Campanas al atardecer y contra las tormentas; así son las tradiciones de febrero en Valladolid

Israel Tobar toca la campana de la ermita de La Parrilla cada día al anochecer. /H. Sastre
Israel Tobar toca la campana de la ermita de La Parrilla cada día al anochecer. / H. Sastre

Numerosos municipios celebran este fin de semana rituales en honor a San Blas, Santa Águeda, Santa Brígida, Las Candelas y San Francisco

LORENA SANCHO / MIGUEL GARCÍA MARBÁN

Tobillos al aire, jeans apretados hasta los gemelos y piercing en la nariz para acompañar a sus 28 años. Y bajo la vestimenta propia de su edad, una fe por San Francisco de San Miguel que desde hace 362 días, puntual, le empuja cada atardecer a voltear la campana de la ermita de La Parrilla para dar debido cumplimiento al rito que estipulan los estatutos de su cofradía. «Nunca han dejado de sonar las campanas, al menos no que yo recuerde. A nadie se le olvidó o dejó de hacerlo», argumenta Israel Tobar, mayordomo desde el 6 de febrero de 2018 de la cofradía de San Francisco de San Miguel, el santo al que La Parrilla venera dos veces al año; cuando le mataron y cuando le canonizaron.

La tradición dice en este pueblo vallisoletano que el mayordomo de la cofradía deberá tocar las campanas todos los días del año al atardecer como recuerdo al toque con el que antiguamente se avisaba a los trabajadores del campo que debían regresar a casa. Y así lo hace Israel Tobar desde el 6 de febrero de 2018. Y así lo hará hasta que este próximo miércoles traspase la Vara a su sucesor. «Desde que nos inscribimos en la cofradía estamos esperando este momento. Yo he tardado 28 años, porque me inscribieron nada más nacer, y aunque es sacrificado es un orgullo».

La campana de la ermita, en el centro del pueblo, toca así al atardecer y cuando hay visitas. La duración debe ser acorde a lo que se tarda en rezar un Padre Nuestro. «Unos cien volteos, dice mi padre», añade este joven cofrade. Y después de su sonido, silencio. No pueden sonar ya las de la iglesia parroquial de La Parrilla. Salvo urgencia. «Si suenan las dos, malo, o hay fuego o alguien se ha perdido».

La de La Parrilla es solo una de las varias tradiciones que el medio rural mima desde hace décadas, incluso siglos, con motivo del santoral del mes de febrero. Son numerosos los pueblos que estos días veneran a San Blas, Santa Águeda o Las Candelas. Pero también a Santa Brígida, que encuentra su principal ritual en la pequeña población terracampina de Santa Eufemia del Arroyo.

Aquí, con apenas un centenar de vecinos, conservan la tradición de tocar las campanas cada noche del 31 de enero, vísperas de Santa Brígida, para ahuyentar las temidas tormentas por intercesión de la santa. Una costumbre el pasado jueves volvieron a repetir como una de sus importantes señas de identidad.

A última hora de la tarde, cuando ya era de noche, un buen número de vecinos, desafiando el temporal de agua y viento, subieron a la torre de la iglesia. Entonces el veterano Félix Fernández, a sus 76 años de edad, repicó las campanas con unos toques característicos, mientras por su cabeza pasaba, una y otra vez, la frase 'Tente nube, tente tú, que solo Dios puede más que tú, si eres lluvia, ven acá, si eres piedra, tente allá', que surtieron efecto a la vista del tremendo aguacero con fuerte viento que en ese momento caía sobre el pueblo. Fernández, con cuatro lustros de experiencia, recordaba que es en esta noche cuando se forman «los malos nublados, los que traen piedras, que hay que ahuyentar».

La costumbre era que el ritual comenzase a partir de las doce de la noche, en el inicio de la festividad de Santa Brígida. Entonces se hacía una hoguera en la torre, se llevaba la merienda y se estaba toda la noche tocando las campanas. «Los jóvenes se turnaban, había mucho ambiente y desde la torre se veía cómo los vecinos salían a las puertas de las casas para oír las campanas», rememoraba Félix Fernández. Porque existía la creencia de que quien no escuchaba el tañido de las campanas, moría ese año. Lejanos tiempos en los que eran muchos los que subían a la torre y tocaban las campanas, «pero muy pocos sabían hacerlas cantar como el señor Boni, su hijo Boni o Lucinio», señaló el vecino Victorino Cañibano, que, con 76 años, también subió al campanario, como el alcalde de la localidad, Victorino Rodríguez, y la teniente alcalde, Lydia Uña, para la que «es una tradición que es de nuestros ancestros, por eso es importante hacerla como la hacían ellos para ligarnos a nuestras raíces».

Todavía hoy son muchos los vecinos que ya no viven en el pueblo y que regresan para oír las campanas y poder expresar, con alivio, como se ha hecho siempre, «este año, por lo menos, ya no me muero».

Desde Valladolid, se acercó el cronista de la villa, Miguel Ángel Cañibano, quien recuerda que gracias al catastro del marqués de la Ensenada se puede saber que en 1752 el concejo pagaba 16 reales por el refresco que se hacía ese día.

La bendición de cintas para prevenir y curar enfermedades de la garganta en Fresno el Viejo con motivo de San Blas, o las carreras a caballo, también de cintas, para celebrar Las Candelas en Tordehumos se sucederán este fin de semana entre las varias tradiciones programadas en el medio rural vallisoletano. No faltarán tampoco los ritos vinculados a Santa Águeda, donde Campaspero y Tiedra presumen de atesorar algunos de los trajes más ricos y de conservar, en este último caso, la festividad tal cual se celebraba hace siglos. Ayer mismo las mujeres tiedranas se vistieron con traje antiguo, pañuelo de ocho puntas o cien colores y mantillina negra para la misa y procesión. El martes le tocará el turno al grueso de los pueblos, con curiosidades como la de Cogeces del Monte, donde las mujeres peinan a los hombres.