Río de basura bajo el Pisuerga

Dos de los grupos que cada año limpian sus aguas alertan de la «gran cantidad» de objetos que retiran del fondo

Carritos de la compra sacados del río cerca de Moreras tras la noche de San Juan. /GSR Valladolid
Carritos de la compra sacados del río cerca de Moreras tras la noche de San Juan. / GSR Valladolid
Eva Esteban
EVA ESTEBANValladolid

Hacen el trabajo sucio. Nunca mejor dicho. Todos los años, el fin de semana siguiente a la noche de San Juan, la estampa es la misma. El Grupo de Salvamento y Rescate de Castilla y León se reúne en la playa de Las Moreras y, «río abajo», los buzos se sumergen en el Pisuerga para «intentar sacar todas las cosas posibles». Pero el presidente de la entidad, José Ramón Pérez, no se refiere a los peces que pueda haber en el fondo de las aguas. Tampoco a las boyas o señales que delimitan la zona de baño y que han podido quedarse obsoletas o requieren recambio. No. A lo que el presidente hace alusión es a la «gran cantidad» de basura y objetos que la gente tira al río. «No te puedes ni imaginar lo que hay ahí abajo. Puedes encontrarte de todo, es una pena», asegura Pérez.

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Lo cierto es que bajo el Pisuerga cohabita un río de residuos y restos orgánicos e inorgánicos. Bicicletas, teléfonos móvil, motocicletas, vehículos, cajas fuertes «reventadas», ruedas, cabinas de teléfono, lavadoras, navajas, coches... «Podría seguir así toda la tarde. Nos hemos encontrado muchísimas cosas», afirma el presidente. Los carritos de la compra, los del supermercado, son todo un clásico. «Es sin duda de lo que más nos encontramos. Esta última vez –limpiaron el río el pasado domingo 30 de junio– sacamos como una docena de carritos, además de una bici del Ayuntamiento de Valladolid, una moto y muchísimos troncos y ramas de árboles», sostiene.

Reconoce que este año lo «más complicado» fue sacar el ciclomotor «por su peso», pero también recuerda una experiencia «no muy buena». José Ramón no sabe exactamente en qué año ocurrió. Sí que fue en la limpieza habitual tras la noche de San Juan. Agarró de la mano a su compañero –siempre bajan de dos en dos por seguridad– y se arrojaron al Pisuerga. La opacidad de sus aguas hace que, cuando bucean, vayan «a palpas». No ven absolutamente nada. «Con meter la cabeza, unos 50 centímetros, ya no se ve nada», apunta.

En el entorno de los puentes es donde más vertidos encuentran, si bien se ha diversificado

En el buceo, dice el presidente del Grupo de Salvamento y Rescate, los compañeros son «tu vida, los que te pueden ayudar si te quedas enganchado». Se entienden por señas, tirones o apretones de mano en este caso. Un apretón, para. Dos, continúa y tres «vámonos para arriba». «Vas a ciegas. En el agua, un colchón podrido de hace año y medio o dos años se deshace, y no sabes si es una pierna, un colchón o qué es», incide.

Aquella vez, la gran cantidad de partículas le impedía ver incluso el reloj de su muñeca. A los pocos metros de descender, el primer apretón. Para. Algo no iba bien. José Ramón se había quedado «atascado». No podía salir. Se giraba sobre sí mismo, hacía un lado y otro, y solo se topaba con rejas. Era un «carro de contingencia que había volcado» y se había metido dentro. «Ahora es fácil decirlo, pero todo eso te lo tienes que imaginar», sostiene.

Buena parte de los objetos que encuentran y retiran están cerca de la zona de baño. A pesar de ello, José Ramón Pérez defiende que el agua «es apta para meterse». En comparación con «hace años», dice, está «limpio». «Pasa un análisis de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), el problema es que el color no acompaña, no es un tono que atraiga a los bañistas», prosigue.

«Es seguro bañarse»

El presidente de la Asociación Amigos del Pisuerga, Luis Ángel Largo, es contundente. «Es seguro bañarse en el Pisuerga», asevera. «En todos los ríos hay cosas de estas, pero el mar está a lo mejor todavía más contaminado, y dentro de lo que cabe nuestro río poco a poco va mejorando», apostilla.

Amigos del Pisuerga es otra de las entidades que, de forma altruista y por iniciativa propia, limpia las aguas. Surgió hace «unos 25 años» de un grupo de amigos que compartía el río como afición y, desde entonces, no han cesado su voluntariado. Actúan «sobre la marcha», sin un número fijo de intervenciones. «No tenemos un número fijo de actuaciones. Lo hacemos según vamos navegando, porque a lo mejor vemos algo en ese momento», señala. No obstante, Largo matiza que es en invierno cuando montan en sus lanchas río a dentro porque «es cuando más frío hace y, como se decanta la materia en suspensión, es cuando más se ve». Eso sí, cada vez que van a retirar algún elemento de envergadura tienen que ponerse en contacto con el Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (Geas) y con el Servicio de Limpieza para coordinarse y montar el dispositivo pertinente. «Luego el Servicio de Limpieza es el que se hace cargo de lo que sacamos», explica.

Largo coincide con el presidente del Grupo de Salvamento y Rescate en que «ahí abajo hay de todo». «Queda muchísimo, pero no se ve prácticamente nada», afirma. Las bicicletas y los carritos son la estampa más habitual, pero también se han topado con prendas de ropa, muebles o colchones. «¡Hasta urnas de cenizas!», exclama Largo sorprendido. En una de las últimas actuaciones, además, vivieron una de las «peores» experiencias. Sacaron del fondo una maleta pesada. «Olía muchísimo», rememora. Pero no llegaron a imaginarse que en su interior se hallaría un cadáver. «Había un perro muerto, en estado de descomposición», lamenta.

¿Otro vehículo hundido?

En el entorno de los puentes, insiste, fundamentalmente los puentes Mayor y Colgante, es donde más «vertidos» encuentran, aunque advierte de que «se ha diversificado un poco porque ahora se pueden tirar cosas casi desde cualquier sitio». «En la parte de arriba del Puente Mayor es donde más solía haber, porque antiguamente había casas que vertían los residuos y escombros directamente al río», asiente.

También son las zonas «más profundas». En los próximos días, se acercarán hasta el Puente Mayor para comprobar si hay un coche Renault 21 hundido. «Viene bien quitarlo porque hay aceites y van saliendo elementos contaminantes».

Prácticas bajo hielo en pleno invierno en el lago de Sanabria
Práctica en el lago de Sanabria. / GSR Valladolid

Viven situaciones al límite. Extremas. Saben que en cualquier momento puede sonar el teléfono y tienen que «salir corriendo». Son los encargados del rescate en el río Pisuerga, ya sea en la capital o en la provincia, y «ahí el tiempo vale mucho», asegura el presidente del Grupo de Salvamento y Rescate de Castilla y León, José Ramón Pérez. Son 29 personas, todos especialistas en buceo, que, de manera «completamente altruista», se encargan de labores como la seguridad en las pruebas de deporte que se realizan en el Pisuerga.

Practican durante «todo el año» para estar «bien preparados». La gran mayoría de las veces realizan las pruebas en el propio río o en una piscina, pero también se acercan «hasta la costa», viajan hacia el norte, para «seguir adquiriendo formación y vivir situaciones diversas», incide Pérez. «Es para sacarnos titulaciones más completas, por así decirlo», continúa. «Nos preparamos todo el año, y no nos metemos en el agua del Caribe como piensa mucha gente. Vamos por el fondo a ver con qué nos topamos», añade el presidente.

Una de las prácticas más duras a la que año tras año se enfrentan consiste en sumergirse bajo hielo en el lago de Sanabria. En pleno mes de enero, solicitan un permiso a la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zamora para bucear bajo el grueso helado de la Laguna de los Peces, «que está en altura». «Hacemos un agujero en el hielo y buceamos durante un tiempo», subraya.

Esta situación de «extrema dureza» se debe, según apostilla Pérez, en que deben estar preparados para «cualquier tipo de circunstancia». «Lo mismo nos avisan ahora con 36 grados que en diciembre a menos siete», concluye el presidente.