premio Nobel, que es uno de los criterios que contribuyen a subir puestos. «De eso aquí, nada. Y, además, la financiación pública española está por debajo de la de otros países similares de nuestro entorno europeo», añade.

Todo ello apunta a la necesidad de buscar recursos extra en el mecenazgo. El rector vallisoletano está de acuerdo, aunque reconoce que actualmente «no hay una estrategia activa de búsqueda». En su lugar se ha optado por buscar enlaces con la sociedad, a modo de embajadores. «Está funcionando muy bien en el ámbito de la internacionalización, para firmar convenios con otras universidades. Pero recaudar dinero es más difícil», admite. Con todo, confía en que los consejos sociales «sean más activos y logren también más resultados en este campo».

A su juicio, «es bueno promocionar este espíritu, pero pasará mucho tiempo hasta que la colaboración privada pueda llegar a suplir a una buena financiación pública» en la Universidad.

Niega también Sacristán que existan demasiadas universidades en Castilla y León, y que ello pueda estar en el origen de los problemas que sufre la institución. «Nuevamente los estudios más serios indican que en España, y en Castilla y León, estamos en línea con los países avanzados», asegura. «El problema no es tanto el exceso de universidades como el exceso de titulaciones repetidas y que no encuentran estudiantes interesados en ellas».

La solución ha de pasar por una cierta especialización, «pero eso es un problema en universidades generalistas como la de Valladolid o la de Salamanca, porque el trasvase de profesores de un área a otra no es fácil y puede llegar a ser imposible».

Sacristán apoya las iniciativas para reforzar la colaboración entre las universidades, especialmente en el ámbito de la comunidad autónoma, mediante la fórmula de las titulaciones compartidas, y apoyándose en medios alternativos como la enseñanza virtual. «Esta es la vía que apoya la Consejería de Educación pero es también la que intentamos impulsar las universidades de Valladolid, León y Burgos en el Campus de Excelencia», explica. Pero admite que «la colaboración entre universidades es difícil».

«Cada rector ve la subsistencia de su institución en el refuerzo de lo propio más que en los proyectos comunes. Simultanear la competencia y la colaboración es muy complicado, aunque es una absoluta necesidad», recalca el rector vallisoletano.