El calor y la falta de pájaros aumentan y adelantan la presencia de las orugas procesionarias

Procesionarias detectadas en Villalón de Campos. :: g. marbán/
Procesionarias detectadas en Villalón de Campos. :: g. marbán

El Río Hortega alerta sobre la importancia de no tocar «ni con palos» estos insectos por las fuertes reacciones a su veneno

Ana Santiago
ANA SANTIAGOValladolid

Valladolid es el hogar perfecto para la 'thaumetopoea pityocampa', más comúnmente conocida como la oruga procesionaria del pino. Este lepidóptero tiene una fuerte presencia ya estos días en la provincia y en la capital, en parques y jardines sobre todo, y ligada a las zonas de pinos.

Las causas son varias. «La procesionaria es un indicador muy fiable del cambio climático. Las orugas, cuando se hacen adultas y hace calor, bajan antes de las bolsas de los árboles, y con esta primavera adelantada ya lo están haciendo cuando les correspondería comenzar dentro de un mes. Además, las escasas heladas han hecho que no se hayan congelado en las bolsas y todas logren mudar en orugas. Si a esto añadimos que los pájaros herrerillos, que son su enemigo natural, se los ha reducido por su alto número, igual que a las palomas torcaces, hace que haya muchos», explica la doctora Alicia Armentia, jefa de Alergología del Río Hortega.

Advierte asimismo esta especialista de la importancia de no tocar estas orugas, de ni siquiera acercarse porque emiten «un arpón que tienen en el cogote a distancia y va a parar a la cara, a los ojos o brazos, y se clavan. También afectan a los perros. Hay que evitar moverlas ni siquiera con palos. Lo suyo se alejarse», aconseja.

La alergia a este lepidóptero afecta al 10% de la población con serios efectos

La procesionaria –llamada así por bajar de los árboles en 'procesión' hasta enterrarse en la tierra– cuando es adulta, mide entre dos y tres centímetros y tiene un millón de pelitos apenas inapreciables –los que mejor se ven que tienen forma de arpón son los menos peligrosos– que lanza cuando se siente amenazada.

Este aparentemente inofensivo insecto, cuyas perfectas formadas filas atraen a los niños en un inoportuno y peligroso juego de romper las filas es el responsable de graves alergias que producen urticaria; edema (inflamación); conjuntivitis o signos oculares más graves (sobre todo a los trabajadores que se suben a los pinos); rinitis y dificultad para respirar, e, incluso, anafilaxia, es decir, una respuesta que afecta a diferentes sistemas corporales; puede incluso provocar pérdida de conocimiento. Para su tratamiento se prescriben antihistamínicos, corticoides y, en casos graves, adrenalina.

Las 50.000 hectáreas de pino piñonero que se extienden por Valladolid convierten a los habitantes de esta provincia en víctimas fáciles y frecuentes y las consultas de Alergología perciben el incremento de demanda. Actualmente no es difícil verlas en Huerta del Rey, Pinar del Jalón y Parquesol y sobre todo en los pueblos.

El Ayuntamiento de Villalón de Campos, entre otros, ha detectado en lo que va de año multitud de bolsones de procesionaria en la Vía Verde, el campo de fútbol, parques otros espacios, que están siendo retirados a la mayor brevedad por los operarios municipales y por los alumnos del curso de jardinería. El Consistorio incluso demanda la colaboración de los vecinos para que avisen cuando las detecten, según informa el corresponsal de esta localidad, Miguel García Marbán.

La importancia de la oruga del pino es tal en Valladolid, y Castilla y León, que el RíoHortega ha formado parte de varios estudios al respecto y en la actualidad de un proyecto europeo para estudiar los efectos de esta oruga.