A las dos serán las dos

La UE propone que dejemos de marear nuestros relojes cada marzo y octubre. España, de momento, dejará el asunto en manos de un comité de expertos

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IRMA CUESTA

Después de pasar décadas retrasando y adelantando nuestros relojes cada vez que tocaba cambio de hora, podríamos estar a un paso de olvidar semejante trajín y quedarnos para siempre en un perpetuo verano. Eso es, al menos, lo que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha planteado esta semana reabriendo un debate que llevaba años sobre la mesa. «Millones de europeos creen que, en el futuro, el horario de verano debería ser durante todo el año, y eso es lo que sucederá», ha dicho el luxemburgués recordando que, en cualquier caso, la propuesta de la Comisión requiere el apoyo de los 28 gobiernos nacionales y los diputados del Parlamento Europeo para convertirse en ley. Eso y que, se decida lo que se decida, es «crucial» mantener un régimen de tiempo unificado en el marco de la UE.

La cuestión, sin embargo, no está tan clara como parecía. Primero, porque la Comisión no ha concretado oficialmente los detalles del cambio propuesto y, segundo, porque el documento de consulta en el que se basa la decisión, contestado por 4,6 millones de europeos, establecía que una opción sería dejar que cada cual decidiera qué es lo que más le conviene. Sería «una decisión soberana de cada estado miembro», explicó ayer el portavoz, Alexander Winterstein, dejando la puerta abierta a que cada uno se organice como le parezca pero dejando claro que, de aprobarse finalmente la reforma, todos los países europeos estarían obligados a no cambiar la hora durante el año, por más que sean libres de fijar el huso horario que estimen conveniente.

En las Canarias siempre será una hora menos

SINGULARIDAD: Desde hace años se repite periódicamente la sugerencia de acabar con la diferencia horaria entre la España peninsular y las islas Canarias, y de paso con los inconvenientes que ello supone. Una propuesta cuyos primeros detractores son los propios isleños, que consideran que el famoso latiguillo recordatorio -«una hora menos en Canarias»- les otorga una imagen diferencial y una publicidad impagable. La decisión de pasar a la España peninsular en los relojes al huso que le correspondería geográficamente, el que actualmente ocupa Canarias, supondría una oportunidad para unificar horarios; sin embargo, los defensores de la singularidad canaria no tienen nada que temer. En realidad, las Islas Afortunadas padecen el mismo desajuste horario que la Península Ibérica, ya que si a ésta le atraviesa el meridiano de Greenwich o Cero, al archipiélago, situado unos 15 grados al Oeste, le corresponde exactamente el de una hora antes. Otra situación particular es la de Baleares: los vecinos de Mahón, en Menorca, ven amanecer cada mañana cuarenta minutos antes que los de la costa de Pontevedra.

De momento, en España, donde nuestros relojes coinciden con los de europeos tan lejanos como suecos o polacos, y no con el de portugueses o británicos a pesar de que el meridiano de Greenwich –esa línea imaginaria adoptada como referencia para los husos horarios de todo el mundo– nos atraviese, la decisión de la Eurocámara ha dejado sobre la mesa varias incógnitas. Tantas, que el presidente del Gobierno, de viaje por Costa Rica, ha manifestado que antes de fijar una postura sobre un asunto tan serio habrá que analizarlo. Para ello, el Gobierno constituirá un comité de expertos que, según Sánchez, serán quienes finalmente nos digan qué es lo que nos conviene. «Una vez conozcamos su opinión trabajaremos para que un eventual cambio, o no, cuente con el mayor consenso posible. Este es un tema que trasciende la política», dijo el presidente, sin desvelar si él está entre quienes, como el señor Juncker, creen que debemos apostar por el horario de verano, si lo que nos conviene es quedarnos con el de invierno, o si ha llegado el momento de que España se plantee seriamente cambiar de huso horario y adaptarse a lo que geográficamente le corresponde.

Tampoco han sido muy esclarecedoras las palabras de la portavoz del Gobierno. Eso sí, Isabel Celaá afirmó que el Gobierno está «bastante» de acuerdo con la propuesta de Juncker, «porque está en línea con las posiciones que han mantenido siempre los miembros del Ejecutivo», aunque reconoció que sobre el cambio del huso horario y la racionalización de horarios españoles, por interesantes que sean ambos asuntos, el Ejecutivo aún no tiene una opinión formada al respecto.

Una larga historia

La realidad es que Europa atesora una larguísima historia de cambios horarios, aunque la primera directiva europea se remonte a los años ochenta. Fue en 1981 cuando se obligó a los estados miembros a cambiar al horario de verano el último domingo de marzo y volver al de invierno el último domingo de octubre, pero el trajín venía de mucho más lejos. De hecho, la mayor parte de los cambios se remontan a la época de las dos guerras mundiales y a la crisis del petróleo que en los años setenta dejó temblando a medio mundo. Lo que los expertos bautizaron como 'arreglo de verano' tenía como principal objetivo ahorrar energía, pero también pretendía ayudar a fortalecer la seguridad vial y alimentar las oportunidades de ocio derivadas de la luz del día.

Sin embargo, unos cuantos años después, los expertos ya no lo tienen tan claro. Al menos en lo que se refiere al ahorro energético;de hecho, según los últimos estudios que maneja la Unión Europea, el ahorro que se consigue con el cambio de hora es marginal: entre el 0,5% y el 2,5% del total del consumo, dependiendo del país. Lo que ya nadie duda es que ese continuo quita y pon horario produce efectos sobre la salud y los biorritmos de los humanos que podrían ser mucho más graves de lo que hasta hace nada pensábamos.

Esa es también la idea que llevan años defendiendo desde la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE); una organización creada en 2003 que no se ha cansado de reclamar «un poco de sentido común» a los responsables políticos y que ayer se debatía entre la buena noticia de saber que la UE parece dispuesta a abrir un debate serio el respecto, y el miedo a que sea finalmente el horario de verano, por el que parece apostar Jean-Claude Juncker, el que impere en Europa. «Definitivamente, debemos dejar de cambiar la hora. Llevamos más de una década reclamando una decisión al respecto, pero el horario de verano únicamente beneficiaría a los países del Norte. A nosotros solo nos traería problemas», asegura su presidente, José Luis Casero, que también tiene claro que deberíamos aproximarnos lo más posible al huso horario que geográficamentenos corresponde; es decir, el que marca el meridiano de Greenwich.

Un mensaje similar al que en las últimas horas han lanzado numerosos economistas. Profesionales como Sandalio Gómez, profesor del IESE, quien, además de celebrar la futura supresión del cambio de hora -«parece que por fin alguien ha decidido no trastornarnos a cambio de nada»-, asegura que es el momento de reflexionar sobre el huso horario español y la conveniencia de modificarlo. «El tradicional argumento de que el cambio de hora permite un ahorro energético no está tan claro y sí el hecho de que puede provocar efectos adversos muy variados; desde psicológicos hasta relacionados con la tasa de consumo, pasando por pérdidas de rendimiento en el trabajo o productividad», afirma el experto, alineándose con el ejército de médicos que lleva años alertando sobre que todo ese asunto de adelantar o retrasar las agujas del reloj tiene muy pocas ventajas y muchos inconvenientes.

Niños y ancianos

Jesús Porta, neurólogo del Hospital Clínico San Carlos, tiene claro que, desde el punto de vista fisiológico, andar enredando en el reloj dos veces al año perjudica especialmente a los dos grupos extremos de edad: los niños y los ancianos; y que las consecuencias, tanto para ellos como para la mayor parte del resto de los mortales, están casi siempre relacionadas con el sueño. Por no hablar de quienes padecen migrañas, que, cada marzo y octubre, deben prepararse para lo peor.

También en el departamento de Cronobiología (la ciencia que estudia los ritmos biológicos) de la Universidad de Murcia están convencidos de que eliminar el cambio de hora, y ahorrarnos algunos de los inconvenientes que eso nos provoca cada seis meses, es una buena opción. Aunque tampoco creen que optar por el horario de verano sea lo mejor. De hecho, apuestan por quedarnos todo el año en el horario de invierno (GMT +1) con la misma firmeza con la que Ricardo Martínez Murillo, responsable del departamento de Neurociencia Traslacional del Instituto Cajal, propone tratar de sincronizar luz y trabajo, oscuridad y sueño, por el bien de nuestro cerebro. «Estamos ante una oportunidad. Nunca he entendido unos cambios que claramente juegan con nuestra salud», afirma el investigador, clamando por recuperar la hora que «geográficamente nos corresponde».

Su opinión coincide también con la de Sonia Franco, portavoz de Facua-Consumidores en Acción. «Nosotros ya nos hemos dirigido al presidente solicitándole que el Gobierno adopte el huso de España a GMT+0 (el horario de Portugal y Reino Unido). Entendemos que es el más adecuado según la localización geográfica del país y que eso traerá de la mano un mejor aprovechamiento de las horas de luz y, por tanto, un ahorro significativo en las facturas de los usuarios españoles».

Pase lo que pase en el futuro, y sea cual sea la conclusión a la que llegue ese anunciado comité de expertos, los europeos tendremos que esperar para saber en qué hora vivimos. La comisaria europea de Transporte, Violeta Bulc, ha echado cuentas y asegurado que, si el trámite iniciado por la UE avanza sin trabas, podría entrar en vigor entre 2020 y 2021. Vamos, que no habrá modificaciones a corto plazo y este otoño, como cada año, se mantendrá el cambio de hora. El 28 de octubre, a las tres de la mañana, serán las dos. Y lo mismo sucederá, pero a la inversa, a finales de marzo de 2019.

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