Caballos para curar

La equinoterapia fortalece los músculos y mejora la movilidad, la autoconfianza y el sentido de la responsabilidad

C. V. G. (ICAL)PALENCIA
Internos del centro asistencial San Juan de Dios, en la granja Jara y Romero, limpiando a Caramelo. / Brágimo-ICAL/
Internos del centro asistencial San Juan de Dios, en la granja Jara y Romero, limpiando a Caramelo. / Brágimo-ICAL

Nerón es tranquilo, muy dócil y no se asusta con casi nada. Sobre su grupa se acumulan horas y horas en la escuela de equitación y una gran experiencia con personas. Es más bien bajito, mide entorno al metro y medio y es tirando a ancho, tipo percherón. Nerón reúne todas las características que debe cumplir el caballo idóneo para la equinoterapia, y desde hace unos meses participa en esta actividad con un grupo de pacientes con discapacidad del centro asistencial San Juan de Dios de Palencia.

Nerón es el que menos experiencia en equinoterapia tiene del centro hípico Romero y Jara, unas instalaciones con vistas al río Pisuerga y a un bosque de chopos y coníferas enclavado en el bello paraje de los Llanos y el Prado, en el término municipal Magaz de Pisuerga. El caballo se ha incorporado este año a esta tarea que comparte con Jara y Caramelo.

Los beneficios de la equinoterapia para personas con discapacidad tanto física como intelectual están más que demostrados, asegura José Manuel Romero, gerente del centro y monitor de equitación. Romero explica la diferencia entre hipoterapia y hipoterapia. «La hipoterapia tiene como objetivos la integración y desarrollo de habilidades mediante el contacto con el caballo, mientras que equinoterapia va más allá e incluye el cuidado y limpieza del caballo y de las cuadras, lo que supone el añadido de una actividad física, y la asunción de responsabilidades».

Todos los viernes, pasadas las 11:00 horas llegan al centro hípico un grupo de siete personas con discapacidad procedentes del San Juan de Dios. Inician la jornada con el cuidado del caballo, lo que incluye el cepillado del animal, una de las actividades que más les gustan y a la que se aplican con gran esmero.

El primer beneficio de esta terapia, indica Romero, es que estos pacientes rompen con la rutina del día a día. Además, lo hacen en un entorno natural muy saludable y permaneciendo al aire libre. «Cuando ven la furgoneta que les espera para venir al centro hípico corren para subirse a ella; cuando la ven para otras actividades los cuidadores tienen que llamarles para que suban», relata orgulloso el gerente de Romero y Jara.

Una vez terminado el cepillado del animal, comienza la clase de equitación. Estos pacientes han mejorado mucho, no solo son capaces de montar sin ayuda, asegura Romero, sino que incluso llegan a hacer círculos y otros manejos. Algunos de ellos llevan en esta terapia los tres años que se lleva impartiendo en el centro de Magaz y otros se han ido incorporando en los meses sucesivos.

La terapia se desarrolla coincidiendo con el año escolar y son un total de 28 las personas con distintas discapacidades las que participan en diferentes sesiones y días. Desde el punto de vista físico, la equinoterapia hace posible el fortalecimiento de los músculos restaurando la movilidad perdida y mejora el equilibro y la coordinación.

Algunos de los pacientes que se mantienen con dificultad erguidos y presentan poca flexibilidad sobre el caballo permanecen derechos y se muestran flexibles, señala el monitor. De hecho, la equitación transmite un patrón de locomoción equivalente al patrón fisiológico de la marcha humana. Así, una serie de oscilaciones tridimensionales como avance y retroceso, elevación y descenso o desplazamiento se graban en el cerebro y se automatizan en el tiempo.

Desde el punto de vista psicológico, esta práctica ayuda en el manejo adecuado de impulsos, aumenta la autoconfianza, la autoestima, la capacidad de adaptación, la cooperación y el sentido de responsabilidad, además de fortalecer la atención y concentración mental, así como la capacidad de comunicación.

Además, el hecho de tener el dominio sobre el caballo hace sentir a estos pacientes más decididos, al mismo tiempo que disfrutan. «La terapia se completa con la limpieza de las cuadras que aporta un plus de ejercicio físico y de responsabilidad, también muy beneficiosos», apostilla Romero.

Las 28 personas con discapacidad del centro asistencial San Juan de Dios que participan en este programa de equinoterapia pertenecen a las unidades de psicogeriatría, patologías psíquicas, psiquiatría tanto de adultos y jóvenes y otras dolencias de carácter moderado.

Los caballos se muestra siempre tranquilos, afirma Romero, y receptivos a las señales de los pacientes. Cualquier animal no vale para esta terapia, ya que tienen que tener muchas experiencia y deben mostrar un carácter paciente y muy dócil. Romero trajo hasta la localidad palentina de Magaz esta terapia tras haber comprobado sus excelentes resultados en Andorra.

La equinoterapia no es la única actividad que se presta desde el centro hípico, que cuenta con casi una veintena de caballos. También se imparten clases de equitación, se realizan paseos y rutas, se organizan cursos ecuestres, se entrena y preparan caballos para competir y se oferta el cuidado y estabulación de equinos para particulares con asistencia nutricional, veterinaria y técnica.

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