De vuelta al pueblo

Jesús Torres, de 22 años, ha dejado su empleo fijo para irse a vivir al campo a cuidar de sus vacas

Jesús Torres cuidando de las vacas /BC
Jesús Torres cuidando de las vacas / BC
ELSA IBEASBURGOS

Jesús tiene 22 años. Mientras la mayoría de chavales de su edad se mueven entre coches y ruidos por la ciudad, él se ha ido a vivir al pueblo con 100 vacas. Harto y aburrido de las paupérrimas condiciones de la fábrica de cerramientos metálicos en la que trabajaba, se lió la manta a la cabeza y se fue al campo. «Estaba fijo en la fábrica pero no estaba a gusto pensando todo el día en los horarios», admite.

En Pineda de la Sierra ya no había vacas, así que contactó con un ganadero de La Rioja, compró los animales y se los llevó a los pastos del municipio. Según explica, «los pastos son del Ayuntamiento de Pineda pero los tengo arrendados por un año».

El comienzo

Aunque vivir en el campo parezca muy barato, empezar no es fácil. La familia de Jesús ya contaba con una casa en Pineda de la Sierra, lo que facilitó las cosas. Sin embargo, para la modificación del pabellón donde a veces están las vacas y la compra de estos animales «tuvimos que invertir mucho dinero y ahora estamos recuperándolo». Pero si todo sigue como esperan, el proyecto dará buenos frutos. «Es mejor esto que trabajar en la fábrica, al final ganas mucho más y se vive mejor», confiesa alegre.

Además del dinero, el proceso burocrático para poder poner la idea en marcha es complicado y aunque confiesa que su novia le ayudó con el papeleo, admite que fue un proceso muy largo y tedioso. «Hicimos muchísimo papeleo. Fuimos al Ayuntamiento de Pineda, a la Unión de Campesinos de Castilla y León, al banco a pedir el dinero... vamos que fue un rollo».

Las vacas de Jesús en el campo / BC

Pocos jóvenes de 22 años se mudan al pueblo a vivir de las vacas, aunque Jesús ya vivía en un pueblo cerca de Burgos, Ibeas de Juarros, por lo que el cambio tampoco ha sido tan significativo. Para ayudar a este joven emprendedor, el Estado le puede facilitar una ayuda económica con la subvención de jóvenes emprendedores para el medio rural, pero «nadie te asegura que te la vayan a conceder y encima suelen llegar bastante tarde», explica resignado.

Su vida ahora

Es indudable que su vida ha cambiado, aunque dice que de momento no echa de menos nada. El joven ya no tiene horarios para fichar en la fábrica. Ahora puede ir a ver a las vacas por la mañana o por la tarde. Sin ningún tipo de horario. Es lo que tiene cambiar a tu jefe por un centenar de animales. Pero vivir en el pueblo implica tener que adaptarse a una nueva vida y también a una vida de amo de casa, aunque reconoce que alguna vez va a casa de su madre en busca de tuppers de comida.

Eso sí, las vacas no tienen vacaciones como nosotros, por lo que cuando Jesús se ha tomado unos días libres confiesa que su padre «se ha quedado cuidando de ellas; no le importa». Asimismo, explica que cuando tenga más ingresos, posiblemente contrate a alguien para que él se pueda ir de vacaciones. Pero está convencido de que la tranquilidad que hay allí es lo que quiere en su vida y no lo cambiaría por nada.