Franco, alcalde de papel

No existe constancia alguna del título que el Ayuntamiento de Valladolid entregó al Caudillo el 24 de septiembre de 1939

Portadas de El Norte de Castilla sobre la visita de Franco a Valladolid./
Portadas de El Norte de Castilla sobre la visita de Franco a Valladolid.
ENRIQUE BERZAL

Francisco Franco nunca ha sido, en puridad, alcalde honorario de Valladolid. Aunque el 24 de septiembre de 1939 se le hizo entrega en el Ayuntamiento de un pergamino con la concesión de dicho título, ésta en realidad no fue acordada en sesión plenaria, por lo que carece de validez administrativa.

Así se desprende de un informe elaborado por el personal del Archivo Municipal de Valladolid, que ha revisado de manera completa las actas correspondientes a los años 1937, 1938 y 1939. La conclusión a la que llega el estudio es que en ningún momento se reunió el pleno municipal para, tal y como estipulaba la normativa, aprobar una moción de la alcaldía en ese sentido. Algo que, sin embargo, sí hicieron otros Ayuntamientos que en fechas similares acordaron agasajar a Franco con el título de alcalde honorario.

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Todo indica que la decisión de otorgar al Caudillo dicha distinción fue adoptada de manera unilateral, sin acuerdo municipal previo, por el teniente coronel Luis Funoll y Mauro, que regía el Ayuntamiento desde mayo de 1937. De modo que aquel domingo, 24 de septiembre de 1939, aprovechando la llegada de Franco para inaugurar la Exposición Nacional de la Vivienda, Funoll le hizo entrega del bastón de mando y de una carpeta de tisú oro y rojo que contenía un vistoso pergamino, diseñado por el delineante y periodista de El Norte Carlos Rodríguez Díaz, en el que se podía leer: «Valladolid, iniciadora en la Península del glorioso Levantamiento nacional, sacrificando a su juventud en el Alto de los Leones, por acuerdo de su excelentísimo Ayuntamiento nombra a S. E. el Generalísimo, don Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de la España Una, Grande y Libre, Alcalde Honorario de la Ciudad en prensa de admiración, acatamiento y gratitud. Valladolid 18 de julio de 1939. Año de la Victoria. El alcalde, Luis Funoll (firmado). El secretario, Rufino Zaragoza (firmado)».

Pese a que el texto indica que el acuerdo habría sido adoptado en sesión celebrada el 18 de julio de 1939, coincidiendo por tanto con el tercer aniversario del inicio de la guerra, la realidad es que «no hay acta del pleno de ese día. Tampoco hay acta de la comisión permanente (interrumpida desde 1931 hasta diciembre de 1939)», señala el informe. El nombramiento que aparece en el pergamino carece por tanto de validez: no existe el acto administrativo porque no hay acuerdo plenario.

La iniciativa personal de Funoll puede explicarse, en primer lugar, porque en ese año de 1939 el Régimen de Franco aún no se había institucionalizado normativamente, no en vano, la primera Ley sobre el Régimen Local de la dictadura no se aprobará hasta 1945. De modo que aunque en los aspectos legales aún regía la Ley municipal republicana de 1935 (eso sí, sustituidas todas las formas de participación democráticas en ella contenidas), no pocos alcaldes actuaban sin sujetarse a norma alguna.

Además, la decisión de Funoll estaba en plena sintonía con la intensa campaña propagandística impulsada para ensalzar aún más la figura del Caudillo. En efecto, durante la guerra, y más aún al final de la misma, se intensificó en toda España la labor de propaganda en torno a las virtudes de Franco, en un claro ejercicio de culto a la personalidad del líder, al que se atribuían toda clase de poderes y cualidades. Su imagen debía aparecer en periódicos y revistas, en fachadas y medianeras de edificios, y con su nombre se rebautizaron las mejores avenidas. De manera que a todos los cargos que ya ostentaba (Jefe del Estado y del Gobierno, Generalísimo de los tres Ejércitos, Jefe Nacional del Movimiento) fue sumando otros títulos y menciones honoríficas, como el de presidente de todas las Diputaciones o el de alcalde honorario de la mayor parte de los municipio.

En fechas próximas a aquella visita, los Ayuntamientos de Burgos, Bilbao, La Coruña y San Sebastián, entre otros, habían acordado en sesión plenaria otorgarle el título de alcalde honorario. Funoll y Mauro no quiso ser menos y decidió agasajar al Caudillo haciéndole entrega de un nombramiento que, sin embargo, no venía respaldado por un acuerdo municipal previo.

 

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