Villalar, 1979. Cuando el tiempo parece detenido

Reol Tejada, entonces presidente del Consejo General de Castilla y León, en el Villalar de 1979./
Reol Tejada, entonces presidente del Consejo General de Castilla y León, en el Villalar de 1979.

La lucha contra la despoblación, la denuncia de los desequilibrios territoriales, la apuesta por el progreso y por frenar la salida de jóvenes de la región fueron los pilares del discurso de Juan Manuel Reol Tejada hace cuarenta años

Enrique Berzal
ENRIQUE BERZALValladolid

Lucha contra la despoblación, denuncia de los desequilibrios territoriales y de la injusta distribución de la riqueza, que siempre margina a las regiones más pobres, apuesta por el progreso y por frenar la continua salida de Castilla y León de jóvenes, riquezas y materias primas, lamento unánime por la falta de sentimiento regionalista... No es un discurso político de cara a las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo. Como si de un déjà vu se tratara, todo eso pudo escucharse en la campa de Villalar de los Comuneros hace ahora 40 años, concretamente el domingo 29 de abril de 1979.

Aunque las circunstancias políticas eran bien distintas, no en vano el objetivo prioritario del Consejo General de Castilla y León, presidido por el militante de UCD Juan Manuel Reol Tejada, era la consecución del Estatuto de Autonomía, buena parte del diagnóstico que hizo en su discurso nos suena, a día de hoy, bastante familiar.

Al igual que muchos de los más de 100.000 castellanos y leoneses congregados aquel día en Villalar, Reol y los demás miembros del Consejo General cifraban en la autonomía la resolución de los problemas más acuciantes de una región lastrada por la despoblación, el empobrecimiento, los desequilibrios territoriales y el injusto trato económico recibido por parte de los poderes centrales. Una situación de agonía y de lucha por la supervivencia que explicaba, además, la debilidad del sentimiento regionalista en estas tierras. En la información de aquel día, El Norte de Castilla reprodujo textualmente aquel discurso, tan actual en muchas de sus demandas a pesar del tiempo transcurrido:

«Castellanos y leoneses: El espíritu de Villalar, y la llamada de los Comuneros, nos han reunido un año más. Habéis venido no sólo de los confines de nuestra región, sino de otras regiones y países donde dejáis vuestro sudor y vuestra vida, porque en nuestra tierra no había horizonte ni posibilidades. Habéis venido, porque el espíritu y la llamada de Villalar y de los Comuneros es más actual que nunca.

Aquellos hombres, que protagonizaron la primera revolución moderna de la historia, no hacían sin embargo, otra cosa que defender una vieja tradición de libertades democráticas, patrimonio del pueblo castellano-leonés. Aquellos hombres de las comunidades y los fueros, no podían aceptar que un Estado centralista y prepotente aniquilara un modo de entender la convivencia ciudadana y el gobierno municipal, basados en usos de justicia y libertad, que por otra parte se efectuaba sin menoscabo de una evidente y necesaria articulación nacional, en el respeto a la Corona, símbolo de la unidad patria y el común quehacer.

En 1979, una España constitucionalmente estructurada como un Estado de autonomías, dispone del marco jurídico en que es posible el libre desarrollo de la personalidad de sus pueblos, en un pluralismo solidario que configura una patria común. En este espíritu renovado de Villalar, queremos construir el futuro de nuestro pueblo castellano-leonés. Este año vamos a poner Villalar bajo el signo del Estatuto.

¡Castilla y León, por su Estatuto de Autonomía!

Quisiera, sin embargo, antes de hablar del Estatuto, hacer algunas precisiones. El Estatuto y la Autonomía no son el progreso social y el desarrollo; pero sí el instrumento más idóneo para alcanzarlos. Los desequilibrios regionales tienen que ser analizados desde una visión global y debemos adoptar inmediatas medidas y comportamientos que eviten nuestro incierto destino.

La autonomía es, para Castilla y León, no sólo un problema político, no sólo un problema económico: es fundamentalmente un problema de supervivencia como pueblo y como región.

La miseria física nos lleva al empobrecimiento intelectual; por eso cuando decimos que no hay en nuestra tierra sentimiento regionalista, debemos añadir que ello no es sólo por nuestro entendimiento universal de la Historia Española, sino también, y principalmente, porque la despoblación y los bajos niveles de vida impiden que tengamos clara conciencia de la justicia de nuestras demandas. ¿Cómo puede adquirirse esa conciencia cuando la primera necesidad es subsistir, encontrar un lugar de trabajo y un sitio para vivir?

Exportamos hombres, capitales y materias primas. El flujo del ahorro castellano-leonés y nuestra energía se dirigen al triángulo del centralismo económico español: Madrid, Cataluña y el País Vasco. Hay que corregir inmediatamente ese panorama.

El INI tiene que invertir en nuestras tierras. La energía que nuestras térmicas, nucleares y agua, proporcionan, no puede costar lo mismo a pie de presa que en el lugar de destino superindustrializado. La concentración del poder político y económico no puede seguir haciéndose en los mismos lugares. La asignación de recursos tiene que ser reflejo de una política de redistribución de la riqueza nacional.

En una palabra: las regiones ricas no pueden seguir siéndolo cada vez más a costa de las más pobres.

Queremos, no sólo un estatuto para Castilla y León, sino para todos los pueblos de España, pero dentro de un marco de solidaridad, de equitativo reparto, de justicia.(…)

El estatuto castellanoleonés deberá ser instrumento y marco apropiado para:

Primero: Potenciar la vida de nuestras comunidades y Corporaciones Locales y Provinciales, unidas por un mismo sentimiento castellano-leonés y una profunda solidaridad regional.

Segundo: Ser cauce idóneo donde quepan con total holgura y autonomía las tres provincias que hoy no están con nosotros: Cantabria, León y Rioja.

Tercero: Garantizar la descentralización de los núcleos del poder económico y el político, de modo que se haga realidad, lo que repetidamente proclamamos. Esto es: que si el estatuto no es bueno para nuestras provincias y comarcas marginadas, no será un buen estatuto.

Porque en Castilla y León «nadie es más que nadie», la equidad debe ser el norte de nuestra autonomía».