Valladolid retira 1.069 bolardos que incumplen la nueva normativa de accesibilidad

Bolardos en una acera. / R.J.

Los pivotes deberán tener entre 75 y 90 centímetros de altura... ya no valen las bolas o los bolos bajos

Víctor Vela
VÍCTOR VELA

Eran 60 las enormes canicas de piedra que salpimentaban San Martín y que convertían la calle en un auténtico campo de minas para personas invidentes y con movilidad reducida. La ONCE la tenía marcada con un punto negro entre las vías con más problemas de accesibilidad. Complicado pasear por allí sin tropezar con alguno de esos topes esféricos, ideados para separar acera y calzada, para impedir el estacionamiento indebido de vehículos, pero que, por su diseño, se convertían en temible enemigo, en el ejemplo más claro de que había (todavía hay) zonas de Valladolid donde existen bolardos que incumplen la nueva normativa de accesibilidad viaria –que entró plenamente en vigor el pasado 4 de diciembre– y que obliga a adoptar modelos menos agresivos:más estrechos, más altos, con colores que contrasten con los de las aceras.

Calles afectadas

Acera de Recoletos: Fue una de las primeras medidas, con la retirada de 95 cuñas de granito.

San Martín: Se han eliminado 60 bolas de piedra. En el entorno:14 en la calle Lira y 13 en Prado.

Plaza de los Arces: 22 bolas de fundición. Una en Conde Ansúrez.Además: Bolos pequeños en Carranza (3), Paz (2), Luis Rojo (3), Pozo (5), Ramón y Cajal (8 retirados por Sacyl), y Francisco Javier Martín Abril (10).

Carretera de Rueda: 222 bolardos tipo horquilla.También bolos pequeños en Covaresa: Castaños (25), Pérez de Ayala, Camilo José Cela o Antonio Machado (todas con 8).

Delicias: Hay 41 bolas de fundición en la avenida de Segovia (se retirarán en verano). YGuipúzcoa (52), Martín Lutero King (28), Óscar A. Romero (25), Juan Carlos I (32).

Zona Norte: Trece en Soto, 3 en Mirabel y 14 en Prado de la Magdalena.

El Ayuntamiento ha emprendido una campaña para sustituir hasta 1.069 elementos que, distribuidos en varias zonas de la ciudad, incumplen una norma estatal aprobada en marzo de 2010, que fijaba el inicio de aplicación el 1 de enero de 2019 pero que, un real decreto de 2013 adelantó al 4 de diciembre de 2017. El cambio de bolardos en San Martín ha sido uno de los primeros (acometidos el verano pasado) y desde entonces le han seguido otras calles emblemáticas, como la plaza de los Arces o las cuñas de la Acera de Recoletos. En total, la concejalía de Urbanismo –en colaboración con entidades sociales y vecinales– ha detectado 1.069 elementos de este tipo:sobre todo bolas de piedra o fundición e hitos bajos. Casi un tercio están situados en el casco histórico, pero se han identificado también trescientos en Covaresa, 114 en el entorno del paseo de Zorrilla y 191 en Delicias. Un caso significativo en este barrio son las bolas de metal situadas en torno al túnel de Labradores y la calle Mallorca. Un rosario de perlas metálicas que tiene los días contados. El concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, ha explicado que se retirarán este verano, al aprovechar que se ejecutarán obras en la zona. Un modelo idéntico se encuentra en las inmediaciones de la plaza de toros. En este caso, apunta el edil, no se puede intervenir de forma directa por la administración municipal, al no tratarse de un espacio de titularidad pública, por lo que «se ha requerido a los propietarios a que los sustituyan».

No hay un cálculo exacto sobre el número de bolardos plantados en el callejero vallisoletano. El último recuento que consta en los despachos de San Benito es de cerca de veinte mil unidades, una cifra que, según Saravia, se antoja elevada. En cualquier caso, se ha cuantificado en 1.069 los que han sustituirse para adaptarse a la normativa (la mayor parte ya se ha llevado a cabo). «Puede que sean más y que, en algunos casos, no se hayan detectado. Nos ha ocurrido en varios puntos de La Rondilla», apunta el concejal de Urbanismo, quien recuerda que existe el teléfono 010 para advertir de la presencia de bolardos que pudieran contravenir la nueva normativa de accesibilidad.

¿Cómo tendrán que ser a partir de enero estos elementos? El artículo 29 de la orden del Ministerio de Vivienda sobre accesibilidad y no discriminación en la utilización de espacios públicos urbanizados dice que los bolardos instalados en las áreas de uso peatonal «tendrán una altura situada entre 0,75 y 0,90 metros, con un ancho o diámetro mínimo de 10 centímetros y un diseño redondeado y sin aristas». Por lo tanto, no son aceptables ni estas bolas de metal o piedra ni tampoco aquellas cuñas que había en Recoletos. Además, se obliga a que sean «de un color que contraste con el pavimento en toda la pieza o, como mínimo, en su tramo superior, asegurando su visibilidad». Este punto no solo es relevante para las personas con discapacidad visual –que tengan restos de visión–, sino que también mejora su percepción durante la noche. El texto requiere que se coloquen «de forma alineada» y que, «en ningún caso, invadan el itinerario peatonal accesible ni reduzcan su anchura en los cruces o resto del recorrido». El modelo instalado responde a estos principios. Son picas metálicas, con el escudo de la ciudad. Saravia adelanta, no obstante, que el Ayuntamiento «está pensando en uno menos historicista, más escueto y moderno» para utilizarlos fuera del casco histórico.

Lidia Martín, responsable de accesibilidad de Aspaym, indica que el colectivo no ha elaborado un informe específico sobre bolardos (como sí ocurre con bordillos o paradas de autobús)puesto que no existe un gran número de quejas respecto a ellos. No obstante, sí que insiste en la necesidad de mejorar la accesibilidad de los espacios públicos en todos los aspectos. «Los plazos que dio la orden de 2010 fueron un poco elevados», recuerda Martín, quien valora positivamente la acción municipal para cambiar 1.069 bolardos. «La normativa afecta en principio a las nuevas urbanizaciones y a aquellas ya existentes en las que se pudieran hacer ajustes razonables. Las administraciones se podrían acoger a esto último, con diversas excusas, para no hacerlo, por eso es importante que el Ayuntamiento se lo haya tomado en serio». Desde Aspaym recuerdan la relevancia no solo del modelo, sino también de su ubicación: «Es importante que haya una separación entre ellos de entre 1,20 y 1,50 metros, para que pueda pasar una silla de ruedas».

El cambio ha animado al Ayuntamiento a reducir en varios puntos su «densidad», aunque Saravia recuerda que se trata de un elemento funcional. «A veces tienen mala fama y es verdad que en ocasiones se ha abusado de ellos, con hileras que parecen un fortín, pero si se colocan de forma adecuada, son eficaces para delimitar el acceso de vehículos, organizar el tráfico e impedir el aparcamiento en espacios no habilitados». Cada bolardo tiene un precio medio aproximado de 180 euros.

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