La catedral que podría haber sido

En 1944 se anunció la finalización de la seo vallisoletana a través de un concurso de la Dirección General de Bellas Artes; suponía derribar el mercado de Portugalete y expropiar edificios colindantes

La catedral y, junto a ella, el mercado de Portugalete, que sería eliminado en la ampliación. /Archivo Municipal
La catedral y, junto a ella, el mercado de Portugalete, que sería eliminado en la ampliación. / Archivo Municipal
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

«Iba a ser la de Valladolid la única y magna catedral de la Arquitectura de la Contrarreforma en España, erigida en el centro de Castilla y en la ciudad que, acaso por razones geográficas e históricas, hubiera podido ser la capital de la gran España». Enrique Lafuente Ferrari, catedrático de historia del Arte, no podía contener su emoción al glosar el proyecto impulsado por la Dirección General de Bellas Artes de concluir la catedral de Valladolid.

Era 1942 y en la mente de sus impulsores, comenzando por el director general, Juan Contreras y López de Ayala, marqués de Lozoya, presionaba la necesidad de rematar el proyecto herreriano conforme aquel modelo imperial que pretendía reeditar el primer franquismo. Ya lo decía el arquitecto Modesto López Otero: «Valladolid tendría además la Catedral del magno renacimiento español. Ejemplar único de una arquitectura única, española, católica y, como tal, original: un monumento, en fin, de universal importancia».

Y es que, en la mente de muchos, incluido el arzobispo vallisoletano, Antonio García y García, el fracaso de la catedral entrañaba también el fracaso de la ciudad; y era ejemplo, además, del doloroso fracaso de otras empresas españolas: «El muñón lisiado que hoy nos ofrece en su inconclusión la catedral de Valladolid, nos presenta ese mismo rasgo de fracaso de otras empresas españolas», apuntaba Lafuente. Tanto insistía el marqués de Lozoya en ello, que en 1942 decidió convocar un Concurso Nacional de Arquitectura cuyo propósito era culminar la catedral vallisoletana conforme a los patrones herrerianos. Se trataba, básicamente, de resolver el crucero y acometer la ordenación del entorno.

'El Norte de Castilla' acogió la idea con verdadero entusiasmo. «La terminación de la catedral de Valladolid es una empresa nacional», titulaba en portada aquel 2 de mayo de 1944, hace ahora 75 años. El decano de la prensa se refería al acto celebrado dos días antes en la Universidad de Valladolid, que, supuestamente, daba el pistoletazo de salida a tamaño proyecto arquitectónico.

El proyecto ganador: arriba, crucero y cabecera; abajo, fachada posterior y crucero y capilla mayor. / Arte Español

El concurso lo ganaron los arquitectos Carlos de Miguel y Manuel Martínez Chumillas, el segundo premio recayó en el equipo formado por Fernando Chueca, Carlos Sidro y José Luis Subirana, mientras que Constantino Candeira, arquitecto provincial de la Diputación de Valladolid, tuvo que conformarse con un accésit. En palabras de López Otero, el objetivo principal era «continuar la obra del gran maestro [Juan de Herrera], tanto en su traza como en su pensamiento, distinguiendo lo falso y agregado para obtener una completa unidad de estilo».

Expropiación

Los tres proyectos presentados coincidían en la necesidad de hacer desaparecer el mercado de Portugalete, anejo entonces al templo, pues en su solar proyectó Herrera construir el claustro de la Catedral. También apuntaban, como requisito imprescindible, la forzosa expropiación de algunos edificios inmediatos.

El citado Lafuente Ferrari, que en el número correspondiente a 1943 de la revista 'Arte Español' dedicó un amplio artículo al Concurso, resaltó del proyecto ganador el objetivo general de «terminar el tramo de crucero, construir la capilla mayor y un tramo posterior a ella para la utilización procesional, a modo de deambulatorio». Para hacerlo viable con un presupuesto lo más ajustado posible, De Miguel y Martínez Chumillas llegaron «incluso a sacrificar la igualdad de altura en las naves, ya que (…) se construyen con menor elevación el tramo de girola y los extremos del brazo del crucero, lo que obliga al exterior al corte en ángulo recto a que dan lugar las azoteas con balaustrada ciega rematada en bolas, solución que se repite en la fachada posterior», apuntaba Lafuente, que también desmenuzaba con detalle las propuestas de todos los concursantes.

El arzobispo y el rector llamaron a la colaboración de toda España para recuperar el proyecto imperial de Juan de Herrera

El arzobispo y el rector llamaron a la colaboración de toda España para recuperar el proyecto imperial de Juan de Herrera

Tanto el arzobispo de Valladolid como el rector de la Universidad, Cayetano Mergelina, bautizaron esta empresa como «nacional» e hicieron un llamamiento imperioso a colaborar en ella: «España entera debe colaborar a esta empresa no sólo por contribuir al esplendor del culto católico y a una demostración de fe, sino también por el aliento artístico que impone el restaurar o llenar una omisión, quizá la más importante e interesante en el glorioso cuadro de la arquitectura española». También López Otero insistía en que era «preciso lanzarse a tal empresa. Castilla ha emprendido otras más grandes y al parecer inabordables. La misma concepción y comienzo de esta Catedral en el Valladolid del siglo XVI, es ejemplo y estímulo, ya que aquella interrupción debiose, entre otras causas, a un declinar de la importancia de nuestra ciudad, que hay que reivindicar».

Hasta el 7 de mayo de 1944, el Colegio de Santa Cruz acogió una exposición en la que pudieron contemplarse los anteproyectos presentados, los planos de Juan de Herrera y una antigua gran maqueta del edificio catedralicio. Todo parecía tan bien dirigido, que hasta el prelado, que hasta ese momento se había mostrado un tanto escéptico, animó a los presentes y a todos sus diocesanos: «Empecemos con decisión y dentro de algunos años veremos que Valladolid, según expresión feliz del marqués de Lozoya, no es una ciudad fracasada».

Sin embargo, el tiempo fue pasando y poco, o nada, se avanzó en este sentido. Aunque dos años más tarde el mismo marqués de Lozoya aseguraba al alcalde de Valladolid, Fernando Ferreiro, «que no había abandonado el proyecto de terminación de la Catedral, por el que sentía grandes simpatías», lo cierto es que la parálisis fue total.

A lo más que se llegó, ya a mediados de los años sesenta, fue a culminar la portada del brazo sur y terminar las capillas de este mismo lado, obra de la que se hizo cargo el célebre arquitecto Fernando Chueca Goitia, el mismo que, junto a Sidro y Subirana, había quedado en segundo lugar en el Concurso de 1942.