Lo que eres fui, lo que soy serás

El cementerio de Baltanás data de 1909 y sustituyó al ubicado junto a San Millán

Sepulturas históricas en el camposanto de Baltanás./
Sepulturas históricas en el camposanto de Baltanás.
LUIS ANTONIO CURIELbaltanás

Hasta 1909, Baltanás contaba con el cementerio parroquial, anexo a la iglesia de San Millán, de escasas dimensiones para la población existente en la localidad en aquella época y ubicado dentro del casco urbano. Parece que la necesidad de un nuevo camposanto ya existía desde finales del siglo XIX. De hecho, se conservan documentos en los que se solicitaba permiso para enterrar «a los fallecidos de enfermedad sospechosa» en un terreno a las afueras del pueblo. Y es que en 1885 se declaró la epidemia del cólera, que era contagiosa, por lo que no resultaba conveniente enterrar a los difuntos en el cementerio parroquial por su proximidad con la población.

El actual cementerio de Baltanás se encuentra en las cercanías del arroyo Fuentelacasa. Fue construido por Antonio Cepeda y por Quirico y Francisco Cepeda Ortega en 1909. El plano original sufrió algunas modificaciones, pues no llegó a construirse la capilla ni el osario que estaban proyectados. El camino conocido como La Serna es el que da acceso al cementerio y fue arreglado con aportaciones personales.

A lo largo de este siglo, el cementerio municipal se ha ampliado. La superficie total ronda los 9.000 metros cuadrados y cuenta con unas 700 sepulturas, la mayoría panteones, aunque hay más de un centenar de antiguas tumbas en tierra. También hay un espacio para los nichos, que hasta ahora sólo ha utilizado una familia.

Un epitafio en verso

Uno de los panteones más antiguos y más visitados es el que muestra un epitafio en verso, compuesto en 1908 por Abelardo Rodríguez Quevedo, licenciado en leyes, que falleció dos décadas después de plasmar sus versos junto a su busto, realizado en bronce fundido a la cera, obra del escultor Luis de Périnat y Terry. El busto togado de don Abelardo se conserva en el Museo del Cerrato Castellano. El sepulcro sufrió un accidente en 2012 y lo que ahora se muestra es una réplica, aunque el panteón original está a pocos metros.

Es el único sepulcro del cementerio de Baltanás que cuenta con una estela funeraria cincelada en piedra. El eco del que fue, y bajo esta tierra sus cenizas se hallan, al lector dice: / ¡Lo que eres fui!, ¡lo que soy serás!, ¡tras días no lejanos!, / y juventud, amor, riquezas, honores y pasiones sin fin durmiendo, ¡misteriosa calma! / Convertida ya la vil materia en polvo, hediondez y hasta en gusanos, / ¡el hombre acabará!, quedando eternamente para gozar o padecer, ¡tan sólo el alma! / ¡Breve es del individuo la vida terrenal! y en consecuencia, ¡fugaces sus placeres y dolores! / ¡Es inmensa, sin fin, la del espíritu, pues llega más allá de terminar el mundo! / Comparadas en tiempo, aquella solo dura lo que en jardín hermosura y fragancia de pintadas flores; / mientras la otra no deja de existir, ni tan siquiera, ¡el diminuto instante de un segundo! / ¡Joven o viejo que me estás leyendo! Si en la vida inmortal alcanzar quieres victoria, / siempre en tus actos de este mundo, sírvate de guía y de gobierno, / que así como perdura para el bueno, inmarcesible gloria, / hay también para el malo, ¡los inacabables sufrimientos del infierno!

Para facilitar la gestión del cementerio se dispone de un plan de ordenación, que consta de un plano en el que figuran identificadas todas las sepulturas. Además, el Ayuntamiento cuenta con una base de datos en la que está registrada la información de cada sepultura.

Primera inhumación

Con motivo del centenario del cementerio en 2009, el Ayuntamiento editó una publicación sobre la historia del camposanto baltanasiego. La primera inhumación se llevó a cabo el 22 de junio de 1909 y corresponde a don Eleuterio Divar Pereletegui. En el cementerio pueden verse numerosos panteones en piedra, mármol, granito, forja o simplemente sepulturas en tierra con su cruz en forja o piedra, de carácter sobrio. Estos días, unos y otras aparecen adornados con ramos y centros florales, algunos más cargados, pero es difícil encontrar una sepultura sin flores. Llaman la atención las imágenes que presiden los panteones, entre las que predominan las de la Virgen del Carmen o la Virgen de Revilla patrona de Baltanás, el Sagrado Corazón de Jesús o los ángeles pidiendo silencio, aunque en los últimos años se han incorporado otro tipo de decoraciones.

En el camposanto tienen su panteón propio las Hijas de la Caridad, que durante décadas sirvieron al pueblo y aún hoy se las recuerda con cariño. También allí descansan los restos de los vecinos fusilados en la Guerra Civil y hay una placa en recuerdo de los caídos que hasta hace unos años se localizaba en la fachada del templo parroquial.

Las visitas al cementerio, a una distancia aproximada de un kilómetro del casco urbano, son uno de los paseos obligado para muchos baltanasiegos, que acuden a diario a recordar a sus seres queridos y a rezar por ellos.

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