Una guía de Adisac La Voz pone en valor los castros más significativos de Sanabria

ARACELI SAAVEDRA| PUEBLA
Vista del castro Santo Toribio, en Ferreros. /A. SAAVEDRA/
Vista del castro Santo Toribio, en Ferreros. /A. SAAVEDRA

La asociación de Desarrollo Adisac La Voz culmina con la edición de una guía el trabajo arqueológico de puesta en valor de los castros más representativos de la comarca: As Muradellas (Lubián), Los Corralones (Espadañado) y Santo Toribio (Ferreros).

El castro de As Muradellas está situado a tres kilómetros de Lubián, y la datación más probable es del siglo III antes de Cristo. El medio físico y climático en que se desarrollaron sus pobladores era muy similar al actual, aunque con temperaturas algo más fresca que las actuales y lluvioso.

As Muradellas estuvo poblada por Astures y como en otros asentamientos la ganadería era su principal medio de vida.

El castro de Lubián, al igual que otros en la II Edad del Hierro, se construyó con un fuerte aparato defensivo, común en las sociedades prerromanas. A las defensas naturales, propiciadas por el río y el meandro y la geografía escarpada de esta zona, los habitantes reforzaron las zonas más débiles en el oriente. Uno de los datos más sobresalientes es que se levantaron dos recintos fortificados precedidos de fosos y piedras hincadas.

Sistema defensivo

Las piedras hincadas completan un complejo sistema defensivo, con piedras en arista que sobresalen entre 60 y 90 centímetros del suelo. Su finalidad era impedir la entrada de caballería o animales salvajes, que la ralentizar su movimiento los hacía más vulnerables.

El yacimiento de Santo Toribio está situado en Ferreros y comprende una construcción castrense habitada entre el siglo I antes de Cristo hasta el IV después de Cristo.

Geográficamente se ubica en un sucesión de estructuras plegadas del terreno, probablemente del periodo precámbrico.

Su actividad principal apunta a la metalurgia y los minerales tanto para su abastecimiento como para otros castros. El castro está en un emplazamiento rico en cuarzo y posiblemente en oro asociado. Los talles estaban situados dentro de los poblados, formaban parte de las viviendas familiares, y todo apunta a que se trabajaba tanto el hierro como el bronce, el oro o la plata.

Explotación de oro

El castro de los Corralones, en Espadañedo, está situado en el reborde occidental de la Cuenca del Duero, y su aurífera no pasó desapercibida para los habitantes de esta zona, astures primero y colonizadores romanos después. La mina de Los Corralones concentraba pequeñas partículas de oro dispersas. Su extracción se realizaba mediante canales de abastecimiento -desviados desde el arroya las Llagas- que transportaban el agua hasta los depósitos de regulación y explotación. A través de unos canales de explotación, el agua caía con fuerza en la zona minera para completar las labores. Los indicios arqueológicos apuntan a que quines realizaban estas labores no eran esclavos sino que desarrollaban otras tareas agroganaderas.

El campamento romano de Petavonium en Rosinos de Vidriales, reflejado en la guía de Sanabria, tenía un valor estratégico en el control del paso natural hacia la zona astur y la vigilancia de los recursos mineros, especialmente del oro, proveniente del noroeste.

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