Aquel día en el que Villalar fue fiesta

Hace ahora 30 años, el 11 de abril de 1986 las Cortes aprobaron, a instancias del ejecutivo liderado por Demetrio Madrid, el proyecto de Ley que declaraba el 23 de abril como fiesta de la comunidad

Concierto en la campa de Villalar a finales de la década de 1970/
Concierto en la campa de Villalar a finales de la década de 1970
ENRIQUE BERZAL

De estas tierras surgió el clamor que, en 1520, con la formación de la Junta Santa de Ávila, se alzó en defensa de los fueros y libertades del Reino frente a la centralización del poder en manos de la Corona que encarnaba Carlos I. Si en Villalar (23 de abril de 1521) la suerte de las armas fue adversa a los Comuneros, no ocurrió así con sus ideales, que pueden ser considerados precursores de las grandes revoluciones liberales europeas. Como homenaje a ese movimiento, el 23 de abril es hoy la fiesta oficial de la comunidad autónoma. Así de claro lo señala en su preámbulo el Estatuto de Autonomía: el 23 de abril es la fiesta oficial de Castilla y León.

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Pero no siempre fue así, ni mucho menos; y eso a pesar de que, desde 1976, cientos, miles de castellanos y leoneses venían acudiendo cada año a la campa de Villalar para reivindicar la memoria de los comuneros y ponerla en conexión con los anhelos de libertad y autonomía propios del momento. Y es que si «la fiesta oficial de la Comunidad es el 23 de abril», como señala el Estatuto en su artículo 6, ello se debe a que tal día como hoy de hace 30 años, las Cortes de Castilla y León aprobaron el correspondiente proyecto de Ley.

El enconado enfrentamiento político que caracterizó el nacimiento de la comunidad explica la imposibilidad de haberlo hecho en años anteriores, y eso que el Ejecutivo autonómico lo había planteado en octubre de 1983, esto es, cuatro meses después de que el PSOE ganara las primeras elecciones autonómicas. En efecto, lastrado el debate por una división interna que enfrentaba a los defensores de la configuración actual de la autonomía con quienes pretendían separar las provincias de Segovia y León, el consenso parecía imposible. Más aún cuando las posturas separatistas venían abanderadas desde potentes sectores de Alianza Popular, partido político que en aquellos momentos no tenía muy claro su posicionamiento ante la realidad autonómica castellana y leonesa.

Aquel primitivo proyecto de ley de 1983, aparte de fijar el 23 de abril como fiesta oficial de Castilla y León, detallaba las actividades a realizar aquel día tanto en Villalar como en otras localidades de la región. Sin embargo, cuando en el mes de octubre el Ejecutivo liderado por Demetrio Madrid intentó aproximar posturas mediante una reunión de los principales representantes de los grupos parlamentarios en las Cortes, que entonces se ubicaban en el castillo vallisoletano de Fuensaldaña, el de Alianza Popular decidió no acudir. Al único acuerdo que se llegó fue a la realización de una encuesta para saber la opinión de los ciudadanos, ofreciéndoles incluso fechas alternativas.

Impulsada por Javier Tezanos, portavoz de la Junta en ese momento, la muestra ofreció un resultado curioso: frente al 15% que se negaba a emitir su opinión, un 24,5% optaba por el 23 de abril como fiesta oficial; el 25,9% se decantaba por el 25 de febrero, fecha en que se aprobó el Estatuto; el 21,7%, por el 12 de octubre (Día de la Hispanidad), y un 9,9% prefería el 30 de mayo, festividad de San Fernando.

Pese a ello, el consenso no fue posible. La fiesta en la campa siguió celebrándose sin carácter oficial y prácticamente monopolizada por las fuerzas de izquierda, puesto que los populares de la región y otras fuerzas de centro-derecha, como el PDP, que en 1986 capitaneaba Rodolfo Martín Villa, no ocultaban su rechazo tanto a la configuración de la comunidad como a la fiesta en la campa. El paso decisivo se dio en abril de 1986, en los albores del 465 aniversario de la revuelta comunera; el día 11, cuando se debatió en las Cortes regionales el proyecto de Ley que fijaba el 23 de abril como fiesta oficial de Castilla y León.

Un debate cargado de polémica. De hecho, no fue necesario abordar el significado de la fecha para que se visibilizaran las profundas diferencias políticas entre los dos partidos mayoritarios, PSOE y AP, pues ya el procedimiento de tramitación elegido, por la vía de lectura única, generó una intensa batalla parlamentaria.

Debate polémico

Mientras Jesús Quijano, portavoz socialista, lo justificaba por la propia naturaleza del proyecto de ley y por su simplicidad, su colega del grupo popular, Vicente Bosque Hita, sostenía todo lo contrario aduciendo la poca simplicidad del mismo. De hecho, cuando el procedimiento se aprobó por 41 votos a favor(los del grupo socialista más el del independiente José M. Hernández), 36 en contra (los de Alianza Popular) y 4 abstenciones (grupo mixto), el portavoz popular, aun sin oponerse al 23 de abril como fiesta oficial de la comunidad, expresó su rechazo por la vía elegida y, acto seguido, abandonó el hemiciclo acompañado por todos los procuradores de su grupo.

De este modo, el proyecto de ley quedó finalmente aprobado con los votos del PSOE y del independiente José M. Hernández, más las cuatro abstenciones de los procuradores del grupo mixto. «Es un acontecimiento más importante que la estricta historia de Castilla y León», señaló aquel 11 de abril de 1986 el presidente de la Junta, el socialista Demetrio Madrid López.

De este modo, la ley 3/1986, de 17 de abril, publicada el día siguiente en el Boletín Oficial de Castilla y León, señala que era «preciso completar el conjunto simbólico de Castilla y León instituyendo por la Ley la fiesta de la Comunidad que sea a la vez homenaje a los antepasados y promesa ante quienes sigan en el afán de mejora de las condiciones de vida de los castellanos y leoneses», recogiendo el sentimiento tradicional y espontáneo de la mayoría del pueblo.

Por ello, el 23 de abril ha permanecido en la memoria colectiva del pueblo que, consciente de la trascendencia que tuvo para la determinación de su evolución y desarrollo, ha reivindicado siempre como fecha ilusionada para la recuperación de su libertad y autogobierno en la solidaridad y unidad de España. En artículo único, la ley fija el 23 de abril como fiesta oficial de la comunidad.

Claro está, los detractores de la actual configuración territorial de la comunidad autónoma no cejaron en su empeño. De hecho, cinco días antes de la aprobación de la ley, la Junta pro Burgos Cabeza de Castilla había sacado a la luz un comunicado en el que la tildaban de «despropósito». De igual manera, el polémico alcalde de León, Juan Morano Masa, entregó a los medios un texto titulado «Villalar no es nuestra fiesta».

Enturbiada por los altercados que protagonizaron jóvenes de Unidad Popular Castellana (UPC), la fiesta de Villalar de 1986 contó con la presencia de los mandatarios de Castilla-La Mancha, Asturias, Extremadura y Asamblea de Madrid, del presidente del Senado, José Federico Carvajal, y del locutor de Radio Nacional de España Julio César Iglesias, encargado de leer l Manifiesto. Este abogaba por «volver a levantar las viejas banderas de la concordia» y «gritar, sin rencores, la viva presencia de unas gentes que entienden aquello de la paz y el desasosiego. Vayamos cambiando el signo de la voz del poeta, a hacer de Castilla y León la patria de la rabia y de la idea»

Además, aquel 23 de abril de 1986 se instaló en la sede central de la Junta de Castilla y León (Colegio de la Asunción) el monolito de granito que lleva esculpido el escudo de la comunidad, obra de Máximo Velayos.

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