A vueltas con un colchón (con paletilla)

Paulina, la pensionista vallisoletana, sentada en el colchón de iones y con la paletilla de jamón en la mano. /G. VILLAMIL
Paulina, la pensionista vallisoletana, sentada en el colchón de iones y con la paletilla de jamón en la mano. / G. VILLAMIL

Una pensionista vallisoletana se siente defraudada tras su compra en una sesión en un hotel

Jorge Moreno
JORGE MORENOVALLADOLID

Para Paulina Gutiérrez, una jubilada vallisoletana de 73 años, viuda de un Policía Nacional, hay un producto que le quita el sueño desde hace semanas. Y eso que cuando lo adquirió en la sesión colectiva en un hotel de la capital, la ilusión le embargó pese al precio que ha pagado por el colchón: 2.380 euros.

Las virtudes del producto que predicaba el vendedor, que se certifican que salen del mismo con «millones de microcápsulas de anionesse que se liberan mientras duermes», han convencido a cientos de sus compradores. Un importe que incluía también dos almohadas y el regalo de una paletilla de jamón. Esta última solo por acudir y escuchar al comercial de la marca en el hotel.

Pero no ha sido un dulce reposo. La mujer ha presentado una reclamación en el Servicio de Consumo (OMIC) del Ayuntamiento de Valladolid, el pasado 22 de junio, por sentirse «defraudada y engañada» por el precio que le fijaron, 700 euros más caro, dice, que a unos vecinos suyos que estuvieron en la misma sesión.

«Acudí a una promoción para la venta de un producto que 'dice' mejorar la salud del que lo usa. Me pareció interesante y decidí comprarlo por 2.380 euros, en 34 mensualidades de 68 euros. A los dos días me entero que unos vecinos también fueron a ese evento, y que en principio dijeron que sí lo querían comprar, pero finalmente decidieron que no les interesaba. La empresa les llamó para rebajarles el producto 700 euros, dejandóselo en 1.680», recoge la reclamación ante la OMIC.

Llamada para reducir o devolver

Ni corta ni perezosa, Paulina relata que ante este hecho llamó a la empresa para «decirles que, o me lo rebajaban el precio, o devolvía el colchón. Y me han estado largas hasta que se terminó el plazo de prueba de 14 días», dice. La firma del contrato de financiación con Cofidis ha hecho el resto, es decir, el cobro de 68 euros cada mes.

Ni las llamadas telefónicas reiteradas, que llegó a hacer también su hija, tuvieron efecto. Pero fue una queja para la devolución que no quedó ahí. «Me dijeron que se llevaban el colchón viejo, y vinieron a por él. Sin embargo, el repartidor me dijo que ese trabajo no estaba incluido, así que le tuve que dar la propina por bajarlo. Y claro, mi sorpresa fue cuando por la noche me asomé al balcón y ví que lo había dejado junto al contenedor de mi casa». Un estupor para una vecina del barrio de Delicias acostumbrada al orden.

Y enfurecida, Paulina volvió a llamar otra vez. Para apaciguar su desasosiego, la empresa le regaló una segunda paletilla de jamón, comprometiéndose a revisar el precio o la devolución del producto. «Y hasta la fecha», se lamenta.

La turmalina y sus efectos

La empresa Salud, Vida y Conocimiento busca a sus clientes, principalmente, de edad mayor y con problemas para el descanso, mediante campañas que realiza en distintas provincias españolas.

«Se les ofrece las cualidades del producto que se vende, y en el caso del colchón se trata del material con el que está fabricado, la turmalina, que produce efectos beneficiosos para la salud, como así está demostrado por la Universidad de Valencia», señala Luis Maestre, abogado de esta empresa.

La publicidad y catálogos que entregaron a Paulina, y que se difunden en televisión con comentarios de conocidos médicos, recogen que la «turmalina es fuente natural de energía. Previene la ansiedad, el insomnio y la fatiga. Despeja la mente y favorece una mayor relajación».

Pero, ¿qué producto es?

Se trata de un mineral formado por silicato de aluminio con ácido bórico, magnesio, cal, óxido de hierro y otras sustancias en proporciones pequeñas. En origen, tiene un color generalmente negro o pardo. Algunos científicos lo consideran un aliado del descanso, ya que desprende iones que benefician el ambiente. Su extracción se realiza en India, Kenia, Madagascar, Mozambique, Namibia, Nepal, Brasil o Australia.

Desde la empresa Salud, Vida y Conocimiento, que comercializa el colchón, se indicó que todas gestiones comerciales que realizan están dentro de la legalidad vigente.

«Los productos que vendemos están totalmente certificados por la Universidad Politécnica de Valencia», insistió Luis Maestre, abogado de la mercantil, que sostiene que «el precio se fija en función de la libre competencia, y quien lo adquiere lo compra por voluntad propia».

Respecto a la reclamación en la Oficina de Consumo de Valladolid, la empresa dice no tener constancia de la misma, pero que cuando llegan este tipo de quejas se atienden todas.

«Hemos tenido casos en los que se ha procedido a la devolución del dinero y la retirada del producto. Nosotros valoramos cada caso, y en la empresa vemos que si está dentro del plazo el envío del burofax que marca la ley, se le anula la venta». Aunque la compañía añade que muchas veces, con una llamada telefónica, es suficiente para proceder a la devolución. Según Paulina, las llamadas fueron reiteradas.

 

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