Compromiso y comunidad se unen en TEDxValladolid

La séptima edición del evento, 'Heritage', volvió a llenar el auditorio del Lava de ideas y de un público entregado al debate

Los integrantes del coro Voces LGTB Madrid cierran la edición con una peculiar 'haka'. /Nacho Carretero-TEDxValladolid
Los integrantes del coro Voces LGTB Madrid cierran la edición con una peculiar 'haka'. / Nacho Carretero-TEDxValladolid
El Norte
EL NORTEValladolid

Puede que compromiso, comunidad, complicidad, no tengan nada que ver, etimológicamente, más allá del prefijo. En lo que sí tienen un nexo es en un evento que desde hace siete años se repite en Valladolid con un éxito de público y una capacidad de tejer conexiones asombrosa, TEDxValladolid. Por eso aparece por el escenario Javier de Castro, que habló en su día aquí de las nuevas familias, para formar parte esta vez de un coro espectacular, Voces LGTB Madrid. Por eso los espacios del miedo que trajo en 2015 María Patiño Díe regresan de la mano de Antonio Encinas, periodista de El Norte, que lo convirtió en tema periodístico gracias a las vallisoletanas a las que pidió ayuda y que respondieron con un abrumador sentimiento de comunidad y de ganas de transformar la sociedad.

Por eso Belén Viloria, organizadora y responsable del evento, conoce perfectamente quién acude por primera vez, quién repite, quién se ha disculpado porque esta vez no puede asistir en directo. Por eso actúa, incluso, como correa de transmisión cuando alguien de la audiencia pide conectar con otros. «Se trata de generar conversaciones», repite desde el punto rojo.

Belén Viloria, organizadora del evento, durante la presentación de 'Heritage'.
Belén Viloria, organizadora del evento, durante la presentación de 'Heritage'. / Nacho Carretero-TEDxValladolid

Los temas son variados, pero giran siempre en torno a una idea de mejora social. De transformación del entorno. Cuando Enric Sala, ecólogo marino, irrumpe en vídeo en la sala para hablar del absurdo coste ambiental y económico de la pesca en alta mar, y de la necesidad de regenerar los océanos, ese entorno parece algo más lejano. O cuando otro vídeo proyecta la imagen de un hombre de 66 años, Paul Tasner, que se pregunta por qué no se tiene en cuenta la capacidad emprendedora de los mayores como él, que con 64 años y recién despedido decidió seguir adelante y fundar su propia empresa.

Pero todo es entorno.

La muestra está en la reflexión del narrador Héctor Urién, que navegó por las diferentes culturas, nórdica, griega, centroeuropea, egipcia, árabe, para mostrar cómo los roles de los personajes se reproducen hasta erigirse en arquetipos y cómo, mágicamente, en historias tan universales como la de Ulises o Perceval o las modernas Cenicienta o Blancanieves todo se reduce al corazón. Que es, en realidad, lo que se encuentra en el fondo etimológico de recordar. Y de amar. Y de despertar.

Cecilia Bembibre trata de recopilar olores. Los del hoy pero, sobre todo, los del ayer. Para desmenuzarlos, analizarlos, estudiarlos y conservarlos. Para que su memoria, cuando sean restos del pasado, siga presente en el futuro. Para que ese aroma a libro viejo que a ella le fascina desde niña puedan conocerlo los niños que solo accedan a bibliotecas digitales y pantallas táctiles. «Pueden enviarle su olor favorito a esta dirección de correo», invitó Belén Viloria (correo: valladolid@smellofheritage.org). Porque es el patrimonio de la comunidad. Del entorno. Y merece la pena que sea preservado.

Como son patrimonio, legado, las notas que desgranaba la guitarra de Raúl Olivar. Explicó qué compases subyacen bajo una bulería o por qué el flamenco no se basa en un determinado ritmo, y después realizó la fusión imposible, un sonido que recordaba a otro. Y lo que se recuerda, había dicho Urién, se ama. «Porque se recuerda con el corazón».

Juan Carlos López, maestro en Medina de Rioseco, durante su intervención.
Juan Carlos López, maestro en Medina de Rioseco, durante su intervención. / Nacho Carretero-TEDxValladolid

En esa transmisión patrimonial ajena a impuestos se encuentra el legado manuscrito que cualquiera posee. Porque según explicó Javier Blasco, lingüista forense, cada uno tiene su propia forma de expresarse, «su idiolecto», que lo identifica casi como una huella dactilar. Y eso tiene un valor porque hace que la escritura, la forma de expresarse, de cada cual, sea única y, al tiempo, fugaz e irrepetible.

Para articular compromiso y comunidad hace falta la complicidad. Una actitud que se desparramó por el escenario cuando Juan Carlos López, maestro en Rioseco, habló de educar desde el cariño. El profesor de inglés que saca del maletín clicks, pegatinas y todo tipo de artilugios para encandilar a sus alumnos; el mismo que dice que hay que «acariciar el alma» de los chavales, impulsando sin constreñir. Permitiendo que un niño con autismo se exprese como pueda hacerlo y no como le marca una uniformidad social que se antoja errónea.

La complicidad que alguien como Toni Bruel ha descubierto tras muchos años visitando los escenarios en los que nadie quiere verse. Catástrofes humanitarias, la llegada devastadora del Sida a las cárceles en los ochenta, campos de refugiados que parecen inabarcables. «Hay tres eslabones cruciales en la línea de ayuda», dice. El primero siempre es aquel que está más cercano. El segundo, el grupo que comienza a ayudar en lo que puede, no ya para sí mismos o para los suyos, sino para todos. El entorno. La comunidad comprometida y cómplice.