Antonio gato, el concejal que le dice 'no' al alcalde

El Gobierno de la ciudad, más allá del despacho oficial

«A mi despacho vienen todos a pedir. Solo una vez vino alguien a ofrecer»

Antonio Gato, concejal de Hacienda, Función Pública y Promoción Económica. /Ramón Gómez
Antonio Gato, concejal de Hacienda, Función Pública y Promoción Económica. / Ramón Gómez
Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Tiene tras su silla una caja fuerte invisible. La que ven todos los que entran a su despacho con intención de conseguir financiación para este proyecto o aquella contratación. Ser el guardián del dinero le obliga, en cierto modo, a llevar la apariencia de hombre serio y formal, lo que no impide que acepte posar tumbado en las escaleras del Ayuntamiento. «A este despacho viene todo el mundo a pedir, como corresponde. Solo ha habido una vez que ha venido alguien a ofrecer. La Fundación Telefónica vio lo que estábamos haciendo con las lanzaderas de empleo y vino su responsable en Castilla y León a ofrecernos la financiación de una lanzadera relacionada con las TIC. Ese año tuvimos seis nuestras y una financiada por Telefónica. Eso lo recordaré en los anales de mi paso por el Ayuntamiento», cuenta con una sonrisa.

Es consciente de que su área tiene una dimensión, además, desbordante. «El área es enorme, es una hectárea», bromea. Y desgrana: «El área de Hacienda, Función Pública y Promoción Económica es la fusión de dos áreas y media del anterior equipo de Gobierno, así que la magnitud del trabajo es enorme». Lo sabía desde el principio, cuando Óscar Puente le pidió que se encargara de ella, pero no podía sustraerse a un reto de gestión como este, así que solo tuvo que superar un pero: consultarlo en casa. «Óscar me llamó y solo me lo pensé el tiempo justo para hablarlo con mi mujer. Lo tenía claro porque me gusta la acción política y me va la marcha. Mi mujer me echa en cara que me lo tomo demasiado en serio que soy adicto al trabajo».

«Mi mujer me echa en cara que me lo tomo demasiado en serio y que soy adicto al trabajo»

Pidió, eso sí, un equipo de confianza que complementara el que ya existía en el propio Ayuntamiento, y también quiso cambiar de despacho. Y no precisamente porque el anterior fuera más feo. «Mi antecesor de una de las áreas –Fernando Rubio, Alfredo Blanco y parte de Mercedes Cantalapiedra– tenía una de las cuatro torres del Ayuntamiento. Que es un sitio magnífico, precioso, con vistas espectaculares, pero estuve quince días y pedí venirme a otro sitio porque era muy bonito pero para trabajar me resultaba inadecuado. Quería más cercanía a la gente para poder despachar. Me bajé a la tercera planta, donde prácticamente está el núcleo del área entero».

Antonio Gato, durante una campaña de movilidad.
Antonio Gato, durante una campaña de movilidad. / Imagen cedida por el Grupo Municipal Socialista

En cuanto al equipo, se trajo en primer lugar a Rosa Huertas, con la que ya trabajó en la Confederación Hidrográfica del Duero. «Luego he ido incorporando a otras personas más de valía porque configurar un buen equipo es clave en un área tan grande», razona.

El entorno de trabajo, asegura ahora, es ideal para realizar su labor. Incluso con el resto de concejales del equipo de Gobierno, ya sean de su mismo grupo municipal (PSOE) o de Valladolid Toma la Palabra. «Estoy muy a gusto trabajando aquí. Ha habido siempre algún momento, pero el balance es absolutamente positivo, dedico todas las horas del mundo en detrimento de mi familia pero estoy encantado porque esto me gusta. Es verdad que si no hay un entorno de trabajo agradable es difícil. Y el trato con los demás concejales es bueno, no solo con los de mi grupo, que somos una piña y tenemos nuestros ratos de asueto, sino también con VTLP y Sí se Puede. Tengo una relación muy buena con Manuel Saravia, por ejemplo. Y las relaciones personales facilitan mucho la acción política».

«Un momento malo fue la sucesión de cierres de empresas en 2016: Dulciora, Lauki, Thomson Reuters, Sada...»

Los malos momentos, con la crisis aún instalada en rojo en la microeconomía, por más que los grandes números se presenten en negro, son inevitables en un área como esta. «Un momento bastante malo que me dolió fue en 2016 la sucesión de cierres de empresas, Dulciora, Lauki, Thomson Reuters, Sada... Y ves las situaciones personales de la gente, el que se queda en paro, el que se tiene que ir a Lugo cuando tiene toda la vida aquí. Me dolieron especialmente las decisiones de deslocalización de las multinacionales. Es una muestra de poco compromiso con la ciudad. Y cuando entras en contacto con las vivencias personales de los afectados, lo vives más. Y no puedes hacer más. Echamos una mano todo lo que pudimos dentro de nuestro ámbito, pero ese fue un momento malo», reconoce Gato.

Antonio Gato y Óscar Puente, en una rueda de prensa.
Antonio Gato y Óscar Puente, en una rueda de prensa. / F. V.

Aunque «a veces te encuentras con un marco legal que no te permite hacer cosas, como el techo de gasto, la tasa de reposición», ha habido dos proyectos que considera muy satisfactorios. «El plan de retorno del talento, que ha sido pionero y ha sido un proceso largo porque no había experiencias similares. Y la apuesta por el parque agroalimentario, algo que era nada más que una idea que se sacaba en cada campaña electoral y luego volvía al cajón. Debía ser media cuartilla lo que había de realidad», dice.

Es, paradójicamente, el concejal «que más respaldo necesita del alcalde» y al mismo tiempo el que a veces tiene que decirle, a ese mismo alcalde que le otorgó su confianza, que no. «Alguna vez le he dicho no al alcalde. Con mucho tacto. Él tiene la última decisión pero le he intentado convencer alguna vez de que había cosas que no eran posibles. Tenemos confianza y es muy razonable», asegura.

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