Cinco días para atrapar una rata en una casa de Arroyo

Los expertos aconsejan no enfrentarse a estos roedores, agresivos y portadores de enfermedades

Silueta de una rata en el cristal del vecino de Mari Luz, en Arroyo. /El Norte
Silueta de una rata en el cristal del vecino de Mari Luz, en Arroyo. / El Norte
Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

A Mari Luz le llamó la atención, lo primero, el comportamiento extraño de su perro. De repente dejó de entrar a la cocina, donde tiene sus platos de comida y bebida, y a ratos se plantaba en la puerta y gruñía. «Hasta que oí los ruidos por la noche y el perro que se ponía a ladrar. A partir de ahí, la cocina precintada. Por el día no la oía. Podías ver que había salido y por la noche era como que tuviera un gato que lo revolviera todo». Luego llegó el olor. «Debe ser la orina de las ratas, que huele así», comenta.

Desde que detectó la rata hasta que consiguió deshacerse de ella pasaron cinco días. Lo primero que intentó fue ponerse en contacto con el Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda, donde reside, que como todos los municipios cuenta con un plan de control de plagas, bien propio o bien contratado a alguna empresa externa. Ocurre también que estos servicios suelen prestarse de un modo global, actuando en las vías públicas, redes de alcantarillado, etcétera, y no a domicilio. El caso, asegura, es que de allí le remitieron «al Seprona, porque el animal no salía y allí estaba». «El Seprona me envió a Sanidad, de allí a Medio Ambiente y volvimos al Ayuntamiento y no había forma de solucionar aquello», asegura.

Una compañera le comentó que tenía una perra ratonera que podía ser de ayuda. Y así fue. «La perra marcaba el lugar en que se escondía y parecía mentira que estuviera allí, detrás de los muebles. Estuvimos casi tres horas entre la perra y cuatro personas para sacar la rata de su escondrijo». Y a partir de ahí, la segunda parte. No es ya que la comida que hubiera en la cocina había que tirarla, por supuesto. Es que además «ahora hay que desinfectar porque, una vez separados los muebles, había un olor terrible».

«Si le puedes abrir la puerta y que se marche, mejor», recomienda Oliver del Arco, de Aspama

Cree que el roedor se coló en casa el día de la última tormenta. De hecho, fue entonces cuando avisó a su vecino de que había visto pasar las sombras de las ratas por su cristalera translúcida. «Y en un momento que abrí la ventana el día de la tormenta debió colarse».

El caso de Mari Luz se une al que sufrió días atrás otro vecino de la localidad que se despertó con el roce de una rata en su cara. Desagradable y un punto excepcional, pero nada extraño al fin y al cabo que estos roedores incrementen su presencia en estas fechas, según explica Oliver del Arco, de la empresa Aspama, experto en control de plagas. «Hemos pasado una primavera muy buena desde el punto de vista medio ambiental para insectos y roedores, lo que ha propiciado su reproducción. Hemos tenido que acentuar los tratamientos preventivos hace unos meses. Y con todo y con eso hay una gran problación de roedores en los cascos urbanos», explica.

La rata de la cocina de Mari Luz, una vez atrapada.
La rata de la cocina de Mari Luz, una vez atrapada. / El Norte

Tampoco se trata de proceder a un exterminio radical con venenos, señala Del Arco. «Las ratas tienen su labor social en el alcantarillado, la descomposición de la materia, como las cucarachas. Es cierto que es un año muy propenso por la climatología. Hace mucho calor en la superficie, así que más aún en las alcantarillas, bajo tierra, con lo que la rata sale al fresco. En la primera rata de Arroyo -la del vecino que se la encontró cara a cara al despertarse- solo hay que ver la evolución de la temperatura. Han sido bestiales y la rata tiene que salir fuera. En Aspama hemos tenido multitud de avisos de ratas en las calles».

La cuestión es qué hacer si una rata entra en casa. Además, obviamente, de avisar a una empresa de control de plagas, lo primero es 'invitarla' a salir. Nunca enfrentarse. «Si le puedes abrir la puerta y que se vaya, mejor», asegura Oliver del Arco. Y advierte: «Nunca te enfrentes a una rata encerrada, son muy malas».

Peligro añadido

Y es que la rata de alcantarilla es un animal peligroso. No tanto por el tamaño, que es menor del que cuenta la leyenda, según el responsable de Aspama. «Una rata pesa 200-300 gramos, no es cierto que sean como gatos», bromea. «Una rata adulta tiene 300 gramos, pero se pone de pie, se encrespa y parece un león. Y es portadora de multitud de enfermedades: rabia, hepatitis A...», señala. Por eso su recomendación de llegar a un pacto de no agresión con la rata y ofrecerle una salida en lugar de atacarla. «No debes pelear, combatir, enfrentarte, si no tienes los medios necesarios, porque si te araña o muerde te puede llevar al hospital». Y por medios necesarios se entiende el equipamiento de protección que necesitan los técnicos de control de plagas, además de la formación necesaria para saber a qué tipo de animal se están enfrentando y cómo actúa, o estar vacunado contra las principales enfermedades que pueden transmitir.

«Una rata o un ratón, encerrado, se va a defender. Así que el mejor ataque es una buena defensa», resume.

Siete culebras en un día

Si hay roedores, hay culebras. En los últimos días también se han recibido muchos avisos en la capital y el alfoz de culebras aparecidas en edificios. Una de ellas, de hecho, en la entrada de la comisaría de la Policía Municipal en La Victoria. Oliver del Arco asegura que el miércoles pasado en Aspama intervinieron para atrapar siete culebras. «Son culebras de escalera (o bastardos), que miden entre 60 centímetros y metro y medio». Hay que ser prudentes, por muerden o tratan de golpear con la cola, pero sobre todo hay que saber distinguirlas de las víboras. «La diferencia con la víbora es que esta siempre tiene la cabeza en forma de punta de flecha. Una culebra la tiene redonda, como si fuera una lombriz gorda. Si es pequeña, acude a un profesional. Si es grande, en Valladolid, puede morderte, pero no es venenosa. Se defiende mordiendo o sacudiendo con su cola». Como ocurre con los roedores, es normal que abunden en esta época, «por el calor y la sequedad. Es típico de ellas, es la época de proliferación. Han nacido el mes pasado y hay crías y se añaden a las mayores saliendo a comer».