Cinco momentos para sentirse Don Quijote

La ruta por los recorridos de la obra de Cervantes descubre lugares que hacen al visitante retroceder cuatro siglos e imaginar cómo era la vida en la tierra que el escritor convirtió en leyenda

Escultura de Don Quijote en Argamasilla de Alba. /
Escultura de Don Quijote en Argamasilla de Alba.
ÁLVARO SOTOMadrid

Pero ¿por qué Cervantes, que era de Alcalá de Henares, situó a su Quijote en la Mancha, y no, por ejemplo, en Valladolid o en Cáceres? La respuesta tiene que ver con la profesión que, alrededor del 1600, tenía el escritor. En aquella época, Cervantes era alcabalero real en La Mancha, y cualquiera puede suponer que ser el recaudador de impuestos de pequeños pueblos separados por largas distancias y caminos pedregosos no debía de ser el mejor trabajo del mundo. Se conocía gente, sí, pero no en las mejores condiciones. Sin embargo, de aquellos encuentros, normalmente ingratos (llegó a ser encerrado en Argamasilla de Alba, como luego se contará), Cervantes supo destilar conversaciones y retratos humanos y también de lugares que cambiaron para siempre la literatura universal.

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