Fernán Ferreiroa, jugador gallego de la Gimnástica: «Han desalojado a muchos amigos»

El futbolista Fernán Ferreiroa. Óscar Costa/
El futbolista Fernán Ferreiroa. Óscar Costa

«Estuve hasta las cuatro y media de la mañana sin poder dormir; te levantas con una sensación de tristeza y rabia», afirma

QUIQUE YUSTESegovia

El jugador gallego de la Gimnástica Segoviana Fernán Ferreiroa permanece atento a las noticias que le llegan desde su tierra. Nacido en Vigo y residente en Nigrán, el futbolista de 22 años reconoce que los incendios que arrasan los montes gallegos, aunque no han afectado a su vivienda, sí que le han quitado horas de sueño debido a las preocupantes historias que le han traslado sus amigos y familiares de la zona tras una noche dura e intensa de pelea contra el fuego.

–¿Cómo está llevando la situación?

–Es un día muy raro. Te levantas con una sensación de tristeza y rabia. No es el mejor día para un gallego.

–¿Cuántas horas durmió del domingo al lunes? ¿Cómo vivió la noche?

–Sobre las ocho de la tarde empecé a enterarme de que la cosa era muy seria. Estuve hasta las cuatro y media de la madrugada sin poder dormir, que fue cuando empezó a llover y la cosa se calmó un poco. Pero a las nueve ya estaba otra vez despierto y preguntando cómo había ido la cosa. Llegaron algunos vídeos en los que no había tantas llamas pero estaba todo quemado.

–¿Qué hizo cuando se dio cuenta de la gravedad de la situación?

–Lo primero que hice fue llamar a la familia. Yo ya me había informado y más o menos sabía que mi casa no estaba afectada, pero por si acaso llamé para asegurarme. A partir de ahí, a través de las redes sociales y de grupos de whatsapp, lo viví casi como si estuviera allí. Tuve mucha información y recibí muchas imágenes. Estuve pegado a la televisión viendo quépasaba y cómo iba avanzando la cosa, con muchas de ganas de poder ayudar pero sin poder hacer nada.

–Qué le contaban sus amigos y familiares?

–Me decían que era una locura. Sobre todo cuando empezó a anochecer. Aparecían focos de incendios cada dos por tres. Era algo que no se podía entender. Cuando anocheció había una humareda por Nigrán y Vigo inaguantable que hacía que picasen los ojos y dificultaba la respiración. Aún así muchos de mis amigos y familiares fueron a ayudar en los sitios donde se alojaban las personas que tuvieron que abandonar sus casas. Mi hermano fue a uno de los montes de Nigrán, en Camos, a ayudar con una manguera a apagar uno de los incendios. Todo el mundo hacía lo que podía. Yo desde aquí lo viví con muchos nervios porque no terminaba de saber qué estaba pasando.

–Su vivienda no corrió peligro pero imagino que las llamas habrán alcanzado puntos que conoce bien…

–Al final una de las zonas más afectadas es Nigrán, que es donde vivo desde muy pequeño. Hay una zona de montes que se llama Camos en la que tengo muchos amigos que tuvieron que ser desalojados. Se pasaron toda la tarde intentado frenar un fuego que quemó casas, huertos, el trabajo de todo el año de mucha gente… Es algo que duele mucho. Yo veía imágenes de sitios que conozco de toda la vida ardiendo y no me lo podía creer porque parecían de película. El fuego superaba los árboles y era todo surreal.

– Con una sensación de impotencia al estar a más de 500 kilómetros…

–Estaba que me subía por las paredes. Intentaba difundir información útil a través de las redes sociales y del whatsapp. Poco más podía hacer.

–Ante una situación como la vivida durante las últimas horas ¿es posible entrenar o estudiar con la cabeza centrada?

–Es muy difícil. Estudiar no puedo, me es imposible. Y entrenar creo que me sirve para evadirme, pero estás todo el rato con la cabeza en Galicia, porque aunque parece que lo peor ha pasado he hablado con mi padre y me cuenta que sigue habiendo incendios. Todavía no ha acabado y no estoy tranquilo. Ahora dicen que viene Ophelia y que puede ir a peor la cosa. Al final es muy difícil concentrarse en otras cosas.

–En Galicia están acostumbrados a los incendios pero no de la gravedad de los de las últimas horas…

–Es verdad que estamos acostumbrados a que todos los veranos haya algún que otro incendio. Al final el tipo de vegetación que hay allí es muy propensa a ello y sobre todo en verano hay medios. Pero esto ha pillado fuera de verano, un mes después de que despidieran a gente que podría haber ayudado. Encima es un octubre muy caluroso y cero lluvioso, con un viento brutal. Además dicen que muchos han sido provocados. Eso es algo que no logro entender. Cuando me han pasado vídeos de zonas céntricas de Vigo ardiendo no me lo podía creer. Se trata de algo muy serio.

–El que los incendios puedan ser intencionados aumenta la sensación de rabia…

–Si pasan de forma natural da rabia, pero si te dicen que son intencionados… Cuando te cuentan que hay dos personas que van en moto con bidones de gasolina no te lo quieres creer, pero cuando te pasan una foto de la Policía con esa moto piensas que puede ser verdad. No hay que hacer caso a todo lo que se dice, pero si al final han sido intencionados da el doble de rabia.

–En las situaciones difíciles vuelve a demostrarse la fuerza del pueblo gallego…

–El ver cadenas de personas pasándose cubos de agua me ponía la piel de gallina. Al final eso te enorgullece de alguna forma. También duele el no poder estar ahí. Son imágenes que ya se vieron en el accidente del Alvia de Santiago, en el Prestige… la gente sale y ayuda. La gente está con los bosques y está para ayudar a Galicia.

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