La resurrección virtual del patrimonio destruido

El arquitecto Eduardo Carazo analiza y reconstruye la demolición urbanística del centro histórico vallisoletano en el libro 'Espacios con historia'

Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

Que Valladolid es una de las ciudades de España que peor ha tratado su patrimonio urbano es algo que los estudiosos vienen demostrando, y lamentando, desde hace décadas. La sentencia más repetida a este respecto es que dicho proceso destructor fue el resultado, principalmente, de la vorágine especuladora desatada en los años sesenta del pasado siglo, instigada por el pujante desarrollismo económico. Sin dejar de ser cierto, estudios recientes retrotraen tamaño proceder al siglo XIX. Es lo que hace Eduardo Carazo Lefort en «Destrucción del patrimonio urbano. Una investigación en el casco histórico de Valladolid», uno de los cinco capítulos del libro 'Espacios con historia en la ciudad de Valladolid', publicado por el Ayuntamiento de Valladolid y Patrimonio Inteligente. La obra, que coordina Arturo Balado Pachón, es fruto de las jornadas sobre «Patrimonio y Ciudad Villa de Prado» organizadas el año pasado por Patrimonio Inteligente y la Asociación de Vecinos 'Villa de Prado' con la colaboración del Ayuntamiento.

Carazo parte de la evidencia, más que demostrada en la historia urbana de esta ciudad en la época contemporánea, de la «masiva destrucción de su importante patrimonio urbano en el tercer cuarto del siglo XX». Es más, incluso no duda en afirmar que Valladolid «constituye un ejemplo en grado extremo de las patologías de destrucción indiscriminada del patrimonio urbano». Sin embargo, en lugar de colocar el origen de dicho proceso en la vorágine especuladora y constructora de los años sesenta, momento en el que dicha destrucción se produjo con mayor intensidad y radicalidad, Carazo aclara que estamos ante un proceder de mayor duración en el tiempo: «La dramática transformación de la forma urbana cuyo resultado conocemos en la ciudad actual no es fruto, como se ha venido anunciando de forma simplista, del desarrollismo y la especulación de los últimos años de la autarquía. Sino, más bien, que constituye el final de un largo proceso ideológico, económico y social que se gesta con las primeras desamortizaciones en el primer tercio del siglo XIX, aunque termina por materializarse en el XX».

Según Carazo, la gran extensión del centro histórico, producto del importante desarrollo de la ciudad en el siglo XVI, motivó la ausencia de ensanche urbano y su sustitución por una reforma interior que conduciría, de forma paulatina e inexorable, a la destrucción completa del patrimonio urbano.

Para ilustrar dicha hipótesis, el arquitecto se centra en la zona originaria del casco histórico -plazas del Rosarillo y de San Miguel-, por ser el núcleo fundacional de la ciudad en la Baja Edad Media. La originalidad del capítulo reside en la reconstrucción virtual de dicho patrimonio destruido, una reconstrucción que Carazo explica de manera pormenorizada en sus aspectos técnicos y acompaña con varias fotografías y reproducciones para ilustrarla. Para proceder a la 'resurrección' virtual del patrimonio demolido, Carazo se basa en cuatro fuentes de enorme relevancia para la historia urbana de Valladolid: el Plano de Ventura Seco, de 1738, que reproduce con enorme exactitud dicho espacio céntrico; el Plan del topógrafo militar Joaquín Pérez de Rozas, datado en 1863; el Plano Municipal de 1941, basado en el anterior; el Vuelo Cartográfico de 1956, que demuestra cómo aún se conservaba intacta la mayor parte del patrimonio urbano; y el Vuelo Cartográfico de 1960, donde ya se aprecian algunos derribos originados por la apertura de la calle de Felipe II.

Arriba, destrucción de la casa de López de Arrieta; abajo, su reconstrucción virtual y la Plaza del Rosarillo hoy. / EL NORTE

Entre las ilustraciones que acompañan estas 23 páginas figuran fotografías antiguas que muestran la evolución del entorno de la iglesia de Santa María de la Antigua desde finales del XIX; el proceso de apertura de la calle de Felipe II; dos ortofotos del centro histórico, una actual y otra de 1960 donde se distinguen la primera muralla medieval y el río Esgueva; la impactante evolución experimentada por la Plaza de la Trinidad y la calle del Conde de Ribadeo tras los procesos de demolición; y reconstrucciones virtuales de la casa del padre Lapuente, en la Plaza del Rosarillo, del palacio de López de Arrieta, en conde de Ribadeo, y de esta misma calle.

El libro 'Espacios con historia en la ciudad de Valladolid' recoge otros capítulos dedicados a los orígenes y la evolución del Hospicio Provincial; la historia del abastecimiento de agua, que redacta Jesús Anta; el urbanismo de la Plaza Mayor, a cargo de Alejandro Rebollo; y la historia y evolución del Campo Grande, escrito por María Antonia Fernández del Hoyo.