El Espinar pone una pica en la antártida, a 12.710 kilómetros

El científico Pablo Tejedo iniciará en enero su tercera misión en el continente helado

El científico Pablo Tejedo, en la segunda fila y de rodillas entre los escolares, en el acto de entrega de la bandera y las señales que llevará a la misión; a la derecha, con la señal que indica la distancia a la Antártida, sus hijos Hugo y Erik./Pedro Luis Merino
El científico Pablo Tejedo, en la segunda fila y de rodillas entre los escolares, en el acto de entrega de la bandera y las señales que llevará a la misión; a la derecha, con la señal que indica la distancia a la Antártida, sus hijos Hugo y Erik. / Pedro Luis Merino
Miguel Ángel López
MIGUEL ÁNGEL LÓPEZSegovia

A mediados de enero, el científico Pablo Tejedo estará en Isla Decepción, en la Antártida, a 12.710 kilómetros de su casa. Será su tercera misión científica en el continente helado. En el equipaje estará la bandera del municipio de El Espinar y una señal que colocará en el mástil de la base española Gabriel de Castilla con la distancia al colegio Arcipreste de Hita. Otra, inversa, marcará en el colegio la misma distancia que hay desde allí hasta la base. El pasado viernes, Tejedo recogió la señal y la bandera en el colegio. Le rodearon los chavales y, entre ellos, sus hijos Hugo, de ocho años, y Erik, de cinco, tan ilusionados como él con este viaje-aventura. Porque, declara el científico, «siempre nos lo planteamos como una aventura; aunque lo tengas todo preparado, suelen suceder cosas, hay averías de los grupos electrógenos, tormentas, siempre hay intranquilidad».

Quienes se lo plantean son el equipo de científicos del departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid (donde este licenciado en Ciencias Ambientales trabaja como técnico de laboratorio) que viajará con él a la base Gabriel de Castilla. Allí pasarán cinco semanas recogiendo muestras y estudiando los colémbolos, unos artrópodos diminutos, de un orden cercano a los insectos, que forman parte del ecosistema antártico, que es «sencillo y simple, con pocos animales y plantas», explica.

Su esposa está «tranquila porque los militares tienen todo controlado y les protegen»

Pablo Tejedo llevará en su maleta los dibujos que ganen el concurso del colegio Arcipreste de Hita, plastificados y para ponerlos en la base de Isla Decepción. Los recogerá antes de viajar, cuando todo el equipo de la Universidad Autónoma ofrezca a los escolares una conferencia sobre la expedición y sus objetivos; durante su estancia en la Antártida hará una videoconferencia para los escolares y cuando regrese volverá al centro para dar otra conferencia y contar cómo ha ido la misión. Porque el colegio «está muy implicado», reconoce. Su esposa, Mar Cabezas, está tan ilusionada como él y como sus hijos Hugo y Erik. Y tan tranquila, porque «con Pablo van otros compañeros que conozco y llevo ya diez años hablando con gente que va a la Antártida». También porque, con dos experiencias anteriores, «veo que es seguro y los militares tienen todo controlado y les tienen muy protegidos. Eso me da seguridad». Ella ayuda en los preparativos, «a preparar las cajas» en las que va el equipaje y el material. Hace cuatro años, en el segundo viaje, la comunicación fue por correo electrónico escrito y con los militares de intermediarios; esta vez mantendrá además un contacto más fácil y recuente. El satélite les permitirá verse y «que el padre salga y se vean los pingüinos en la pantalla, porque se lo han pedido». Y el científico asevera que «implicar a los chavales es importante porque la ciencia siempre tiene que tener un retorno para la sociedad».

Se interesan por estos bichitos porque las especies de colémbolos autóctonas de Isla Decepción conviven con otras exóticas, y su cometido será estudiar «si la acción del hombre favorece que cambien las comunidades antárticas», comenta Tejedo. Harán experimentos en distintos puntos para ver como compiten las especies nativas y no nativas de colémbolos, sus modelos de distribución y su relación con otros cambios a nivel global, como el fenómeno del cambio climático, para ver cómo pueden evolucionar y preverlos.

La tarea continuará a la vuelta, pues las muestras llegarán a España en mayo, tres meses después que ellos. PabloTejedo está «ilusionado y a la expectativa», porque esta es su tercera misión cerca del Polo Sur (la primera fue hace diez años), «pero todos los años son distintos, y esta vez tengo la suerte de que voy a ver la Antártida con un lapso de tiempo que ya permite ver si se han producido cambios, si hay menos hielo, el nivel de cobertura de los glaciares, si ha subido la temperatura, si las tormentas pueden ser más fuertes...».

Como toda aventura, tiene un riesgo. Pero viajará tranquilo, como en las anteriores campañas. Su preparación y la del equipo de militares de la Armada, del buque Hespérides, y del Ejército de Tierra que trabaja en Isla Decepción le dan esa tranquilidad, porque, asegura, «son gente muy preparada, con diferentes especialidades, con formación en alta montaña, salvamento y primeros auxilios que les permite reaccionar en cualquier situación».

Los riesgos son las bajísimas temperaturas, los posibles ataques de las focas leopardo, los golpes de mar en la travesía de tres días desde Ushuaia, el puerto argentino de Tierra del Fuego, el desembarco desde el Hespérides en una lancha zodiac... Pero las condiciones serán mejores que en los dos viajes anteriores, y para que el riesgo sea mínimo «hay que ser sistemático y tener cuidado, porque los protocolos son muy claros».

La base Gabriel de Castilla está muy bien equipada, tiene «unas comunicaciones envidiables» mediante satélite, con un ancho de banda que le permitirá transmitir sus datos científicos y sus llamadas personales. Mediante videollamadas diarias, algo impensable en las otras dos expediciones, «vamos a estar perfectamente comunicados, y eso mejora mucho la convivencia y la manera de estar allí», declara.

Mientras, prepara el equipaje. El material científico salió hace unos días. El equipo de Pablo Tejedo partirá a mediados de enero.