La Virgen ya está en el Acueducto

Dos grúas suben a la hornacina occidental la réplica de la imagen del siglo XVI

Los técnicos fijan la imagen de la Virgen en la hornacina del Acueducto. / Antonio de Torre
Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

La Virgen ya está en la hornacina occidental del Acueducto. Los técnicos la han subido este martes, como estaba previsto, valiéndose de dos grúas. En esta ocasión, no ha hecho falta instalar andamio alguno pues la nueva talla pesa 48 kilos, no 800 como la original. La operación, muy compleja, ha culminado con éxito, aunque todavía queda por trasladar la imagen del siglo XVI al Museo de la Casa de la Moneda, donde podrá visitarse en cuanto esté concluido el proyecto que permitirá contextualizarla dentro del propio museo. La alcaldesa de Segovia, Clara Luquero, y la concejala de Patrimonio Histórico, Claudia de Santos, han supervisado los trabajos de colocación de la réplica en el Acueducto, acompañadas por los responsables técnicos de la operación, el restaurador Graziano Panzieri y el arqueólogo y experto en tecnología 3D Néstor Marqués.

«Hace tres meses -recordó la alcaldesa- bajábamos la talla de la Virgen de su lugar. Estábamos alarmados por el grado de deterioro que presentaba. No hacía mucho tiempo que incluso se había desprendido un fragmento, del tamaño de una mano, al Azoguejo. La idea era bajar la imagen, restaurarla y protegerla llevándola a un museo y colocar en su lugar una réplica lo más parecida posible ayudándonos de las nuevas tecnologías. Y es lo que hemos hecho. Felicito a los técnicos y a la concejala de Patrimonio Histórico y no puedo dejar de recordar a quien en campaña o en precampaña hizo un mal augurio. Hoy se ha demostrado que quien piensa mal no acierta y que la intención del gobierno municipal era noble: cuidar la talla original y colocar una réplica para que los segovianos la sigan viendo en lo alto del Acueducto».

Para devolver la imagen a su sitio hicieron falta dos grúas, con sendas cestas, y cuatro técnicos. La dificultad no radicaba en colocarla dentro de la hornacina, sino en anclarla a la piedra del Acueducto (la imagen del XVI no tenía anclaje alguno y solo se sujetaba por su propio peso). Para ello, se fijaron dos clavos en forma de espada entre los sillares, sin necesidad de perforar la piedra. A la réplica de la Virgen se le habían puesto dos argollas en las espalda y un cable de acero. Colocar el cable sobre los clavos fue quizá lo más laborioso, pero se hizo con delicadeza. Numeroso público siguió toda la operación desde el Azoguejo con curiosidad, interés y respeto.

Varios momentos de la operación. / Antonio de Torre

Los técnicos bajaron la imagen original el pasado 20 de marzo. Para ello hizo falta instalar un aparatoso andamio alrededor de un pilar, pues la talla, de caliza, pesaba 800 kilogramos y medía 1,60 metros. A la imagen del siglo XVI se le sometió a una proceso de digitalización e impresión en 3D que ha permitido, después, elaborar el molde de silicona del que se ha extraído la réplica. «Partiendo de un modelo fotogramétrico de alta resolución, formado por una malla con 30 millones de polígonos, conseguimos la geometría de la imagen con todo lujo de detalle, incluidos los pequeños defectos y la calidad de la propia talla. De ese modelo salió la impresión 3D, con una resolución muy alta, que permitió hacer una réplica perfecta en silicona. De esta manera, no tuvimos que utilizar la imagen original para sacar el molde», explicó Néstor Marqués.

La parte final del proceso dependió de Graziano Panzieri, que utilizó una mezcla de resinas, polvo de mármol blanco, sílice y pigmentos blancos y ocres para obtener la escultura definitiva. Una vez sacada del molde, el restaurador dotó a la imagen de un patinado y policromado muy similares a los de la talla original.

La original

Panzieri, de la empresa Restaurograma Hispania SL, también ha sido el encargado de restaurar la imagen del XVI. «Ya está terminada. No ha sido sencillo, sobre todo por el peso que tiene. Moverla es muy complicado, tumbarla, ponerla de pie... El peso, el volumen..., cualquier error puede ser fatal. Por otra parte, la restauración ha deparado sorpresas agradables. La piedra estaba deteriorada, pero no demasiado, y conservaba policromía en la corona, en el pelo de la Virgen y en la base, así como muchos detalles del labrado, que no es poco». El meollo de la intervención ha estado en la limpieza de la caliza. «Tuvimos que quitarle la pátina que tenía, las sales de la lluvia que le ha caído encima durante 500 años. Esto ha permitido recuperar el tono original», apuntó Panzieri. En cuanto esté concluido el proyecto museográfico, la imagen será trasladada al museo de la Casa de la Moneda. Se cerrará así un curioso círculo, porque fue Antonio de la Jardina, antiguo ensayador de la vieja Ceca, quien donó la imagen a la ciudad en 1520. Según recordó la concejala de Patrimonio Histórico, Claudia de Santos, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre ha colaborado en la operación con 17.000 euros. «Es la cantidad que le pedimos, aunque, luego, el monto total ha rondado los 21.000 euros debido al coste del andamio», dijo.

«Acuérdate de mí»

Antonio de la Jardina donó a Segovia una talla de la Vigen de bulto redondo, de época renacentista. La imagen tiene una altura de 1,60 metros y una anchura y un fondo variables de hasta 70 centímetros, con un peso de 800 kilos. La escultura está realizada en piedra caliza de color blanco y presenta restos de policromía. La Virgen tiene una corona real y el cabello suelto y rizado que le baja por ambos lados de la cara, por el hombro izquierdo y por detrás del Niño. Además, en el pecho luce un collar del que cuelga una joya en forma de flor. La Virgen sostiene al Niño Jesús con ambas manos. El bebé está sentado en el regazo y porta en su mano izquierda, junto al pecho, un orbe terrestre, como Rey del Universo. A los pies de la imagen, dos querubines (se ha perdido el de la derecha) sujetan una cartela en forma de escudo en el cual hay una inscripción latina que los técnicos han podido leer en parte, gracias a la precisión de la fotogrametría: «Oh, Mater Dei, memento mei» (Oh, Madre de Dios, acuérdate de mí).