«El veneno depende de la dosis: un atracón de agua en una maratón puede matarte»

El profesor Francisco Pérez, durante el seminario en la Facultad de Derecho de la UVA. /Rodrigo Jiménez
El profesor Francisco Pérez, durante el seminario en la Facultad de Derecho de la UVA. / Rodrigo Jiménez

Francisco Pérez, psicólogo y profesor de Criminología de la Universidad Camilo José Cela, inaugura en Valladolid el seminario de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses, que cumple su 15 aniversario

M. J. Pascual
M. J. PASCUAL

Todo mata en la dosis apropiada. «Un polvorón no hace daño, pero si te comes dos kilos ...». Francisco Pérez, que fue ayer el ponente inaugural en la Facultad de Derecho el seminario de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses, sostiene que, desde la Antigüedad hasta esta especie de segunda guerra fría reeditada por Putin y Trump, el veneno es «el arma de matar preferida por el poder, porque es la más sutil y por ello se usa para dirimir cuestiones políticas. Siempre ha habido una preocupación entre los gobernantes, los nobles, por ser envenenados».

–¿Puede decirse que muchos crímenes que permanecen sin resolver podrían tener que ver con el envenenamiento?

–El veneno tiene una ventaja muy grande y es que, si no se busca, si no hay sospechas, no se encuentra. Además, en muchos casos la persona puede estar siendo envenenada durante mucho tiempo, porque el asesino va probando las dosis, y la víctima puede tirarse un año con malestar hasta que fallece por sobredosis.

–¿Se ha producido mucha evolución en la tipología de los tóxicos que se emplean desde el mundo antiguo hasta hoy?

–Un punto de inflexión ha sido el descubrimiento de los metales pesados, de corte radiactivo, que con una dosis pequeñísima acabas con una persona. Lo que ha pasado con los últimos envenenamientos entre miembros de los servicios de inteligencia de varios países. Tradicionalmente, los venenos se extraen de plantas, de minerales (arsénico, antimonio). En todos los productos de limpieza hay metales de este tipo.

Pero por cuestiones geopolíticas, ahora están de moda. El uso de psicotrópicos es bastante común en servicios secretos y conspiraciones políticas, porque es lo que menos rastro deja y solo se les pilla si son chapuceros, como ha ocurrido recientemente con el caso ruso.

–Muchos autores sostienen todavía el mito de las envenenadoras, que son las mujeres las que prefieren este método.

–En España ha habido envenenadoras muy célebres, como la última que fue ajusticiada en el garrote vil, Pilar Prades, la envenenadora de Valencia. Lo que ocurre es que, tradicionalmente, han sido las mujeres las que cocinaban y tenían mayor acceso a los alimentos para camuflar estas sustancias: amas de casa, criadas... Pilar envenenó a su señorito por cuatro perras.

–¿Estos criminales son difíciles de detener?

–Se les acaba pillando porque no controlan la dosis y porque, como con la envenenadora de Melilla, empezó a morir todo el mundo a su alrededor. Era la cuidadora principal, su marido salía y entraba del hospital y al final le mató y también a su hijo. La pillaron porque encontraron a la hija mayor agonizando. Les ponía en la sopa un medicamento para combatir el alcoholismo, que si se aplica en dosis masivas te destroza el aparato digestivo. Francisca Ballesteros tenía el síndrome de la cuidadora principal.

–¿Qué veneno, a su juicio, es el más indetectable?

–El agua. En los maratones se intoxican con agua. Beben litros y litros y se ponen muy enfermos. Los servicios de emergencia ya están advertidos de que eso puede ocurrir cuando asisten en las carreras. Pero los más sutiles son los metales pesados porque si no se sospecha, no se detectan. En el Siglo de Oro se utilizaba el mercurio, que entonces se conocía como azogue, que era lo que tenían los espejos por la parte de atrás. Se raspaba el metal y se pulverizaba en la comida o el café. Un síntoma de este envenenamiento eran los temblores, de ahí el dicho 'parece que tienes azogue', si te mueves mucho.

–Borgia es el apellido más famoso de la historia asociado al uso de los venenos.

–Hay mucha mitología. Lo que ocurre es que era una familia muy poderosa pero muy odiada y les pillaron, porque entre la aristocracia era un método de sucesión bastante frecuente. Además se sentían impunes, a las clases altas no se les investigaba, se libraban.

–Si se mira hacia atrás, puede decirse que muchas muertes naturales no lo eran tanto...

–Héroes de guerra que morían en casa décadas después repentinamente en casa, y era porque tenían una bala de plomo que no se les pudo extraer y fue liberando el tóxico. O el mismísimo Edgar Alan Poe. El gas (muy tóxico) que se usaba en su época para la iluminación y que habia inhalado durante años y años fue su asesino.

 

Fotos

Vídeos