La maestra condenada en vida

Escuela de Pozaldez en 1934, con la maestra María Anievas Aragón.
Escuela de Pozaldez en 1934, con la maestra María Anievas Aragón. / Ayuuntamiento de Pozaldez
  • En marzo de 2016, PP y PSOE acordaron por unanimidad restituir la dignidad herida de María Anievas, la maestra de Pozaldez que al estallar la guerra civil fue separada de la enseñanza, golpeada y humillada por las calles del pueblo

«La actuación en esta villa de la maestra nacional con ejercicio en la misma doña María Anievas Aragón es francamente revolucionaria, extremista». Solo con esta frase, lapidaria, el Ayuntamiento de Pozaldez condenó de por vida a María Anievas Aragón, maestra del pueblo desde 1927 y mujer entusiasta de la cultura, el teatro y la poesía. Era el 18 de agosto de 1936, justo un mes después de la sublevación militar que provocó la Guerra Civil. María ya no volvería a las aulas, ni siquiera pudo comenzar el nuevo curso. La depuración del nuevo Estado franquista fue implacable. Lo que vino a continuación aún pone los pelos de punta. A María Nievas la humillaron en público, fue vejada e insultada, le raparon la cabeza y la pasearon desnuda por las calles del pueblo antes de ser entregada a las autoridades pertinentes, que no tardarían en apartarla definitivamente de su trabajo y condenarla por auxilio a la rebelión.

Anievas falleció en 1994 sin que ninguna autoridad del pueblo se ocupara de restaurar su maltrecha dignidad. Hasta el 28 de marzo de 2016, cuando, gracias a una moción presentada por el concejal socialista José María Martínez Hernández, el pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad, con los votos de los seis ediles, cuatro del PP y dos del PSOE, anular la moción del 18 de agosto de 1936 y restituir así «la integridad y el pundonor profesional de doña María Anievas Aragón», gracias a lo cual, concluía el escrito, «la institución municipal salda a la vez la deuda moral de silencio e ignominia que nuestro pueblo tiene con su memoria y contribuye a restablecer la justicia social a la que toda persona tiene derecho y la ciudadanía demanda». Lo cierto es que María Anievas Aragón, hija de Félix y Petra, había dejado una huella profunda en el pueblo.

El Norte de Castilla dio fe, por ejemplo, de su ejemplar labor con los niños de Pozaldez, su último y definitivo destino como maestra –aprobó la oposición en septiembre de 1924 y hasta 1927 ejerció en Udías, provincia de Santander, y Peñaflor de Hornija– a través de diversos actos. «Con la representación de la obra escenificada de los mártires de las catacumbas ‘Fabiola’, se ha presentado en el Teatro Principal de Pozaldez una compañía infantil muy acertadamente dirigida por las señoritas Asunción de la Cruz y María Anievas, maestras nacionales de aquella localidad», puede leerse, por ejemplo, el 12 de diciembre de 1932. Dos años después, con motivo de la Fiesta de la Salud, Anievas volvía a llamar la atención del rotativo por la importante labor realizada entre los niños, a quienes congregó en las escuelas para que escucharan al médico José Bouzas y al farmacéutico Alejandro Martín hablar sobre ‘Higiene corporal y alcoholismo’ y ‘Las aguas en su aspecto químico-sanitario’.

El poeta Francisco Pino, alumno de María Nievas

El poeta Francisco Pino, alumno de María Nievas

Vallisoletana nacida el 8 de septiembre de 1903, María Anievas conjugaba su vocación docente, en línea como las teorías pedagógicas más avanzadas, herederas por tanto de la Institución Libre de Enseñanza, con un talante abiertamente reivindicativo que confluyó en un compromiso político explícito. Ya lo habían podido comprobar las autoridades de Peñaflor de Hornija, a las que María había demandado por no sufragarle los gastos de la casa-habitación: la sentencia, fechada en marzo de 1927, condenó al Ayuntamiento de esa localidad a abonarle 250 pesetas anuales.

Alcaldesa combativa

Durante la República militó en la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, de la UGT, y llegó a ejercer el cargo de alcaldesa en febrero de 1933. Era una de las nueve mujeres, resaltaba El Norte de Castilla, que ese año presidieron comisiones gestoras municipales en la provincia. Claro está, su carácter combativo y su pertenencia a la Casa del Pueblo, a cuya conclusión contribuyó con la cantidad de diez pesetas, la pusieron en el punto de mira de las élites conservadoras. Cuando el 18 de julio de 1936 estalló la sublevación militar, Anievas no tardó en ser detenida por falangistas de Pozaldez. Ni siquiera pudo comenzar el nuevo curso. Aquel verano lo había pasado en la residencia que su hermano Gerardo, también maestro de profesión, tenía en Castrillo de la Vega, en Aranda de Duero. Al mes siguiente de producirse el golpe de Estado, aún con la maestra de vacaciones, el Ayuntamiento, presidido por Policarpo García Plaza, se reunió en pleno extraordinario para tratar «exclusivamente de la conducta y de la actuación observada en esta villa de la maestra nacional con ejercicio en la misma doña María Anievas Aragón».

Por unanimidad, la Corporación acordó informar negativamente: la acusaron de ser «francamente revolucionaria, extremista», de pertenecer a la Casa del Pueblo y tener trato con los miembros más significados de la misma, de animar a los obreros a la revolución y a la lucha violenta contra los elementos de derechas, de perjudicar «sin que tuviera el menor motivo para ello a una de las familias más significadas derechista, la del Médico don Mariano García Martín, formulando contra ella dos denuncias ante el Juzgado de Instrucción totalmente falsas y que ante la digna autoridad judicial no pudieron prosperar, denunciando igualmente ante el señor gobernador civil de la provincia a un hijo del citado señor por el supuesto delito de decir ‘Viva España’ ‘Viva la monarquía y el clero’, imponiéndole dicho señor gobernador la multa de quinientas pesetas, que probada la falsedad de la citada denuncia hubo de considerar».

Todos los concejales –Germán Fernández, Félix de Castro, Severino Sáez, Alejandro Díez y Julián Lorenzo (actuaba como secretario Antonio Sáez)– secundaron la propuesta del alcalde, acordando «que dicha maestra nacional María Anievas Aragón (…) debe ser detenida como elemento peligroso contrario al glorioso movimiento nacional y desde luego ser retirada y separada de la enseñanza primaria». Acto seguido, enviaron el acuerdo al gobernador civil y a las principales autoridades encargadas de la depuración del magisterio, entre ellas el inspector de Primera Enseñanza y el rector de la Universidad de Valladolid.

Anievas fue detenida el 6 de agosto de 1936 y trasladada a la cárcel de Medina del Campo. Cuentan que nada más bajar de la estación, un joven falangista, muy conocido en el pueblo por sus ademanes chulescos, le propinó una tremenda paliza delante de todos los presentes, que no eran pocos. Luego, entre insultos y amenazas, le cortaron el pelo y la pasearon desnuda por las calles de Pozaldez. Las nuevas autoridades no tuvieron piedad: como ha escrito la historiadora María Jesús Izquierdo en el libro ‘Pizarras vacías’, mientras que los otros dos maestros del pueblo que también fueron depurados negativamente, José Jiménez Marina y Obdulia Escudero Velasco, pudieron volver a sus puestos tras cumplir la pena impuesta, Anievas nunca volvería a las aulas.

Pino en una fotografía de juventud

Pino en una fotografía de juventud

No solo fue separada definitivamente de la enseñanza y dada de baja en el escalafón (diciembre de 1939), sino condenada a 12 años de reclusión en mayo de 1937: «En este juicio se la calificó de elemento extremista muy peligroso, asesora e instigadora de todos los desórdenes habidos en la localidad, provocando e incitando en distintas ocasiones a los vecinos a la revolución, acudiendo con los puños en alto a todas las manifestaciones obreras», señala Izquierdo. El 12 de junio de 1941 se le concedió la libertad vigilada y el 23 de agosto de 1948, la definitiva. Estaba en Bilbao cuando salió de la cárcel. Mucho antes, el Tribunal de Responsabilidades Políticas le había impuesto la desorbitada multa de 30.000 pesetas, que no pudo abonar por tener los bienes incautados; finalmente, en 1943 se le absolvió de esta pena.

Anievas tuvo que esperar hasta el 22 de mayo de 1975 para que el Tribunal Supremo anulara la sentencia que la separó del servicio. Cuando el 30 de marzo de 1994 falleció en Valladolid, ciudad en la que residía desde 1943, su recuerdo llevaba demasiado tiempo sepultado, confinado en los oscuros rincones de la memoria colectiva; hasta el 28 de marzo del año pasado, cuando PP y PSOE acordaron suturar definitivamente la herida restituyendo por unanimidad la dignidad humana y profesional de aquella joven maestra nacional.