El nuevo jefe de la Comandancia de Palencia incide en que «no hay consciencia de la crisis humanitaria en Venezuela»

El nuevo jefe de la Comandancia de Palencia incide en que «no hay consciencia de la crisis humanitaria en Venezuela»
Antonio Quintero

El teniente coronel, que llegó hace dos meses a Palencia procedente de la Embajada del país sudamericano, insiste en que cumple un sueño

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICOPalencia

Tomó posesión de su cargo como jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Palencia el 18 de diciembre de 2018, procedente de la Agregaduría de Interior de la Embajada de España en Venezuela, su último destino. Y en este breve tiempo, el teniente coronel Rafael Campos Barquín (Málaga, 1971) no puede sentirse más satisfecho de lo que se ha encontrado y del calor que ha recibido en Palencia, aunque el clima sea más bien frío.

¿Cuáles son sus impresiones de la ciudad, la provincia y el trabajo en sus comienzos en Palencia?

–Muy gratificantes, Palencia es una ciudad con mucho encanto, pequeñita, y yo me encuentro más a gusto en una ciudad pequeña. Me he encontrado un clima muy frío pero una gente muy próxima, muy agradable y con ganas de hacernos sentir como en casa. Ya no puedo recorrer la Calle Mayor sin que alguien se me acerque y entable un ratito de conversación conmigo. Aunque sí había tenido contactos con muchos castellanos por mi trabajo, no me esperaba ese calor humano.

En su toma de posesión dijo que este no era «un destino más», que era «la materialización de un sueño». ¿Qué tiene la jefatura de una Comandancia como la de Palencia para ser un sueño para usted?

–La jefatura de Comandancia, que es un mando que requiere una serie de capacidades en la toma de decisiones, y por tanto de responsabilidad, que no la tienen otros puestos. Yo he sido segundo, tercero en una Comandancia de 2.000 efectivos, pero la distancia más grande está entre el primero y el segundo, y cada vez son menos las Comandancias de teniente coronel. En casi todas las Comandancias que tienen mayor envergadura, un teniente coronel está de segundo o de tercer jefe, y son muy pocas a las que uno viene de jefe. Para mí era la ilusión ser jefe, de chiquitito en el cuartel decía que quería ser jefe como mi padre. La de Palencia fue la primera Comandancia que salió, la primera que pedí y la primera que me dieron. Iba a pedir todas las Comandancias, alguna me darían, pero tuve la suerte de que fuera Palencia, que es una tierra maravillosa. Amo el cordero, y aquí puedo comerlo con frecuencia. A mí me gusta el frío en su justa medida, si puede ser con sol, mejor. Me encanta la montaña, y creo que Palencia es un sitio maravilloso para vivir.

«Las mayores infracciones aquí van contra el patrimonio»

¿Qué radiografía hace de la delincuencia en la provincia de Palencia?

–Nos preocupan todos los delitos, y aunque las tasas de criminalidad sean bajas respecto a otros sitios, mientras haya cifras de criminalidad, van a ser nuestra permanente preocupación. Siempre vamos a priorizar en cualquier sitio los delitos contra las personas en cualquiera de sus tipologías, pero nunca nos vamos a dar por satisfechos con una tasa de criminalidad baja. En Palencia, el mayor volumen de infracciones penales van contra el patrimonio, robos en vivienda, en explotaciones agrarias. Cada vez se están dando también más estafas por cobros indebidos a través de Internet o medios telemáticos.

¿Esperaba una provincia tan segura como siempre se dice?

–No tenía una idea preconcebida, empecé a interesarme cuando vi que venía aquí destinado y no me he encontrado nada que no esperaba, era muy fácil sacar una radiografía desde cualquier parte del mundo. Mi primera imagen de Palencia la obtuve desde Caracas.

¿La lacra de la violencia de género y las agresiones sexuales va en aumento?

–Estadísticamente no se ha producido un incremento en Palencia con respecto a años anteriores, sí que existe una mayor sensibilidad y mayor facilidad para que la víctima proceda a denunciar. Todos los días trabajamos para facilitar el acceso a nosotros para iniciar la protección de la víctima y la persecución del delincuente.

Por lo que ha podido ver, ¿echa algo en falta en cuanto a medios materiales o humanos?

–Uno siempre quiere tener más, ese es el recurso fácil de un mal gestor, pedir más medios. Lo que hay que hacer todos los días es un replanteamiento sobre el uso de los medios de los que uno dispone, y ahora mismo, la ausencia de personal o de medios no es un problema que condicione nuestro grado de resultado. Todo el mundo quisiera tener las plantillas cubiertas, pero aquí el grado de cobertura es bastante alto y con eso tenemos que pelear. Somos 620 efectivos sobre un catálogo de 718, casi un 90%. Y destaco la calidad humana y el alto grado de adiestramiento y profesionalidad que he visto en el personal de Palencia.

Suena mucho mejor Agregaduría de Interior de la Embajada de España en Venezuela, su último destino, que jefe de la Comandancia de Palencia. ¿Es un paso obligado pensando en su carrera profesional?

–De mi promoción, que somos 25, solo hay tres que estamos a cargo de Comandancias, no es un paso obligado. Además de que te complica la vida, porque de teniente coronel hay destinos más cómodos, más tranquilos, ser jefe de Comandancia es un destino vocacional, querer afrontar problemas y resolverlos. En la Guardia Civil hay dos proyecciones muy diferentes, la Guardia Civil de Madrid y la de provincias. Yo siempre he estado fuera de la Dirección General, y lo he tenido claro siempre, mi objetivo era llegar a una jefatura de Comandancia.

La experiencia en Caracas habrá sido muy gratificante...

–Ha sido apasionante en el plano personal y profesional. Estaba solo allí y he tenido que hacer frente a retos que no imaginaba y para los que nadie te prepara, con las particularidades de la situación que está viviendo ese país. Ha sido una experiencia muy bonita, sobre todo relacionada con la colonia de españoles que hay allí, unas 200.000 personas, viviendo muchas de ellas una crisis humanitaria de la que aquí no llegamos a ser del todo conscientes.

Venezuela es un país que está en de todos los partidos políticos como arma arrojadiza...

–Al margen de cualquier tipo de afinidad, el de Venezuela no es un problema de ideología política, es una crisis humanitaria que está afectando en todos los órdenes a la mayor parte del conjunto de la población, y las consecuencias son dramáticas. Hablamos de 23.000 muertos de manera violenta en 2018; 27.000, en 2017... Son cifras que no tiene un Estado en conflicto armado, como puede ser Afganistán.

¿Se frivoliza en España al hablar del problema de Venezuela?

–No tengo capacidad para discernir si se frivoliza o no, porque eso forma parte de la intencionalidad con que cada cual use la situación de Venezuela. A nivel personal, entiendo que no se es del todo consciente dentro de la opinión pública de la crisis humanitaria que allí se está viviendo y que empeora día a día.

En su toma de posesión también dijo que allí se vivía un «salvaje y dramático caos»...

–No voy a entrar a valorar cuestiones políticas porque no me corresponde, allí sí he trabajado con las fuerzas de seguridad y la lección que traté de poner sobre la mesa es que, en esos países, en el seno de la fuerzas de seguridad, cuando desaparecen los valores como pauta de actuación, son usurpados por intereses de unos pocos que tienen consecuencias dramáticas en la mayor parte de la población.

¿Qué funciones desempeñaba en Venezuela?

–Fundamentalmente se basan en el apoyo a la colonia de españoles que hay allí, en la cooperación policial y el apoyo en la Embajada en las cuestiones que afectan al Ministerio del Interior.

También estuvo comisionado en Afganistán y Mozambique, que son lugares de refugio de terrorismo y piratería...

–En Mozambique se complicaba por la época, Internet estaba muy mal. En Afganistán la situación sí que era especialmente complicada, porque allí, de los 22 que fuimos, dos se quedaron, mataron a un capitán y a una alférez. Además, era un país muy duro, con una climatología en la que en el mismo día pasabas de dos o tres grados bajo cero a 40 grados a mediodía, y con la amenaza de los talibanes permanente.

El terrorismo es la mayor preocupación de la sociedad occidental...

–Ningún sitio puede creerse libre de esa amenaza, y Palencia no es distinto a los demás. Esperemos que, por probabilidades, no tengamos que lamentar nada. Pero para nosotros es una prioridad la detección precoz, y en ese sentido trabajamos todos los días.

Hablando de España y el conflicto en Cataluña, ¿es un momento en el que los Cuerpos de Seguridad del Estado son más necesarios que nunca?

–Siempre son necesarios, y un mal uso de ellos siempre tienen con consecuencias dramáticas. Somos una herramienta que hay que utilizar adecuadamente, no somos un fin.

¿Pero se está demonizando a la Guardia Civil y a la Policía por su trabajo en Cataluña en defensa del orden constitucional?

–Como herramienta, somos siempre los que nos llevamos los golpes, porque somos los que tenemos que ejecutar las órdenes del mando político y eso siempre conlleva un desgaste, pero esta es una sociedad lo suficientemente madura como para saber valorar y posicionar a cada cual con lo que le compete.

Tiene que ser duro sufrir un clima hostil y el hostigamiento...

–Más que duro, es triste. Estamos acostumbrados a la dureza, yo empecé a dar mis primeros pasos en la Comandancia de Intxaurrondo y recuerdo hacerme el planteamiento de por qué había gente que me quería matar si yo no había hecho nada. Más que duro, resulta triste ver cómo a veces no te sientes comprendido por el resto de la sociedad.

¿Percibe encrespamiento político en España y posibles consecuencias ante la próxima cita electoral?

–Una de las grandes virtudes de la Guardia Civil es la impermeabilidad en sus estructuras tanto de funcionamiento como de proyección profesional respecto de la situación política, y eso hace que la institución haya prevalecido con el mismo nombre desde su creación.

Con su edad y trayectoria, ¿cuánto durará en Palencia?

–Mi intención es agotar el empleo aquí hasta el ascenso a coronel, hablamos de en torno a cinco años.

 

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