Los robots llegan a la escuela

Una alumna de SiliconVall trabaja con el ordenador portátil. /
Una alumna de SiliconVall trabaja con el ordenador portátil.

Academias y ayuntamientos proponen con éxito la programación como actividad extraescolar

ANTONIO G. ENCINAS

El Ayuntamiento de Zaratán introdujo este año una novedad en sus actividades para niños: iniciación a la robótica. Estaba previsto un grupo de 12 alumnos. Tuvieron que organizar cuatro turnos y ni eso impidió la lista de espera. Al mismo tiempo, abrían sus puertas Escuela de Ciencia, en Laguna, y SiliconVall, en Parquesol, y la empresa Robotix alcanzaba los treinta centros escolares a los que imparten clases de programación o robótica. Ztraining, de Arroyo, va a acudir al Simo de Educación de Madrid para salir al mercado como franquicia de enseñanza de nuevas tecnologías.

La demanda se ha disparado.

«¿Qué niño no querría aprender a programar un videojuego?», se pregunta Raquel Ibáñez, de Escuela de Ciencia. Hace cinco años no encontró a nadie que quisiera invertir un euro en la ciudad para levantar su proyecto. Una charla en TEDxValladolid y una idea bien expuesta le merecieron el crédito de la lanzadera de empresas de FernandoRoig (Mercadona). «Al principio cuesta mucho y una vez que vas generando mercados, se va a ampliando la demanda y hay más empresas se va generando mucho ruido. Antes la gente pasaba por delante de la escuela y no sabía qué hacíamos. Teníamos que explicarlo. Ahora lo buscan. Ese salto es bonito de ver».

El futuro es tecnológico.

Facebook ha hecho cálculos. «En el año 2020 habrá un millón de empleos en programación», dicen.

Y Benjamín Sahelices, director de la Escuela de Ingeniería Informática de la Universidad de Valladolid, está de acuerdo. «No es tanto la robótica, que sería una parte, como las tecnologías, la programación. La robótica es un ordenador con motores y se mueve, pero el que lo dirige es un ordenador. Se trata de saber cómo funcionan los ordenadores y no hay mejor manera que aprender cómo se programa. Y así lograrás una generación de gente que entiende los ordenadores y que puede programar o no, pero entiende esa tecnología. Una vez tienes eso, es todo mucho más sencillo».

El coste mensual en una academia de este tipo ronda los 50 euros por niño. Las herramientas son caras y evolucionan cada día.En Ztraining, Antonio Gutiérrez yRaúl Gutiérrez ya se han lanzado al mundo de las impresoras 3D. «No montan solo un dispositivo de Lego, sino el que han diseñado y que hemos impreso. Nuestros dispositivos están controlados por aplicaciones móviles que les enseñamos a hacer. Así cierran el círculo de la tecnología», explican.

Lego, scratch, arduino.

Son palabrejas con las que se familiarizan rápidamente los más pequeños.

Cristina García, Juan Carlos Álvarez y Jorge García son ingenieros informáticos.Junto con la periodista Leticia Aguado han creado SiliconVall. «A partir de siete o ocho años los niños ya son capaces de entender cosas relacionadas con la programación. Y esto les enseña a estructurar, potencia la creatividad, les muestra cómo dividir un problema grande en otros más pequeños». Sus clases, además, son en inglés. «En Estados Unidos motivan a los niños desde pequeños para empezar a programar, hay programas específicos para enseñarles esta metodología, aunque hay que estar formado en lo que enseñas. Los profesores, no solo con hacer un curso de formacion de Lego son capaces de transmitir los conceptos basicos de pogramación o robótica», explica Cristina García.

Ana Isabel Obregón, de Robotix, incluso apunta más lejos en el tema de la edad adecuada para comenzar a aprender con y sobre la tecnología. «Tenemos tres rangos de edad, Robotix 1 y 2 para Primaria y Eso y también Robotix 0 para niños de 3 a 6 años».

Porque los niños no tienen miedo a los botones. Ni temen que se vaya a romper algo por tocar aquí o allá. Han nacido pellizcando la pantalla del móvil de sus padres para ampliar las fotos. «Te sorprende la rapidez con que los chavales cogen los conceptos, no tienen nada prefijado», asegura Antonio Gutiérrez, de Ztraining.

Benjamín Sahelices, de la UVA, cree que es vital que los niños adquieran estas competencias. «Que no solo tengan el deporte o los bailes que se suelen ofertar como actividades extraescolares. También hay chavales a los que les gustan las máquinas y los ordenadores y es bueno que tengan la posibilidad de eso, de coger un robot Lego y programarlo, y manejar scratch (el lenguaje de programación creado por el Instituto Tecnológico de Massachussets, libre y accesible en la página web scratch.mit.edu)».

Y ojo, porque hoy será la programación y los robots.

Y en horas, la impresión 3D.

Y mañana...

«Evoluciona. La tecnología evoluciona y cada vez es más accesible, más barata. Es difícil generar una metodología pedagógica que pueda quedarse igual durante muchos años. En tecnología cada año salen cosas nuevas y estamos en un sector en el que los niños quieren lo último. Ahora son las gafas de Google y los drones. Y luego ya estamos en otra fase», asevera Raquel Ibáñez.

Sahelices pide que las instituciones echen una mano. «La Junta y el Ayuntamiento pueden hacer mucho, como se hace con otras actividades en centros públicos, subvencionando en cierto modo algunas actividades. Porque si no, una actividad de estas te puede costar entre 40-50 euros al mes. Los robots no son baratos, las piezas, la programación, tienen motores, sensores... Y se necesita un ordenador».