Esta colección, que reconstruye el viaje desde que lo inicia Bilbo y lo finaliza Frodo, desde La Comarca hasta Mordor y el posterior regreso, se podrá ver en la Feria de Valladolid del 9 al 13 de septiembre
«No queremos que el visitante simplemente camine entre figuras. Queremos que se sienta dentro de la historia, dentro de un recorrido, dentro de un viaje»
Alberto
Alberto tenía 10 años. A su hermano le habían regalado unos libros, 'El Hobbit' y 'El Señor de los Anillos', y le dijo: 'Léelos, te van a gustar'. Ahí comenzó su contacto con Tolkien, se inició una relación que le persigue en su vida. «No podía imaginar que aquellos libros, que todavía conservo y que ahora están desgastados por las numerosas lecturas, iban a acompañarme hasta la fecha y que acabarían teniendo una influencia tan grande en mi vida, tanto personal como profesionalmente. Primero fue la curiosidad. Después, la fascinación y la necesidad de saber más».
Ese viaje comienza del 9 al 13 de septiembre, de 11:30 a 21:00 h., en la Feria de Valladolid. Los interesados podrán conseguir entradas anticipadas y más información en www.elgranviaje.es, y en las taquillas habilitadas en el hall del Pabellón 2, según disponibilidad. Un viaje que tuvo un hito fundamental cuando llegaron las películas del universo Tolkien. En el año 2001, estrenaron en cines 'La Comunidad del Anillo', «y recuerdo que hasta entonces me imaginaba cómo conseguirían llevar a la gran pantalla algunas de las cosas que durante años solo habían existido en mi imaginación. ¿Cómo harán a Gollum? ¿Cómo serán los Ents? ¿Cómo conseguirán un Balrog? ¿Y el mismísimo Sauron? Era muy emocionante pensar que aquellos personajes, criaturas y lugares que habíamos imaginado al leer los libros iban a convertirse en algo real en una pantalla».

Deseaba guardar, conservar, o mejor dicho coleccionar, todo lo relacionado con el mundo Tolkien. «El coleccionismo comenzó con las películas en DVD y, especialmente, con las ediciones de coleccionista. En aquellas ediciones venían figuras de Weta realizadas en resina. Poco a poco fui comprando figuras de manera esporádica hasta que la colección fue creciendo. Todavía conservo las tres ediciones de coleccionista precintadas. Con el tiempo, aquellas compras puntuales terminaron convirtiéndose en una colección».

Y la colección se convirtió en el gran viaje. «Llegó un momento en el que dejé de pensar en las piezas como elementos independientes, y pensé en reconstruir el viaje desde que lo inicia Bilbo y lo finaliza Frodo, desde La Comarca hasta Mordor y el posterior regreso. Y de ahí nace 'El Gran Viaje. Partida y Regreso'. La idea no era simplemente reunir personajes. Quería reconstruir el viaje. La partida. El camino. Los diferentes lugares por los que transcurre la historia. Y finalmente, el regreso. Por eso el proyecto no consiste simplemente en colocar una colección de figuras en una sala. El propio recorrido del visitante sigue una historia».
Alberto reconoce que, desde hace 25 años, su vida ha girado en torno al universo Tolkien, tanto en lo personal como en lo profesional. Lo que comenzó como un hobby terminó convirtiéndose en su manera de entender la vida. «Y acabé haciendo de mi pasión mi profesión. Hace más de 20 años fundé La Forja de Rivendel, hoy llamada La Forja del Coleccionista. Este universo ha terminado formando parte de quién soy y de lo que hago».

Aunque ama a todas y cada una de sus piezas coleccionadas, hay dos especialmente importantes para él por su valor simbólico: «El Nazgûl a caballo, una de las piezas que más significado tiene para mí por todo lo que representa dentro de la historia, y Gandalf el Gris – Premium Format, que representa al mago guiando a la Compañía del Anillo por Moria. Esta pieza tiene para mí un valor especial porque no representa simplemente a un personaje, sino un momento del viaje. Y eso conecta directamente con la filosofía que acabaría dando origen a El Gran Viaje».
Alberto no considera haber hecho grandes sacrificios para poseer esta colección. «Es una cuestión de prioridades. Podría invertir el tiempo y el dinero en otras cosas, pero esto me hace feliz. Y hay una frase que resume bastante bien mi manera de entender, no solo el coleccionismo, sino también la vida: 'Mientras encuentras lo que buscas, sé feliz con lo que tienes'. Disfruta de lo que ya has conseguido mientras sigues luchando por alcanzar nuevas metas. Siempre hay una pieza que quieres encontrar, algo que quieres conseguir o un nuevo proyecto que te gustaría hacer. Y está bien perseguirlo. Si llega, estupendo. Y si no, no pasa nada: puedes seguir disfrutando de todo lo que ya has conseguido. Creo que es importante no convertir la búsqueda del siguiente objetivo en una condición para ser feliz».

Habitualmente, los coleccionistas consiguen una pieza y, prácticamente al día siguiente, empiezan a pensar en la siguiente. Alberto no. «Yo intento disfrutar de lo que ya tengo mientras sigo buscando. Esa forma de entender el coleccionismo es también una manera de entender la vida».

Pero Alberto llegó a tener dudas, incluso pensó en dejar de coleccionar. «En algún momento miré todo lo que había reunido y me preguntaba: '¿Para qué quiero todo esto?'. Pero ahora veo la respuesta de una manera diferente. Durante muchos años, la colección fue algo privado pero al poder mostrarla y compartirla con todo el mundo, todo empieza a tener sentido. Las piezas dejan de estar simplemente reunidas. Pueden provocar algo en otras personas y despertar recuerdos. Pueden sorprender y hacer que alguien vuelva a sentir algo que sintió cuando descubrió esta historia por primera vez. Y eso es lo que da sentido a abrir la colección al público».

Su ilusión es que los niños de 10 años, la misma edad que tenía él cuando conoció este mundo fantástico, cuando vean la colección por primera vez «sientan algo parecido a lo que yo sentí cuando leí 'El Hobbit' por primera vez, algo que les despierte la imaginación y les empuje a conocer la historia, que salgan haciendo preguntas y quieran leer el libro. Porque, en cierto modo, me gustaría que alguien de esa edad pudiera experimentar algo parecido a lo que yo experimenté».
¿Y qué quiere Alberto que sienta alguien de 45 o 50 años? «No sé exactamente qué sentirá cada persona. Pero hay algo que personalmente me gustaría provocar. Que al terminar el recorrido y salir, esa persona mire hacia atrás. Y recuerde la conversación entre Bilbo y Gandalf: '¿Me prometes que volveré?' Y Gandalf responde: 'No, y si lo haces, no serás el mismo'. Para mí esa idea representa muy bien lo que significa un viaje. No se trata simplemente de entrar en un espacio, ver unas figuras y salir. Se trata de hacer un recorrido y salir habiendo vivido algo».

'El Gran Viaje. Partida y Regreso' no es una exposición tradicional ni una muestra inmersiva con el significado que hoy se da a esta palabra. Es un recorrido ambientado. «La diferencia fundamental está en el entorno y el recorrido. En una muestra tradicional puedes caminar entre figuras, vitrinas o piezas. Aquí queremos hacer algo diferente. No queremos que el visitante simplemente camine entre figuras. Queremos que se sienta dentro de la historia, de un recorrido, de un viaje. Por eso hay escenografía, iluminación ambiental, diferentes espacios y escenas. Las piezas forman parte del recorrido. No son elementos aislados».
Hay muchos momentos que el visitante recordará. Además de las piezas de colección, existen escenarios y elementos creados específicamente para la experiencia. Hay incluso piezas producidas en exclusiva para este proyecto. Y, probablemente, habrá cosas que muchos visitantes ni siquiera imaginarán que van a encontrarse allí. «Una parte importante de la experiencia está precisamente en el descubrimiento. No queremos enseñar absolutamente todo antes de que el público llegue. Queremos que algunas cosas se descubran al recorrerlo». Hay un detalle del diseño del recorrido que para Alberto tiene un significado especial. El visitante llega al final del viaje, a Mordor, pero todavía no ha terminado la experiencia. Para salir del recinto tiene que recorrer de nuevo el camino por el que ha venido. Volver sobre sus pasos. «Y es precisamente ahí donde cobra sentido el Partida y Regreso del nombre. Después de llegar al final, el visitante emprende su propio regreso. Y me gustaría que, al llegar al umbral de la puerta de salida, se detuviera un instante y mirara hacia atrás. Que volviera la vista hacia todo lo que acaba de recorrer». Y que pensara: 'Nunca hubiera imaginado que alguien pudiera tener tanta pasión por este universo y que hubiera hecho todo este esfuerzo para reunir toda esta colección'. Para mí, ese sería el mejor final posible. Porque después de 25 años, la colección ya no tendría que quedarse únicamente conmigo. El visitante habría hecho el viaje, habría visto lo que yo he ido reuniendo durante todos estos años y, en unos minutos, habría podido entender por qué para mí todo esto significa tanto». Él mostraría su satisfacción si el visitante saliese entendiendo la pasión que hay detrás de su colección, que comprendiera que todo esto no apareció de repente para organizar un evento. «Hay 25 años detrás de cada pieza, de cada decisión y de cada parte del proyecto. Hay pasión por querer tener un pequeño pedacito de una saga que marcó a una generación. Y después de 25 años, esas pequeñas partes han terminado formando algo mucho más grande». Ahora, esa colección que durante tantos años estuvo en manos de una sola persona, puede convertirse en el viaje de miles de personas. El visitante parte de La Comarca, recorre el camino hasta Mordor y regresa sobre sus propios pasos. Y al cruzar la puerta de salida, puede mirar atrás. Quizá durante un instante deje de ser simplemente un visitante y entienda la historia que hay detrás de todo aquello. Entonces, el viaje estará realmente completo. Quizá esta sea la parte más bonita de toda la historia. Todo comenzó cuando un niño de unos 10 años recibió de su hermano dos libros y escuchó: 'Léelos, te van a gustar'. Ese niño, hoy, cumplió un enorme trocito de sus sueños.
El círculo se cierra
