Refugio para huérfanos de la represión

Auxilio Social nació en Valladolid de la mano de Mercedes Sanz Bachiller, viuda de Onésimo Redondo, como instrumento de caridad y adoctrinamiento falangista

Niñas acogidas en Auxilio Social saludan al estilo fascista./Biblioteca Nacional
Niñas acogidas en Auxilio Social saludan al estilo fascista. / Biblioteca Nacional
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

Pudiera ser que aquella procesión de niños pobres y de ancianos sin hogar sacudiese el corazón de la viuda de Onésimo Redondo, que la penuria de aquellos pequeños sin familia, hijos de republicanos represaliados, paseados y desaparecidos para siempre, hubiese agitado la benevolencia de la joven falangista. Es lo que algunos historiadores, simpatizantes y admiradores de Mercedes Sanz Bachiller han ponderado a la hora de explicar la creación del Auxilio de Invierno. Otros, mucho más críticos, han visto en aquella obra, que en gran medida emulaba la que desde tiempo atrás venía funcionando en la Alemania hitleriana, un instrumento de propaganda y adoctrinamiento falangista, que sus fundadores revistieron con los ropajes de la filantropía.

Lo cierto es que Auxilio de Invierno, organismo creado en plena Guerra Civil, ha pasado a la historia como la gran obra de Mercedes Sanz Bachiller. Viuda de Onésimo Redondo desde que el 24 de julio de 1936 un grupo de milicianos anarquistas acabara con su vida en la localidad segoviana de Labajos, pasaba los días de agosto atrincherada en la Academia de Caballería, entonces cuartel de Falange, procurando ropas de abrigo a los combatientes falangistas. Mercedes y el también militante de Falange Javier Martínez de Bedoya (su futuro marido) pusieron las bases de aquel proyecto llamado Auxilio de Invierno, traslación literal del organismo benéfico que venía funcionando en la Alemania de Hitler (Winterhilfe). Era octubre de 1936: la exaltación nacionalista de los sublevados, agitada más si cabe con las noticias que llegaban de los frentes de guerra, se combinaba con una furia represora dirigida a exterminar todo vestigio republicano; también, desde luego, a sus principales defensores.

«La botadura de este servicio fue un acto de valor porque, para empezar, se fundaba en el reconocimiento o denuncia de la extensión que en Valladolid había tenido la purga represiva. En efecto, Auxilio nació, sobre todo, para dar asistencia a un extraordinario número de huérfanos recientes y pobres: los huérfanos de la muerte en retaguardia», apunta Dionisio Ridruejo. Y era cierto. En la ciudad del Pisuerga nació lo que en septiembre de 1937 daría en llamarse Auxilio Social, organismo que unificaba toda la práctica asistencial bajo la inspiración programática de Falange, con el propósito de legitimar la contienda y agrandar la victoria de la «España imperial».

Arriba, Hogar Maternal de Auxilio Social; abajo, niños de AS toman la comunión y Mercedes Sanz Bachiller. / B.N.

«Cuando me instalé en Valladolid Javier Martínez de Bedoya trabajaba ya con Mercedes Sanz en la dirección del que aún se llamaba 'Auxilio de Invierno'. La idea había surgido a través de una relación que desde la muerte de Redondo había sido asidua, que ya antes tenía la forma de buena amistad. Mercedes y Javier se complementaban porque no se parecían, salvo en la pasión por la empresa política», rememora Ridruejo.

Primer préstamo

Martínez de Bedoya expuso la idea y Mercedes Sanz Bachiller acudió a pedir el primer préstamo. Se lo dio Teodoro Giménez, agricultor y secretario del Ayuntamiento: 5.000 pesetas a reintegrar en tres meses. Cantidad que luego multiplicaría por diez su cuñado, Andrés Redondo, director del Banco Hispano Americano de la ciudad. Belicoso y explícitamente castrense, el lema de aquel Auxilio de Invierno consistía en un brazo armado con una punta de lanza arremetiendo contra las fauces de un lobo. El dibujo compartía la misma inspiración nazi y fue diseñado en los talleres de Afrodisio Aguado.

La primera cuestación se puso en marcha el 28 de octubre de 1936: un nutrido grupo de mujeres, provistas de las pertinentes huchas, salió a la calle a pedir donativos de, al menos, 30 céntimos de peseta. A cambio, el donante recibía un emblema que simbolizaba los principios rectores de la «Nueva España» y lo exhibía en bares, teatros y cafés. La primera recaudación fue de 46.000 pesetas.

Como ha escrito Pedro Carasa, Auxilio de Invierno se revelaba como el ejemplo más patente de aquel proyecto falangista que anteponía la patria al individuo y la «democracia orgánica» al liberalismo asistencial. Más que el pobre, señala Carasa, contaba la grandeza de la España emergente; más que la redención personal se buscaba la implantación de una comunidad unificada y poderosa bajo el lema de aquel nacionalsindicalismo tan próximo a los resortes ideológicos del partido nazi. Auxilio de Invierno avanzaba con la victoria, para la victoria y gracias a la victoria: «Nacido en los días épicos del memorable 1936, al calor del ideario y del ímpetu de la Falange, ha ido extendiendo su radio de acción paralelamente al avance de nuestras armas, llevando a las tierras liberadas el pan, mientras cuidaba de que en la retaguardia nadie se viera sujeto a la tortura del hambre», exponía en 1939 el Boletín Oficial del Estado.

Al fondo, sede de Auxilio Social en la calle Angustias, esquina con Echegaray.
Al fondo, sede de Auxilio Social en la calle Angustias, esquina con Echegaray. / ARCHIVO MUNICIPAL

El primer comedor de Valladolid se abrió en la planta baja del portal número cuatro de la calle Angustias, esquina con Echegaray, en un antiguo café situado frente al Teatro Calderón que había sido alquilado al conocido empresario Manuel González Aquiso. Ese mismo día, los voluntarios de Auxilio de Invierno dieron de comer a cien huérfanos. Su segunda obra en la ciudad fue la no menos famosa Cocina de Hermandad, encargada de dar comida a los adultos víctimas de la guerra, especialmente a viudas sin trabajo y ancianos con hijos caídos en el frente. Iniciada el 19 de diciembre de 1936, los alimentos, una vez preparados y condimentados, se llevaban en tarteras a las casas pertinentes.

Con el paso del tiempo, sin embargo, comenzaron los personalismos y las disputas políticas. Pilar Primo de Rivera inició el acoso político y el tándem Sanz Bachiller-Martínez de Bedoya movió hilos para impedir la enajenación de su original idea. Hasta que en 1939, Auxilio Social quedó sometido a la Sección Femenina, organización capitaneada por la hermana del fundador de Falange. La obra continuó aunando beneficencia y adoctrinamiento, mientras la viuda de Onésimo, desengañada y cansada, se retiraba de la contienda y hasta de la primera línea política. «El arranque, cuando aún había bonitos chalets que expropiar y voluntariado femenino con ilusiones de caridad, había sido prometedor y bonito. Cuando todo ello pasó a ser burocracia venal, recurso al margen, rutina y propaganda mala, los promotores ya no estaban al frente de la obra», escribe Ridruejo.