Torrelobatón cena con los comuneros

El grupo de teatro La Barbacana representa la última noche de los Comuneros en Torrelobatón/ Alejandro Hernández
El grupo de teatro La Barbacana representa la última noche de los Comuneros en Torrelobatón / Alejandro Hernández

La localidad inaugura el cartel de sus XXI Jornadas Comuneras con gran éxito de participación.

N. LUENGOTorrelobatón

Compartir mesa con el mismísimo Padilla, comer con las manos un buen asado trinchado sobre medio pan, o ser testigo de cómo se gestó la salida de los comuneros desde Torrelobatón. Son privilegios que un centenar de torreños han podido disfrutar este fin de semana durante la celebración de las dos primeras actividades de las XXI Jornadas Comuneras, organizadas por la Asociación Cultural el Castillo de Torrelobatón.

El centro cultural del municipio se convirtió para la ocasión en un gran salón de banquetes del año 1521, para representar la última noche que los Comuneros pasaron en la localidad, justo antes de la derrota en Villalar. Poco a poco, los comensales, también ataviados al estilo de la época, fueron tomando asiento para disfrutar de un apetitoso festín que contó con toda clase de divertimentos.

La música de ambiente corrió por cuenta de los integrantes de la Charambita de Villanubla, que tocaron varias piezas populares con instrumentos tradicionales como la dulzaina, la flauta prebarroca, el tamboril, la chirimía, la gaita y diferentes percusiones. Acto seguido arrancó la recreación histórica a cargo de los actores del grupo local de teatro La Barbacana, que interpretaron a Padilla, Bravo y Maldonado mientras planeaban la mejore estrategia para partir hacia Toro, donde querían asentar su cuartel general. Estaban exultantes, habían salido victoriosos, tras meses de dura contienda en el castillo de Torrelobatón, contra los partidarios del rey. La noche se presentaba bien para los tres capitanes comuneros, que recibieron la visita de sus esposas, María Pacheco, mujer de Padilla, Aldonza Puerta, la de Maldonado y Ana Negro, la de Juan Bravo. En el ambiente reinaba la algarabía, mientras los capitanes, soldados y vecinos de Torrelobatón, todos con babero, disfrutaban a lo grande de la cena.

Nada hacía presagiar lo que al día siguiente ocurriría en Villalar, hasta que una pitonisa que apareció entre los comensales, vaticinó lo peor. «No marchéis a la batalla, que lo que hoy es festín, mañana será pena», les advirtió. Pero comuneros y torreños, haciendo caso omiso a la advertencia, continuaron planificando su mejor estrategia y disfrutando de festín consistente en sopas de ajo, escabechados, codillo asado con patatas y queso con membrillo. Mientras, de fondo, la música sonaba y todos cantaban «Hoy comamos y bebamos», una égloga de la época, obra de Juan del Encina. La sobremesa se alargó hasta bien entrada la noche con animados bailes, hasta que los comuneros se despidieron y partieron hacia el castillo, de donde saldrían al día siguiente hacia Toro.

El domingo los protagonistas fueron los niños. Ataviados de comuneros, de soldados, reyes y princesas, se divirtieron a lo grande en una copiosa merienda también al estilo medieval. Tras el banquete a media tarde, los niños participaron en unas justas comuneras, lucharon con sus espadas, compitieron en tiro con arco y aprendieron a hacer malabares.

Ambas actividades sirven como preludio al gran mercado comunero que se celebrará el próximo 23 de abril, día de Castilla y León. Una fiesta que cada año recibe miles de turistas y curiosos para disfrutar de la recreación de uno de los hechos históricos más importantes de la comunidad. «En estos 21 años que llevamos celebrando las Jornadas Comuneras se han convertido en un evento muy consolidado y en una cita ineludible en la celebración de la fiesta de la región. Sirven para dar a conocer nuestra identidad y para ir preparando el camino de cara a los actos de celebración del V Centenario de la lucha de las Comunidades», explicó Lourdes Ortega, guía del Centro de Interpretación Comunero y presidenta de la Asociación Cultural el Castillo. «La organización es complicada, teniendo en cuenta que somos voluntarios, pero merece la pena por el gran reconocimiento que recibe el pueblo con la puesta en valor de este importante hecho histórico», añadió.